Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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En cierto modo, Redon anticipó tanto el surrealismo como el expresionismo. Sus lienzos son una mezcla de ambos estilos con grandes dosis de tonalidades impresionistas. Y por ello no se encontraba tan interesado con la experimentación del color como Monet o Cezanne. De hecho, la disolución y amplificación de los pigmentos y tonalidades de sus lienzos no nos hablan tanto de una experimentación como de cierta fascinación por el ocaso. Gran parte de su obra es desde luego una salutación de la decadencia. Del hastío frente a las ilusiones modernas. Las viejas utopías y las modernas. La contemplación diletante e impotente de un mundo que se va y el advenimiento de uno nuevo que traería consigo nuevas realidades aterradoras que interpretar y con las que convivir.
Un importante aspecto de la obra de Redon radica en que sus monstruos no son tanto amenazadores como nostálgicos. Son engendros tristes que no remiten tanto a enemigos de la humanidad sino a los propios seres humanos. Sus monstruos somos nosotros. No es un hecho que el pintor afirme y se encargue de recalcar continuamente pero sí que está expresado con claridad y sutileza. Con sibilina consistencia. Kafka por ejemplo ya se encuentra en Redon. La metamorfosis es un relato que podría ser ilustrado perfectamente con unos cuantos de sus retratos. Efigies y visiones que en el fondo hablan de la descomposición del mundo. De la destrucción del cielo y el infierno, de cualquier idea sólida, y del advenimiento de la soledad absoluta.
Las criaturas de Redon no producen miedo. Tal vez únicamente cierta aversión. Lo que provocan es tristeza. Puede incluso que desconsuelo. Porque no se encuentran arraigadas a ninguna parte. No viven en El limbo sino en medio de una naturaleza parecida a una caja de metal. A una opresiva jaula. No son libres para asustarnos. Tan sólo lo son para lamentarse y llorar. Por más que sus quejidos no son escuchados por nadie y se dirigen hacia ninguna parte.
Redon es considerado en la pintura moderna lo que Rimbaud y Baudelaire a la poesía. Fue un hijo bastardo de Delacroix cuya intensa oscuridad sedujo a Joris-Karl Huysmans que lo citó en su imprescindible Á rebours. Pero yo más bien lo siento contemporáneo nuestro. Más cerca de Lucian Freud e incluso de Francis Bacon que de los nocturnos pintores del siglo XIX. Básicamente, porque su obra no es un ataque al mundo moderno. Es una consecuencia y constatación de su decadencia. Y en ella además se encuentra omitido y rasgado todo ese simbolismo que caracterizaba las creaciones de William Blake.
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