Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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Ritual de lo habitual permite y casi que exige la creación de todo tipo de excéntricas metáforas para definirlo. Cuanto más extrañas, mejor casan con su desarrollo. Pues como su portada indica, el disco es un exorcismo. Un acto de chamanismo destinado a unir el alma de Farrell con el de aquellas dos mujeres que se fueron de su vida dejando en ella un vacío feroz.
Al rostro atípico de Ritual de lo habitual contribuía sin duda el que como era costumbre en Jane’s Adiction, el bajo de Eric Avery marcara el ritmo inicial de los riffs y cumpliera funciones de guitarra. O la destructiva, sensual e infernal voz de Dave Navarro elevándose por esta ensalada rockera que evocaba el calypso, el funk, el tribalismo e innumerables estilos más. Y se multiplicaba y disgregaba en infinitos pliegues que contribuían a dotarla de su alucinado carácter. Su fisionomía de ácido capaz de conseguir que la mente de quien lo degustaba sufriera todas las mutaciones posibles. Se transformara al ritmo de una música imprevisible que parecía haber sido creada por oscuros hechiceros. Pues, ciertamente, cada uno de los integrantes de Jane’s estuvieron durante unos años en posesión de los secretos del arte y aniquilaron las estructuras clásicas de la música a través de canciones parecidas a cuchillos. Música que creaba un ralo ambiente semejante al que se siente en las islas del Caribe cuando un temporal las amenaza. Se presiente la llegada de un tifón, las olas se tornan gigantescas y los insectos sonríen antes de esconderse en sus madrigueras.
No sé si Ritual de lo habitual será olvidado con el paso del tiempo o será recordado. Sí sé que mientras yo viva, siempre estará conmigo. Y que para comprenderlo en su totalidad, hay, pienso, que visualizarlo como un ejercicio espiritual. Un acto sobrenatural a través del que Perry Farrell intentó desafiar a la muerte y traerse, como Orfeo, el alma de dos mujeres muertas. Un acto tan extremo que no me extraña que, tras la creación de esta obra, Jane’s Adiction no volvieran a ser nunca los mismos y tardaran más de diez años en ofrecernos otro disco.
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