La mamá y la puta
Hace unos años escribí para el nº11 de la revista El coloquio de los perros, un artículo sobre La mamá y la puta. Una película que me obsesionó -aún...
El problema de Alien: Covenant no radica en la cuestión de la verosimilitud (al fin y al cabo, si tuviéramos que regirnos por este criterio no existiría la ciencia ficción como género) sino en que casi todo lo visto en la pantalla suena a deja vu. Pero indudablemente, Ridley Scott tiene un talento visual enorme y es capaz de crear atmósferas tan sugestivas que es inevitable no sentirse fascinado en muchos momentos por su film. Puede, por ejemplo, que la matanza de los «Ingenieros» esté mal explicada y no parezca convincente pero cinematográficamente, la escena funciona. Provoca todo tipo de emociones y, sobre todo, deseos de saber más sobre los creadores del ser humano.
Ciertamente, Alien: Covenant es varias películas en una. Es una nueva e interesante (y a veces fallida) interpretación y revisión del Frankestein de Mary Shelley. Es una obra posmoderna llena de referentes, citas y clichés entre los que puede mencionarse, por ejemplo, el Watchmen de Alan Moore. Es una interesantísima amalgama visual que en sus momentos más logrados remite a la ciencia ficción europea. Una auténtica delicatessen llena de rarezas y subterfugios artísticos sutiles y de alto impacto. Es un refrito sin demasiada consistencia y muy previsible de los antiguos aliens que, de tan visto, ya ni asusta ni provoca terror alguno. Y es también (como demuestra el final) una perversa y cruel historia narrada con cierto desorden y confusión que no puede, a pesar de todo, fulminar el enorme interés que despierta el duelo entre humanos, androides, xenomorfos e ingenieros en un oclusivo, lejano espacio y, sobre todo, el deseo de saber más. Tener más respuestas que completen el puzzle de una obra de la que, a estas alturas, ya no sabemos si Ridley Scott (a imagen y semejanza de los personajes de su film) es amo o esclavo. Shalam
0 comentarios