Un mundo onírico
Dejo a continuación la séptima parte de la entrevista que me realizó Gorri, el hombre de la chistera, para su canal hace varios meses en mi casa....
Realmente, imagino una cárcel donde la mayor parte del tiempo no pudiera usar el teléfono ni ver la televisión y pudiera disponer de tiempo para leer y socializar con los otros presos y creo que podría soportarlo perfectamente. Casi que me conformaría con esa vida. Mirar el mar a lo lejos desde una ventana. Leer los clásicos de otros siglos una y otra vez sin tener por qué estar pendiente de las novedades o el consumo. Tal vez escribir un avería cada varios meses. Agradecer una comida simple y bien hecha. Conocer algún recluso y entablar una fuerte amistad con él a base de pocas palabras. Y en esencia, prepararme para mi muerte y olvidar la comedia cotidiana. No es mal panorama. Sobre todo, pensando que tal vez podría guardar silencio durante semanas y nadie me preguntaría por qué ni se entrometería demasiado en mi intimidad. Estaría yo solo, preso (pero libre internamente), frente al mundo y la farsa habitual habría terminado. Todos me considerarían un fracasado o un perdedor y podría yo así -más allá de los rituales cotidianos carcelarios- consagrarme por entero a mi ser. Shalam
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