Resurrección
Estoy recuperándome de lo que vi ayer. Sí. Me atreví con The Matrix Resurrections. No sé cómo estaría yo para hacerlo. En realidad, la película se...
El problema de Alien: Covenant no radica en la cuestión de la verosimilitud (al fin y al cabo, si tuviéramos que regirnos por este criterio no existiría la ciencia ficción como género) sino en que casi todo lo visto en la pantalla suena a deja vu. Pero indudablemente, Ridley Scott tiene un talento visual enorme y es capaz de crear atmósferas tan sugestivas que es inevitable no sentirse fascinado en muchos momentos por su film. Puede, por ejemplo, que la matanza de los «Ingenieros» esté mal explicada y no parezca convincente pero cinematográficamente, la escena funciona. Provoca todo tipo de emociones y, sobre todo, deseos de saber más sobre los creadores del ser humano.
Ciertamente, Alien: Covenant es varias películas en una. Es una nueva e interesante (y a veces fallida) interpretación y revisión del Frankestein de Mary Shelley. Es una obra posmoderna llena de referentes, citas y clichés entre los que puede mencionarse, por ejemplo, el Watchmen de Alan Moore. Es una interesantísima amalgama visual que en sus momentos más logrados remite a la ciencia ficción europea. Una auténtica delicatessen llena de rarezas y subterfugios artísticos sutiles y de alto impacto. Es un refrito sin demasiada consistencia y muy previsible de los antiguos aliens que, de tan visto, ya ni asusta ni provoca terror alguno. Y es también (como demuestra el final) una perversa y cruel historia narrada con cierto desorden y confusión que no puede, a pesar de todo, fulminar el enorme interés que despierta el duelo entre humanos, androides, xenomorfos e ingenieros en un oclusivo, lejano espacio y, sobre todo, el deseo de saber más. Tener más respuestas que completen el puzzle de una obra de la que, a estas alturas, ya no sabemos si Ridley Scott (a imagen y semejanza de los personajes de su film) es amo o esclavo. Shalam
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