Zdzislaw Beksinski: el insecto muerto
Probablemente, uno de los primeros adjetivos que acuden a la mente cuando se observan los lienzos del pintor polaco Zdzislaw Beksinski sea el de...
Esto último queda claro echando un vistazo a los colores de sus lienzos. Los negros, por ejemplo, no son cortantes ni agresivos sino sugerentes. Una invitación a la fantasía. Una insinuación. Y sólo, a veces, también una amenaza, pero de la misma naturaleza inquietante que puede serlo una tormenta o una pesadilla nocturna.
Fracken concibe la brujería como otro más de los iconos barrocos. Una disciplina que explica su época: el caos, el mundo del revés, la iconoclastia, las guerras fratricidas europeas y las atronadoras, soprendentes noticias procedentes de América. Sin embargo, su mirada no acusa ni culpabiliza de estos hechos a las hechiceras. Más que culpables, la considera consecuencia del terremoto barroco del que participan de su carácter jocoso, corrosivo y desmitificador. De hecho, la brujería aparece en los lienzos de Fracken casi como un trasnochado recuerdo de las alegorías medievales. Y brilla en ellos porque eran las supercherías y las indagaciones irracionales las que gobernaban la psique de Occidente dado que, en su época, la religión se encontraba en crisis. Era la responsable de cientos de guerras, debates y revueltas estériles y la ciencia aun no la había suplantado.
En los lienzos de Fracken se escucha música porque la mirada con la que han sido compuestos, es abierta, seductora y sensorial. Sus lienzos se encuentran a medio camino entre las diabólicas alegorías de El Bosco, los futuros frescos románticos, las tragedias de Goethe y la explosión operística. Muchas veces los espectadores sentimos que podríamos acceder a la escena allí retratada con toda naturalidad y escuchar las voces y conjuros de algunos de sus delirantes protagonistas.
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