El año de la siembra: 2013
No sé si sirve de mucho pero haré un pequeño recuento del 2013. Un año en el que finalicé al fin -creo que con buenos resultados- un ensayo...
Realmente, imagino una cárcel donde la mayor parte del tiempo no pudiera usar el teléfono ni ver la televisión y pudiera disponer de tiempo para leer y socializar con los otros presos y creo que podría soportarlo perfectamente. Casi que me conformaría con esa vida. Mirar el mar a lo lejos desde una ventana. Leer los clásicos de otros siglos una y otra vez sin tener por qué estar pendiente de las novedades o el consumo. Tal vez escribir un avería cada varios meses. Agradecer una comida simple y bien hecha. Conocer algún recluso y entablar una fuerte amistad con él a base de pocas palabras. Y en esencia, prepararme para mi muerte y olvidar la comedia cotidiana. No es mal panorama. Sobre todo, pensando que tal vez podría guardar silencio durante semanas y nadie me preguntaría por qué ni se entrometería demasiado en mi intimidad. Estaría yo solo, preso (pero libre internamente), frente al mundo y la farsa habitual habría terminado. Todos me considerarían un fracasado o un perdedor y podría yo así -más allá de los rituales cotidianos carcelarios- consagrarme por entero a mi ser. Shalam
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