Un grifo de agua
Cada uno de los grandes cineastas utiliza lógicamente la música y el sonido de distinta forma. En los filmes de Ingmar Bergman tengo siempre la...
Manuel Vilas captó perfectamente la enormidad del alma de Cash en el cuento que abría Aire nuestro. En aquella narración se percibía con claridad tanto la grotesca como la grandiosa humanidad de esta especie de chamán empeñado en salvar a la humanidad con sus conciertos.
Cualquier otro rockero hubiera caído en el ridículo por atreverse a realizar una aventura como la que emprendió Cash en The Gospel road. Sin embargo, contemplarlo hablar de Jesús en una montaña de Galilea o escuchar sus palabras entre imágenes del Valle del Jordán o la ruinas de Cafarnaúm, agrandó si cabe aún más su aura. De hecho, lo hacía más querible y lo recubría de dignidad. No quiero ni pensar qué hubiera ocurrido si Robert Plant, Roger Dailtrey o Mick Jagger se hubieran puesto, a mitad de los 70, a grabar documentales religiosos. Pero no es difícil imaginarse tanto las risas del público como la sensación de ridículo y estupor que hubieran causado y hubiera predominado a su alrededor. Sin embargo, con Cash no sucedió esto. Cuanto más hablaba Cash de Jesús, más convincente sonaba. Cuanto más abrazaba su fe, más respeto lograba conferir a su persona. Puesto que se sentía que todos los sufrimientos y goces que había experimentado a lo largo de su vida tenían como foco central transmitir amor a sus semejantes y, sobre todo, a los más necesitados. Se percibía claramente que su pasión por el góspel no era meramente estética sino absolutamente vital. Tan grande que incluso el mismísimo Kris Kristoferson no pudo contenerse ante su desbordante entusiasmo y pasión (realizó una contenida y sentida versión de «Burden of freedom») y se unió momentáneamente a una causa que fue recibida con gran agrado y entusiasmo por miles de presos a lo largo de toda Norteamérica.
Hace varios días coloqué en avería un hermoso fragmento de la biografía de Cash donde se refería a la muerte de su hermano Jack. Un acontecimiento esencial en su vida. Soy de hecho de los que piensan que si no hubiera fallecido, Cash no hubiera caído en las drogas. Pero también soy consciente de que ese inmenso golpe le convirtió en un ser humano más débil y, al mismo tiempo, más grande. No me resisto a cerrar este avería sin citar unos cuantos párrafos de la conmovedora anécdota con la que el hombre de negro concluye su testimonio vital. Ahí la dejo no sin antes poner en contexto al lector.
1ºimagen: estoy aqui y me acerco…sigo intentándolo…………
2ºimagen:estoy seguro de lo que quiero……….
3ºimagen: cash parece vivir con: ¿como me quito el sentimiento de culpa?…….y ¿la culpa que me asigna mi padre?………………..
4ºimagen: el comienzo (ya soy componente del grupo)……………
PD: no soy nada catolico….pero el «hombrezaso» del campo me gusta…….»the predicator»…su timbre de voz es muy «querible» y «creible»…………….
Buenas las frases sobre las cuatro imágenes. No queda dudas de que este señor llevaba la palabra de Dios a sus alforjas y esto en vez de hacerlo un pesado, lo hacía más respetable y querible. Porque Cash sólo había uno. Y su fuerza de convicción era absolutamente única.