Hijo de la luna
Mike Patton no canta sino que aúlla y no graba discos sino que toma riesgos. De hecho, no parece estar en el negocio musical sino en el artístico....
En realidad, Hayes era, sí, muy sexual pero no era chusco en absoluto. Era un seductor que intentaba desnudar a las mujeres con su voz. Entonaba las canciones a su oído y no tenía prisa en conducirlas al orgasmo. Prefería de hecho hacer su trabajo lentamente; como una apisonadora. En muy escasas ocasiones, sus canciones remitían a conflictos sociales y políticos. Ser negro y superventas era en sí mismo toda una declaración de intenciones a principios de los 70. Una prueba máxima de libertad. Así que Hayes se dedicaba a fusionar su líbido con su espíritu y a consagrarse en cuerpo y alma a entonar melodías y rehacer composiciones que, en la medida en que le hacían conectar profunda e íntimamente con la mujer que tenía en mente cuando las interpretaba, le permitían establecer plena comunicación con el resto de mortales.
Si existe un disco de Isaac que puedo escuchar a todas hora del días ese es Hot Buttered Soul. Una inenarrable maravilla, una batidora metafísica y callejera, que creo que podría llegar a gustar a los fans de Pink Floyd porque Hayes logró amalgamar allí las improvisaciones hippies que desembocarían en el rock progresivo con el soul clásico y el funk. Aunó la cultura de club y la arritmia del Bebop con una chulería y potencia inusuales que convirtieron aquella histórica grabación en un preludio de la futura música disco.
Isaac Hayes no era un músico. Era el puto amo de la música negra. Y es por ello necesario bucear en su discografía para precisar mejor el trasvase de influencias y las íntimas conexiones que existen entre las salvajadas rockeras realizadas por Jimi Hendrix, las excursiones místicas y rítmicas de Parliament o Funkadelic y los singles vacilones producidos por Giorgio Moroder junto a los artistas negros llamados a convertir la noche de los sábados en una fiesta de luces multicolor. Ciertas partes de una banda sonora como Shaft no se explican desde luego sin tener en cuenta el hippismo como tampoco sin las ganas de alcanzar un status social mayor y de paso ir a mover el esqueleto en los salones y pistas de baile de los integrantes de una de las razas más castigadas de la historia en un momento -la década de los 70 del pasado siglo- en el que parecía que al fin sus reivindicaciones eran escuchadas. Y por si fuera poco, además, habían encontrado un género cinematográfico a través del que expresarse plenamente, como es el caso de la blaxploitation.
Cuando escucho a Isaac Hayes, pienso inmediatamente en camas y hoteles. Habitaciones llenas de cristales, colchones de agua y sensuales baños. También por supuesto en cuerpos uniéndose. Y eso sólo puede ser bueno. Shalam
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