Guerreros del sueño
Es bien conocida la anécdota de cómo se le ocurrió a Wes Craven la idea de Pesadilla en Elm Street. Leyendo el Los Angeles Times, conoció varios...
Ciertamente, en los filmes de krzysztof kieslowski la música es mágica. Un cofre secreto del que surgen constantemente voces angélicas. Aunque su gran mérito consiste en que en muchas ocasiones no soy capaz de percibir el milagroso resplandor que emite. Creo estar escuchando una sinfonía notable, sí, pero no celeste hasta que de repente percibo unas notas, unos compases y siento que estoy volando por las alturas. Que la tierra se ha convertido en el cielo y cualquier gesto y acto tiene un simbolismo espiritual y religioso. Una enorme trascendencia. Lars Von Trier al contrario, avasalla al espectador de sus filmes. Le obliga como todo megalómano a sentir exactamente lo que él desea que sienta. A escuchar un tema o una melodía justo como él quiere que sea escuchada. Es un dictador creativo. Se impone y no sugiere. Comanda la banda sonora de sus filmes como si estuviera dirigiendo un ejército. Conquistando una ciudad de Occidente.
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