Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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El Dr Muerte transmitía potencia, soberanía, dolor y crueldad. Su aspecto hacía pensar en indómitas enfermedades como la plaga, la peste o el cólera. Era un símbolo del mal eterno. Un hombre misterioso que escondía una dolorosa historia, dotado de tan intenso magnetismo que llegó incluso a poseer su mini serie hace varias décadas junto a Ka-zar. Algo inconcebible para un villano. Pero comprensible teniendo en cuenta sus características. Pues su biografía era digna de novela de Bram Stoker. Había amado a una muchacha en su juventud a la que había debido olvidar a la fuerza para convertirse en quien deseaba ser. Poseía conocimientos de magia negra, era un genio de la ciencia y la ingeniería y, tras haberse exiliado y haber conocido los mejores centros científicos norteamericanos y las montañas budistas, había regresado para ser rey de su patria, Latveria, situada en los Alpes bávaros. Una nación de corte medieval cuyos súbditos se encontraban satisfechos con su dictadura puesto que, a pesar de su congénita maldad, velaba por su pueblo. Algo que tenía muy claro que debía hacer para demostrar su inteligencia y saber hacer. Su capacidad de convertirse en el señor del mundo.
A pesar de que se le han dedicado valiosas mini series ( véase Books of Doom de Ed Brubaker) y cientos de historias en las que su aura ha ido creciendo incesantemente, el Dr. Muerte aún no ha sido tratado como debiera. Porque en realidad, es un personaje operístico. Una gárgola gigante que merece una novela y una sinfonía en su honor. Estoy seguro por ejemplo de que Franz List hubiera compuesto unos temas de piano mágicos llenos de profundas resonancias hacia su figura. Y que Anton Bruckner podría haber trazado fragmentos orquestales en su memoria realmente escalofriantes. Dignos de ser escuchados bajo la sombra de un castillo o el desfiladero de una colina desde la que se contemplasen interminables anocheceres. Y no quiero pensar qué hubiera podido hacer Richard Wagner con su figura. Si por una de esas jocosas tretas del destino hubiera conocido al personaje y le hubiera consagrado una ópera que imagino enmarcada por monumentales violines y un solo título: Latveria.
En realidad, el Dr. Muerte tiene tal poder de seducción que no puedo evitar preguntarme por qué es necesario que luche constantemente contra héroes. Sino sería mejor realizar una serie introspectiva centrada tan sólo en sus pensamientos internos. Pues cada una de sus reflexiones es una tormenta, su mirada un trueno y su vida en general una tempestad tan grande que es inevitable no sentir una atracción inmensa por penetrar en su negro corazón y conocer de qué material se encuentra forjada un alma tan oscura y grande que ha trascendido el propio mal. Es aún la justificación para que Los 4 fantásticos sigan existiendo. Y una explicación muy clara de que el odio es muchas veces más interesante que el amor. Puede en ocasiones ser la fuerza suprema la existencia. La justificación absoluta de una vida. Shalam
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