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La caza

May 24, 2024 | 4 Comentarios

La caza es una de esas películas que dejaría puestas en un proyector mañana y tarde para echarles un vistazo de tanto en tanto mientras doy un sorbo a un Martini, un amigo fuma un cigarrillo en la terraza de mi casa o  llevo a cabo mis tareas habituales. Ante todo, porque lo considero un filme hipnótico. Un filme mágico por su capacidad de narrar con sutileza y frontalidad una historia brutal llena de recovecos y sinuosidades. Una historia clara y espontánea pero también, sí, misteriosa.

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Saura fue capaz de crear con muy pocos elementos un mundo. De levantar una catedral sin necesidad de adornarse. Su filme se expande al infinito gracias a su capacidad de aunar de modo mágico concreción y abstracción.

Por ejemplo, casi que podemos oler, palpar el sudor de los personajes. Desde el momento en que los vemos nos son sumamente familiares. Son una imagen de nuestros padres, cuñados, suegros, tíos. Son primos hermanos del tipo silencioso, con rostro cariacontecido, sentado a nuestro lado en un bar de carretera, que bebe una caña despacio mientras contempla un partido de fútbol. También sus diálogos son muy directos, pero debido al lugar en el que la acción se lleva a cabo (un inmenso secarral situado en los alrededores de Seseña) quedan como suspendidos en el vacío, provocando un efecto embriagador y difuso que contribuye decisivamente a imbuirnos de la desorientación interna de todos ellos.

Asimismo, los disparos (la pura cacería) contra los conejos son contundentes y secos pero, en medio de esos campos vacíos, aturden, destruyen el silencio y van creando un clímax de tensión al que contribuye la absorbente música de Luis de Pablos. No suena mucho pero es tan penetrante y obsesiva que pareciera que se escucha en todo momento.

En esencia, sí, los personajes son muy corpóreos (casi que podemos escuchar cómo el licor recorre su cuerpo o cómo hacen la digestión) pero como no existe ningún flash back sobre su pasado y lo que sabemos de ellos lo conocemos por alusiones, palabras perdidas, reproches y confusos recuerdos, se van difuminando como sombras. Contribuyendo a la abstracción que convierte a La caza en un filme mayor y que es responsable de que hoy en día sigamos viéndola con expectación.

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No me extraña por cierto que Sam Peckinpah quedara fascinado con el filme de Saura. Según parece, fue una influencia esencial a la hora de filmar Grupo salvaje. Otro filme en el que se conjugan de manera mágica concreción y abstracción. En el caso del director norteamericano de un modo mucho más violento y despiadado y en el caso de Saura de manera más leve y grácil, casi liviana. En Grupo salvaje, por ejemplo, tenemos muy claro desde el principio que la muerte y la sangre van a cabalgar los desiertos parajes mexicanos. La violencia está en primer plano. Y eso no ocurre en La caza, donde la violencia está en segundo plano. Más oculta y contenida. Acechante. Porque lo que prima es la depresión, el desencanto y la decepción. La caza, de hecho, es el relato de un fracaso y Grupo Salvaje un lienzo sobre el Apocalipsis y el infierno. La caza tiene algo de existencialismo satreano y Grupo Salvaje es directamente rock nihilista.

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Lo que aparece en pantalla en La caza es muy sugestivo pero aún más lo que no vemos. Podemos imaginar perfectamente a los tres viejos compañeros que protagonizan el filme haciéndose fotografías con el uniforme de combate y sus fusiles al hombro. Podemos imaginar sus gritos de alegría y abrazos al final del conflicto. Podemos imaginar sus borracheras los días posteriores a la conclusión de la Guerra Civil. Podemos imaginarlos (casi treinta años más jóvenes) brindando eufóricos y jurándose amistad por siempre. Podemos incluso imaginarlos en un deteriorado bar y cómo José (acompañado de una bella señorita) lidera un grupo de amigos en los que no han surgido todavía los rencores y las envidias.

Pero aún más importante, podemos imaginarnos cómo el paso del tiempo va difuminando su imagen de soldados victoriosos. Los va convirtiendo en hombres maduros y desconfiados. Un tanto huraños y desengañados. Podemos imaginarnos cómo el tiempo los va minando y, a medida que su vida se instala en la mediocridad y la rutina del trabajo, las deudas y las obligaciones cotidianas, de tanto en tanto, les vienen recuerdos de la Guerra Civil. Recuerdos del verdadero conflicto. Momentos en los que tuvieron que ser mezquinos, acabaron con la vida de otros hermanos españoles, sufrieron el rigor del hambre y aprendieron, a fuerza de golpes, la dureza de la vida. El ordeno y mando. Todo el despliegue de vano autoritarismo (y su consecuente servilismo) que contemplaremos en La caza. Un filme, vuelto a repetir, fantástico no sólo por lo que cuenta y cómo lo cuenta sino por lo que no cuenta y por qué no lo cuenta. Basta mencionar el añorado cuarto amigo al que el trío de cazadores se refieren en determinados momentos del filme.

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Se ha comentado hasta la extenuación que La caza es una metáfora de la Guerra Civil y del franquismo. Como todo gran filme, La caza se presta a múltiples interpretaciones. Aunque, en realidad, creo que su grandeza radica en que supera con creces ambas visiones.

La película se rodó durante el franquismo y, obviamente, es muy fácil detectar críticas veladas (y no tan veladas) al régimen. Pero, siendo importante, no es esto lo que más me interesa de La caza. Lo que me fascina de la película es que, siendo un retrato muy veraz de su época, una alucinante y despiadada metáfora generacional, es posible llevarla más allá. Básicamente, creo que La caza es una película que aprovecha la violencia interna de la España surgida tras la Guerra Civil para realizar un desencantado retrato del ser humano. Porque José (Ismael Merlo), Paco (Alfredo Mayo), y Luis (José María Prada) son un reflejo de muchos hombres de su edad de cualquier época y tiempo.

Yo mismo tengo amigos con los que es un lujo y un placer tomar una copa de tanto en tanto. Una verdadera alegría. Pero también tengo otros con los que a veces pesan más los silencios de lo que no se dijo cuando se tenía que decir y ciertas experiencias no del todo canalizadas que no permitirían que un fin de semana en el campo transcurriera con la normalidad deseada. Conozco unos cuantos amigos, sí, que, en caso de que tuvieran que pasar un fin de semana juntos, no acabarían del todo bien. Habría una sorda (y tal vez explícita) violencia entre ellos que no tiene tanto que ver con la Guerra Civil sino con la naturaleza contradictoria del ser humano y las decepciones y desengaños de la edad. Otra cosa es que a Saura, la Guerra Civil y el autoritarismo franquista le vengan de perlas para terminar la película como la termina. Con ese acceso de violencia que recuerda a los lienzos de Goya y se anticipa a ciertas películas norteamericanas, como es el caso de Deliverance.

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Quisiera aclarar un aspecto antes de terminar. Creo que la violencia de La caza no es tanto la de la Guerra Civil (que, por supuesto, que también) como la de Goya. Más que nada porque en la Guerra Civil, se enfrentan Caín y Abel (aunque sea  entremezclados) y aquí la batalla final se produce entre los vencedores (los abelitas). La violencia no es tanto entre dos facciones sino entre una. Siendo, por tanto, más ancestral y congénita. Esa violencia interna (por eso Peckinpah la tomó como referente) que anida en todo ser humano y si no la vence y domina, acaba apareciendo antes o  después.

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A Buñuel por cierto le encantó la película. No me extraña. Hay algo brutal y surrealista en este absoluto clásico cinematográfico. Tenía, eso sí, una sugerencia que hacerle a Saura. Le hubiera gustado que los conejos de la película no hubieran sido reales sino metálicos.No por ningún afán animalista sino porque creo que eso hubiera dejado claro al público en general que, en realidad, el filme no iba de la caza de conejos sino de la caza de fantasmas. Fantasmas internos.

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Otro fascinante aspecto de La caza radica en cómo Saura aborda el pasado y futuro de España (y el mundo) en su filme. Un filme que, en realidad, es casi una obra de teatro. Por un lado, hay continuos guiños a la ciencia ficción, las nuevas costumbres alcohólicas, el pop, la fotografía y las novedosas oportunidades de negocio para las clases dominantes. Y por otro, vemos a la España rural, la que cose a navajazos un animal, vive en la pobreza, depende económicamente de los señoritos, ha perdido su contacto con la civilización y habita un presente eterno, inmemorial en medio del que los pistoletazos de los fusiles son casi campanas que le recuerdan que no debe despertar de su letargo.

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Mientras estaba redactando este avería, descubro que alguien desea rodar una nueva versión de La caza. No he querido ni saber el director ni los productores ni los posibles actores. No seré yo, desde luego, quien arroje una llama de fuego contra todo aquel que se empeñe en realizar nuevas versiones de las grandes obras. Todo lo que sea revitalizarlas me parece bien. No obstante, observando la deriva de los tiempos actuales, tengo la impresión de que quien lo dirija, hará un filme ideologizado. Un contrasentido. Porque si por algo destaca el filme de Saura es por ir más allá del franquismo y de la Guerra Civil. Su mérito, de hecho, radica en que es una obra universal. Ni más ni menos. Una obra eternamente joven. Shalam

لا يمكن لأحد أن يقول أنني ملحد دون أن أفكر في الله.

Nadie puede decir soy ateo sin pensar en Dios

4 Comentarios

  1. Eduardo

    Impresionante avería, casi tanto como la película.
    Diana !!!

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    • Alejandro Hermosilla

      ¡¡¡Muchísimas gracias por tus palabras Eduardo!!!!

      Responder
  2. andresrosiquemoreno

    1imagen….hispania, tierra de conejos….(roma)
    2imagen….este principio arquitectonico es el mismo que se usa en la alhambra (patio de la acequia)…hay que sustituir sus elementos convenientemente y queda indudable….
    3iimagen…. caleidoscopio (muy sencillo, muy atractivo)….
    4imagen….es curioso pero los dos salvajes de los extremos llevan sus fusiles como se llevan los bebes..(azul baby color de la dictadura moda temporada 24-25)..sonrisa…
    5imagen…1gorra, 2sombreros y 1pañuelo con los 4 nudos (indicadores sociales en la epoca 1966)…
    6imagen….goya tbo, la pobreza continúa (…)….
    7imagen….otro caleidoscopio pero este de aceite (guapisimo, asombroso)…
    PD…https://www.youtube.com/watch?v=1rwgTiLKlpM…..
    botella de agua de zanahoria….

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    • Alejandro Hermosilla

      1) El comienzo del western rural. Hispanowestern. 2) El secarral del tío Paco. La virilidad del matorral. Aquí se harán cincuentas años después unas cuantas raves. Habrá toldos y bebidas para los asistentes. 3) Destaca casi más el sudor que el rifle. Pesa más el sudor a la hora de disparar. 4) Tengo la impresión de que estos señores no vienen en son de paz y de que además no son vegetarianos. Comen carne. 5) A Jose lo han vestido tal si fuera un cuñado lejano de Franco. La cosa es emular a los gobernantes. Las cacería de El Pardo. 6) «Al garrotazo, al garrotazo». La canción del verano de 1966. Un Georgi Dann bien joven. Jovenazo, como dicen en Dominicana. 7) La destrucción de la juventud. Aquí muere más el que los conejos. PD: la pluma que hace cosquillas durante el pulso. Seguro que Frank Zappa disfrutaría con estos dibujazos…. un disco de Franz llamado «Freakie tunes».

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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