La resurrección de Quetzalcoatl
En Lejos de Veracruz, el personaje que protagonizaba la novela de Enrique Vila-Matas afirmaba que nunca hubo un viaje igual al referirse a la...
Conan representaba el valor de la espada en tiempos de metralletas y bombas. Encarnaba la pasión en un mundo cada vez más racional y paradójicamente, más alocado y destructivo. Era un lienzo que primaba el valor, el coraje y la perspicacia a medida que las sociedades se llenaban de burócratas, funcionarios y edificios que ocultaban los cielos y separaban a los hombres de los astros.
Quienes no son fans del personaje, probablemente lo conozcan por las adaptaciones cinematográficas que se han hecho de él. Pero, sin dudas, el arte que lo convirtió en una leyenda fue el cómic. El guionista Roy Thomas leyó muy atentamente las escasas historias escritas por Robert E. Howard. Pero no sólo se conformó con ilustrarlas sino que fue capaz de llenar los huecos temporales que había entre este primer conjunto de narraciones con nuevas peripecias y gracias a la ayuda de los soberbios dibujantes Barry Windsor-Smith y John Buscema llevó el personaje a otra dimensión sin substraerle ninguno de sus rasgos clásicos. Haciendo de Conan un icono de la cultura popular. Un guerrero que permite explicar la Norteamérica del siglo XX al ser, en muchos sentidos, comparable a los furiosos protagonistas del western o a esos policías y gansters que poblaban el cine de su época y se veían obligados a saltarse la ley constantemente para conseguir sobrevivir.
Una de las grandezas de Conan radicaba en que, a pesar de su aparente rudeza, escondía misterios personales. Gozaba de una sagaz inteligencia y era capaz de evocar distintas emociones sin traicionar su aparente brutalidad. Conan podía ser muy humano y muy salvaje pero nunca se quedaba a medias. O abrazaba como el más fogoso amante o mordía como el lobo más furioso. Siendo, en definitiva, lo contrario del ser ambiguo que habitaba la ciudad moderna.
Leer un cómic de Conan, en cualquier caso, es casi siempre una experiencia llena de vitalidad desbordante porque el personaje es un antídoto contra el suicidio. Una apuesta por la lucha infinita. Es el héroe del heavy metal. Un hombre fuera de toda moda y tiempo que está dispuesto a morir antes de dejar caer el estandarte que lleva en las manos, pero no dudará en desprenderse de él si así se asegura la muerte de sus enemigos.
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