Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
Contenido relacionado
Videoaverías
Averías populares
Esto, repito, es lo que me fascina de la música aleatoria y electroacústica. Que cuando empieza a sonar un disco, abro una puerta. Comienzo un viaje que no sé (ni recuerdo) hacia dónde me llevará ni, desde luego, cómo finalizará. Desconozco si me hará pasearme por otros siglos, recordar mi infancia, convertirme en un animal o correr a lo largo de una enorme mansión asustado por el constante crujir del techo. O si tendré los ojos de una lagartija pegados a los míos durante varios minutos y una mano acariciará mi cuello levemente mientras camino por un túnel.
Poco sé de la obra Cuenca de Eduardo Polonio (apenas que fue compuesta o grabada en la ciudad manchega) y eso no me impide disfrutarla en absoluto. Al contrario, diría que es precisamente mi desconocimiento de sus intenciones, lo que me hace adentrarme en ella profundamente. Con mayor pureza. Abierto a lo que venga y, sobre todo, a dejar fluir el cerebro al ritmo del sonido, el aire que respiro e incluso a lo que acontece a mi alrededor conforme voy penetrando en ella. ¿Qué interpretación le doy? Ummm, más bien, la pregunta correcta sería a cuál de todas mis interpretaciones y visiones me gustaría referirme hoy.
Lo primero que pienso es que Cuenca es una obra que habla en clave privada e íntima del estado de bienestar. De la socialdemocracia. Una inmersión en un inmenso placebo que crea cierta ilusión de protección sentimental pero, que conforme el tiempo transcurre y la atonal, casi inexistente melodía se desarrolla, se transforma en un espacio y experiencia inquietante. Cada vez más deformada. Hasta que asistimos perplejos a cómo, a medida que los sonidos se tornan oscuros y duros y se abren nuevas rendijas sonoras, la ilusión de paz y comodidad, de seguridad, se revela falsa. Comienza a resquebrajarse, según las notas musicales se endurecen y chillan, cayendo como gotas de agua sobre tuberías que son representaciones de nuestras esperanzas e ilusiones. Superficies techadas que se abollan con la misma facilidad con la que lo ha hecho recientemente nuestra idea de bienestar o democracia. La seguridad de las pensiones, el dinero en el banco, o la libertad de expresión.
0 comentarios