Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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Marillion recogieron la paleta de colores de Genesis, la hicieron suya y, a continuación. la extendieron y propagaron por los cielos. Grabando discos llenos de equilibrio alquímico en los que letras y músicas se combinaban con mágica exactitud en medio de fronteras carnavalescas y delirantes y hermosas historias de amor. Discos que eran una feroz píldora anticapitalista. Una reivindicación del romanticismo. Una exploración musical que, en medio del desierto material, se preguntaba por los profetas y los poetas, exploraba los rincones perdidos donde aún se escuchaban las notas de un violín y los misterios en torno al alma de los artistas.
Amo a los Marillion de Fish porque en esos primeros cuatro discos todo estaba en su lugar: la inspiración, la rebeldía, la locura y la sabiduría. Y el mundo perdido del que hablaban metafórica, subrepticiamente, me hace rememorar la tierra baldía poética; los nubarrones negros con los que se construyó El cementerio marino; los cuerpos desnudos de Rimbaud y Verlaine revolcándose en el suelo; el opio adentrándose en el cuerpo de J.R.R. Tokien; un ejemplar de El señor de las moscas arrugado y desgastado en la habitación de un adolescente inadaptado; gestos de éxtasis de quienes contemplaban los primeros conciertos de Deep Purple y Led Zeppelin y también los de Beethoven; el deseo de cientos de jóvenes de emigrar a una ciudad simplemente para deleitarse con la belleza de sus calles; y, en definitiva, siento latir en cada una de sus canciones el alma de quienes dieron su vida por crear una obra de arte. La sonrisa de quien murió aspirando a un ideal. Pero por si fuera poco, además, contemplo un castillo lejano al que es muy difícil llegar en cuyos salones repletos de lienzos flamencos, retratos perdidos de reyes medievales, se encuentran servidos unos alimentos que dejarán satisfechos para siempre a quien los pruebe. Shalam
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