
El bebé
La verdad es que no tengo mucho que decir sobre La semilla del diablo. Por supuesto, la considero una obra maestra. Una de las imprescindibles. Uno de esos escasos filmes que rompen la pantalla, crean un subgénero, abren grietas y logran crear un trasvase entre ficción y realidad. Un inquietante, muy inquietante trasvase en este caso.
De lo que sí puedo tal vez hablar es de las impresiones que tuve la última vez que la vi. En este caso, lo hice tras leer la novela de Ira Levin en la que Polanski se basó para escribir el guión. Esto me dejó claro algún que otro aspecto que me parece reseñable. Sobre todo, el papel que juega Hutch en la vida de Rosemary. El vínculo que los une.
En el filme de Polanski no sabemos nada apenas de Hutch. Eso no es un demérito de Polanski. Todo lo contrario. Puesto que contribuye al halo de misterio que rodea las imágenes. Un halo de misterio y ambigüedad que envuelve incluso a los personajes más bondadosos como es el caso del amigo y consejero de Rosemary. El único verdaderamente preocupado por su salud mental y física. Pero obviamente, cualquier amante del film desea saber más. En el libro encontramos las respuestas.

Ira Levin nos informa que Rosemary llegó a Nueva York en 1962. Allí alquiló un piso en la avenida Lexington junto a otras tres muchachas. Su vecino era Edward Hutchins. Nuestro Hutch. Un escritor de novelas de aventuras de 54 años que tomó pronto cariño a las chicas. Velaba por su seguridad y siempre les echaba una mano cuando lo necesitaban. Con Rosemary estableció una relación especial. No llegó a ser un padre pero sí una especie de tutor. Resolvía, por ejemplo, las dudas existenciales y religiosas de la muchacha y le aconsejó incluso apuntarse a un curso de filosofía.
Guy (el marido de Rosemary, John Casavettes en el filme) lo respeta o más bien lo tolera porque Hutch tiene una relación epistolar con un dramaturgo, (Terence Rattigan), y teniendo en cuenta sus ambiciones artísticas le conviene mantener el vínculo.
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Otro dato que no nos da Polanski sobre Rosemary pero sí Ira Levin en su novela tiene que ver con su familia.
Ella es la menor de seis hermanos. Los cinco se han casado y viven cerca de sus padres. Sin embargo, Rosemary decide mudarse a Nueva York, convirtiéndose en la oveja negra. La hija descarriada. Ninguno de sus padres ve con buenos ojos su partida y sólo tiene el apoyo de uno de sus hermanos. Lo que en cierto modo explicaría por qué no recurre a ellos en medio del maremoto emocional que vivirá. Una explicación, añado yo, que tampoco nos importa demasiado teniendo en cuenta la sutileza con la que Polanski despliega las piezas en su filme.
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Los sueños que aparecen en el filme son de las escenas que más me gustan del mismo. En su momento, hace décadas, no les presté mucha atención. Pero ahora me parecen realmente sugestivos, logrados. Angustiosos y oníricos. Son una lograda combinación de las pinturas de Dalí y de algunas de las imágenes oníricas filmadas por Buñuel, Kenneth Anger o Bergman. Aunque sería injusto con Polanski si no le atribuyera gran parte de los méritos de unas secuencias que provocan extrañeza. Descolocan y, al mismo tiempo, son turbias. Son de un realismo que impresiona porque es perverso. Es un realismo originado desde el más allá que invoca la psique de Rosemary y la posesión que sufre.
Maravilloso por cierto el momento en el que la cama se convierte en una balsa flotando en el mar. Un mar azul en que late la oscuridad. La indefinición.
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Otro aspecto destacable en el libro es la fecha en la que los hechos tienen lugar. Ira Levin lo publicó en 1967. La acción transcurre sin embargo entre 1965 y 1966. Si no me equivoco la idea era que el niño de Rosemary naciera el 6 del 6 de 1966 por razones obvias.
¡Es difícil no ironizar a este respecto! ¡El hijo del diablo naciendo en plena era hippie, pocos años antes del verano del amor! Lo cierto es que tiene todo su sentido. El amor hippie no era precisamente el cristiano. Tampoco el libertario ni el anarquista. El amor hippie, en gran medida, era un ataque a los valores cristianos. Justo aquellos que combate el satanismo.
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Son bastante conocidas las tensiones que hubo en el rodaje entre Cassavetes y Polanski. Así que no sé si es necesario incidir en ellas. Cassavetes no estaba acostumbrado a rodar bajo los rígidas órdenes de un director. Con todo planificado. Le gustaba disponer de libertad. Romper las reglas. Esto era posible en algún caso pero no en muchas ocasiones porque Polanski necesitaba tenerlo todo bien encauzado para lograr generar la sensación de ambigüedad que deseaba transmitir. Cassavetes no podía, desde luego, ponerse a bailar ni a cantar rompiendo la cuarta pantalla como en Husbands. Y para más inri, Polanski repetía las tomas una y otra vez. No se cansaba nunca de repetir buscando nuevos matices, detalles, un realismo que, vistos los resultados, logró obtener.
Por supuesto, esta actitud provocó más de un encontronazo entre el director y el actor. Si nos fijamos, a Cassavetes no se le ve cómodo en el filme. A veces parece mirar a su alrededor mostrando su descontento. No obstante, Polanski supo disimular perfectamente esta desafección. Porque precisamente el personaje que debía interpretar Cassavetes era un tipo que estaba engañando a su mujer, se había entregado al mal y no podía transmitir paz ni sentirse bien. Así que, finalmente, Polanski logró extraer lo mejor de Cassavetes sin que él contribuyera totalmente al resultado.
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También son célebres la tensiones de Mia Farrow con su marido de aquel entonces. Ni más ni menos que Frank Sinatra. A estas alturas, no queda un secreto por revelarse de la relación entre la hija de la mujer de Tarzán (Maureen O’Sullivan) y La Voz. Cualquiera puede conocer las intimidades y conflictos de la pareja con un mero rastreo en internet.
Mia se dejó la piel en La semilla del diablo. Apostó completamente por el filme. Algo que sentó muy mal a Sinatra. Las llamadas entre ambos comenzaron a espaciarse. Y sin avisar, el abogado de Frank se presentó en el rodaje y le entregó un sobre marrón con los papeles del divorcio. Lógicamente, Mia quedó desconsolada. Completamente rota. Pero para Polanski esto no fue un obstáculo en absoluto. Al contrario, aprovechó la tristeza de Mia para profundizar en el extravío y dolor de su personaje.
Si por Polanski hubiera sido, lo ideal habría sido que Farrow se divorciara una vez por semana. Otro ejemplo de cómo los grandes artistas son capaces de revertir las circunstancias negativas en su favor.
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Mentiría si dijera que todo me ha convencido de la película. Cuando la vi por primera vez, hace tres o cuatro décadas, no me fijé en el tono caricaturesco (más bien grotesco) del matrimonio Castevet. Los dos actores, (Sidney Blackmer y Ruth Gordon) interpretan muy bien sus papeles. A la perfección. No me ha gustado sin embargo lo sobreactuados que en algún caso están. Algo de lo que responsabilizo a Polanski.
Minnie Castevet concretamente llega a dar asco. Esto no lo digo como un defecto. De hecho, que produzca repulsa es importante. Está justificado dado el papel que realiza. Además, su extravagancia conecta con la de diversos personajes de otros filmes de Polanski. Pero sinceramente, creo que si el director polaco hubiera sido más templado y le hubiera ordenado ser más fría, su personaje habría ganado en ambigüedad. Una de las grandes virtudes de este conjuro cinematográfico sólo comparable con los sutiles filmes de Jacques Torneur. Una obra turbia y malsana que podría pasar perfectamente por ser real. Shalam
من لا يتمتع بسمعة يدافع عنها فهو أكثرحرية ممن يتمتع به
Es más libre quien no tiene una reputación que defender que quien la tiene





1imagen…gran gran gran idea lo que hace mauricio catelan con ella es prenderle fuego sin embargo polansky acuesta en el carricoche la cabeza de mia farrow dandole significado al cartel de la pelicula….gran gran gran idea de pareidolia de raul quinto en la cancion de noaf4…..
2imagen….este jarabe te quitara el mal uhmmmmmmmmm
3imagen…sin zapatos se ha dejado la vida (no se sabe por que es fan de winston churchill)….
4imagen….contestale anda contestale…..
5imagen….en 1968 y en 2025 no hubiera estado mal contestar africa embarcada……..
6imagen…entre juego y juego me compro un guatine…sonrisa…
7imagen….30 años menos que sinatra….ahora le ha dado por sacarlas de la cuna (dean martin)….
8imagen….ay pepita pepita de mallorca abreme la puerta abreme la puerta…..el ojo de pez de la mirilla es psicodelico a todo poder.
PD…un demonio emplumado….a huevo…666…1966….
https://www.youtube.com/watch?v=fXnQp8EJEvE…..rolling stones …..havanna moon…
1) Garra de buitre amenazante surgiendo en el horizonte. 2) Netsle. Jarabe y yogurth para niños. Eso mismo tomará nuestro hijo. 3) Le encantas las historias de Hercules Poirot. Le gustaría haber conocido a Conan Doyle. Detesta los cuentos de Lovecraft. 4) Dos lobos y una oveja. 5) Un sueño que aparece en cualquier filme de Kenneth Anger. 6) Esa bata la tenía mi madre. Parecida. Supongo que sería la bata de moda en los 60. Décadas después parecía una bata de otro siglo. El caso es que lo era. Era de otro siglo. ja 7) Hay algo en ella en esta foto que recuerda a Sinatra. Dicen que las parejas repiten gestos. Este gesto es un poco de Frank. Polanski a lo suyo. 8) Inglesa de Marbella quejándose por los ruidos de una fiesta. Y encima estos jóvenes toman Calimocho, piensa. PD: a huevo también. https://www.youtube.com/watch?v=SQfUy5628PI