Los dos mundos
Hoy paseaba por la playa, frente a la hilera acostumbrada de trajes de baño, surfistas y rayos de sol, y no he podido evitar hacerme una de esas...
Tras Broken english, Marianne se fue a New York, palpó el ambiente y grabó en Londres un disco parecido al sabor de una fresa amarga: Dangerous Acquaintances. Una obra en la que, por así decirlo, jugueteaba y domaba a golpe de sensualidad la música de club. La hacía suya como si fuera un vestido glamuroso que lucir en el escenario.
Sin ir más lejos, su disco posterior, A child’s adventure, posee varias composiciones notables (alguna sobresaliente) y otras un tanto apagadas y repetitivas, pero Marianne las mejora de manera sublime. Su voz logra dotar de clase tanto a canciones con un toque naif muy acusado, otras que parecen sofisticados poemas vanguardistas o parte de una pintura impresionista y algunas con un deje de jazz nocturno y juguetón, convirtiendo la escucha del disco en un delicioso paseo por una ciudad contemporánea.
Desde pequeña, Marianne interiorizó perfectamente los extravagantes mandamientos del mundo artístico. Su destino estaba sellado. Puesto que su padre era profesor de literatura italiana, su abuela materna había sido bailarina de la compañía de Max Reinhardt y su madre era hija de un noble austro-húngaro que poseía un apellido de renombre: von Sacher-Masoch. Lo que quiere decir que por sus venas corría la sangre del famoso autor de La venus de las pieles.
Marianne es de esas personas que es una novela en sí misma. O mejor dicho, varias. Es brutal, esquiva y descarnada. Pero también puede ser frívola, moderna y cool. Coqueta y desalmada. Dulce y terrible. Antigua y moderna. Hasta el punto de que podría llegar a comparársela con Bowie en cuanto a su capacidad de metamorfosearse y adaptarse a las movedizas corrientes de la música pop. Así que no me extraña que no le bastara con un libro para contar su vida. Que yo sepa, ha redactado dos o tres autobiografías. Mientras escribía la primera, se unió junto a Angelo Badalamenti y grabó un álbum excepcional que, en cierto modo, es el reverso onírico de su propia vida.
Cuando contemplo una fotografía de Marianne, suelo sentir tanto peligro como excitación. Sobrenaturales sensaciones. Como si estuviera frente a un animal en una jungla. En este caso, la cultural. Por supuesto, adoro sus entrevistas. Algunos periodistas temen a enfrentarse a ella. La tachan de conflictiva. Aunque yo no la vislumbro así. Alguien con su vida, lo que menos quiere es problemas. Pero tampoco tonterías.
No puedo evitar acordarme de nuevo del día que la vi en directo. Esa noche, repito, me di cuenta que era una actriz de primera categoría. Porque no había distancia ente persona y personaje. Así que cualquier papel que interpretara sería totalmente creíble. Ya que lo haría suyo. Lograría convertirlo en una porción de sí mismo muy íntima. ¡Qué lástima por cierto que no llegase a tiempo de conocer a Fassbinder y participar en uno de sus filmes! Marianne hubiera sido una musa perfecta del cine del director alemán. También por supuesto hubiera encajado perfectamente en La mamá y la puta de Jean Eustache o en el papel de madre incestuosa en una adaptación de una novela del marqués de Sade o de Georges Bataille. No obstante, su participación en Lucifer rising de Kenneth Anger es lo suficientemente importante como para eclipsar todas esas hipotéticas apariciones cinematográficas.
Durante las dos últimas décadas, Marianne ha grabado discos violentos, áridos, modernos, tenebrosos, ásperos, secos y tensos. La mayoría notables. Valiosos. Todavía hirientes. Reales. Probablemente, el que peor le saliera fue el que grabó junto a Beck, Billy Corgan, Jarvis Cocker o Dave Stewart: Kissin time. Un intento de modernizarse. Meterse en el siglo XXI un poco con calzador. Pero como, con toda seguridad, el mismo Nick Cave (otro nombre ilustre que se ha postrado a sus pies) sabe, no era necesario, en ningún caso, que se actualizara. Porque los clásicos son supervivientes siempre vigentes. No importa cuántas veces caigan que al final vuelven a levantarse. Colocarse en el centro de la diana. De algún modo, siempre están un paso por delante del resto. No deben esforzarse para reinar. Tan sólo fluir.
1ºimagen:…escorzo renacentista…..sexy…..
2ºimagen:…no quiero a los espejos………..
3ºimagen:…..autorretrato…..modifico mi aspecto ………….
4ºimagen:…..en uno de los salones, prostibulo, del pintor jose gutierrez solana……….
5ºimagen:…seguimos con los autorretratos..demasiada guapura al uso para ser una juana de arco…….
6ºimagen:…..el violin, la calavera y en medio yo entre los alegres años 20 y la naturaleza japonesa …………
……2zapatos beige(en la vitrina)-2zapatos negros con cordoneras (encima de la pila de libros) , (vaya usted saber quien los habra calzado),….(quiza jeanne moreau en «diario de una camarera»-1964)….sonrisa……
7ºimagen:….una «draculilla», (me gustaria saber donde tiene puesta la mano derecha, ¿en una venus prehistorica?……)
8ºimagen:…..hey barbudo, tu ponte detras, como si fueras mi hijo aristrocatico…………
PD:…..https://www.youtube.com/watch?v=5rAs4AseV98…..annie lennox….little bird1995…el lp «touch» de eurythmics-1983-sonido maximo en su momento y ahora tambien………
1) Revista Vogue. 70’s. 2) Sexo en discoteca. 3) La salud de quien practica budismo. 4) Condesa en un adaptación del Marqués de Sade. 5) Intentos de modernización. Santificación. 6) Fantasía decandentista. Fotografía de exposición. 7) Vestal antes de ser sacrificada a un Dios impuro 8) ¿Cómo hubiera sido un encuentro entre Marianne y Jethro Tull? PD: Sin duda, me encantan Eurythmics. Hace tiempo les hice este avería: http://www.averiadepollos.com/musica/ritmo-europeo/