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Una herida

Ene 29, 2026 | 2 Comentarios

Cuando uno se sumerge en una biografía, una personalidad como la de Brando resulta difícil salir de allí. Uno de los aspectos fascinantes de Canciones que mi madre me enseñó radica en que tenemos su punto de vista sin mediaciones. Se diría incluso que por momentos, podemos escuchar esa voz rotunda, llena de profundidad y descaro que lo caracterizaba.

Cuando la biografía apareció en Estados Unidos no hubo demasiada unanimidad. El libro se vendió bien. Brando ya estaba en el declive de su vida pero obviamente su figura continuaba despertando interés. Ya no era una estrella sino un mito. Una leyenda viviente. Sin embargo, hubo algunas voces decepcionadas por el hecho de que divagase demasiado y no pusiera tanto el foco en el cine. Lo más probable es que esos periodistas no comprendieran la esencia de alguien tan contradictorio, libre y salvaje como Brando. Porque ahí radica precisamente el gran interés de su libro. En ese trasiego indefinido, a veces turbulento y desordenado, siempre interesante de recuerdos, opiniones, visiones con las que Brando realizaba una radiografía vital y anárquica de su alma. El alma de un solitario al que probablemente fuera el blues el estilo musical que más pudiera acercarse a retratarlo con desnudez o uno de esos alborotados temas de los Stones del Exile on Main Street.

Brando, sí, siempre fue en el fondo un solitario. También un huracán sentimental y afectivo. Necesitaba constantemente validación. Como ya comenté hace unos días, Brando estuvo rodeado de muchísimas mujeres pero con ninguna alcanzó la plenitud. En este sentido, era el caso contrario de Paul Newman. Un hombre estable, tranquilo y confiado al que le bastó una sola pareja para sentirse pleno afectivamente. Marlon, sin embargo, nunca se sintió satisfecho. Su corazón era parecido al de un alcohólico que nunca terminaba de llenarse. Necesitaba más y más experiencias. Constante atención. Sentirse admirado y querido por ellas pero luego era incapaz de sostener el vínculo. Utilizaba su sex appeal para atraerlas y no tardaba en desinteresarse. Por un lado, necesitaba controlar y manejar la situación con las mujeres con las que establecía lazos. Pero al mismo tiempo requería desesperadamente protección y aceptación. Muchas de sus parejas fueron mujeres fuertes, pero con un tinte de inestabilidad o dificultad emocional. Pusieron de manifiesto una vulnerabilidad que el actor deseaba compartir pero odiaba mostrar.

Brando es sincero al confesar de dónde proceden sus traumas emocionales. El título de su biografía hace referencia a las canciones que su madre le cantaba cuando era niño. Aquellas tonadas eran un espacio seguro. Un vientre protector. Mientras la madre cantaba, el niño Marlon recibía ternura, mirada atenta, cercanía corporal y la sensación de ser especial y amado. Pero cuando su madre bebía, sufría mucho. Se sentía desgraciado, perdido, abandonado. Esa herida lo llevó a desarrollar mecanismos defensivos, como la distancia emocional o la multiplicidad de parejas, para amortiguar futuros dolores. Le costaba establecer relaciones de igual a igual y disfrutaba del flirteo, de los comienzos de la relación, pero era incapaz de responder a demandas más profundas. Por eso sus matrimonios fracasaron y tuvo constantes problemas con sus hijos.

Esta ambivalencia, nacida de sus primeras carencias, resuena especialmente en algunos episodios de su biografía. En particular, en su relación con dos mujeres mayores que él, de fuerte carácter y talento, a quienes Brando rechazó o no siguió el juego como ellas hubieran deseado: ni más ni menos que Tallulah Bankhead y Anna Magnani.

A la primera la conoció cuando Brando todavía no había alcanzado el estrellato total. Aún, de hecho, no había interpretado al rústico y violento Stanley de Un tranvía llamado deseo. Pero su ascensión parecía imparable. Tallulah lo citó con la excusa de hacer una prueba para un posible estreno de una obra de teatro de Jean Cocteau, El águila de dos cabezas.

El encuentro entre estas dos fuerzas de la naturaleza terminó en desencuentro. ¿Podía ser de otro modo? Pero, desde luego, merece la pena citar partes de este pasaje y conocer la opinión de Brando sobre la fascinante actriz: «Tallulah me pidió que participara en la obra, aunque pronto noté que le interesaba más mi persona que el personaje. Durante los ensayos, descubrí que solía emborracharse temprano en el día y pasaba el resto de la jornada aún más borracha. Empezó a inventar excusas para que la visitara a su hotel, supuestamente para repasar el guion, y yo lo evitaba en cuanto podía. Pero era la estrella del espectáculo y yo necesitaba el dinero. Al principio de esas veladas, Tallulah estaba medio dormida, con una sonrisa torcida, y luego comenzaba el ritual de la seducción. Tenía 43 años, yo 22, y le gustaban los hombres jóvenes. Hoy siento más compasión por ella de la que sentí entonces: conocí después a otras actrices cuya belleza era el centro de su autoestima y a las que les costaba aceptar la pérdida de atractivo con los años, buscando en hombres jóvenes recuperar algo de eso.

(…) La obra se estrenó en Nueva Inglaterra, con mi personaje como joven amante de Tallulah. No creo que actuara muy bien; aún no dominaba el acento. Pero lo peor llegaba en las escenas de beso: Tallulah tenía la boca fría y su lengua, aún más fría, prácticamente la introducía en mi boca cada vez, como una anguila buscando meterse en un agujero, y me costaba aguantarlo. Probé a disimular, evitándola, besando su cuello, comiendo ajo o enjuagándome tras cada escena, pero nada funcionaba. Finalmente, un día se enteró de que me enjuagaba después de besarla y, ofendida por mi rechazo y mi negativa a visitarla en la habitación, pidió a los productores que me despidieran. Tras unas semanas de funciones, me despidieron, pero mi virtud seguía intacta».

En el caso de Anna Magnani, el encuentro fue igualmente tenso, aunque distinto. Tallulah era otra outsider. De alguna forma, era el reverso femenino de Brando. Las costumbres de Tallulah la hacían parecida a su madre en lo rebelde y excesivo, pero Brando, aún joven, supo guardar distancia. En cambio, a Anna Magnani la conoció cuando ya era un hombre maduro y desengañado, hastiado del juego de Hollywood. Magnani no era tan autodestructiva, pero sí tenía un temperamento volcánico y una presencia imponente.

Su encuentro se produjo durante el rodaje de The Fugitive Kind. Ella tenía dieciséis años más que Brando y no escondía ni su pasión ni el temor a envejecer. Directa en su atracción, buscó su compañía persistentemente. El actor accedió a reunirse con ella por educación y compasión, comprendiendo las heridas que deja el tiempo en quienes han vivido de su magnetismo. Sin embargo, la intensidad de Magnani pronto cruzó el límite de lo amable, convirtiendo la reunión en una batalla de voluntades, en la que Brando terminó sintiéndose atrapado y viendo necesario poner distancia.

Brando describe el encuentro de este modo: «Tennessee y Sidney Lumet me ofrecieron participar en la película The Fugitive Kind, basada en esa obra. Yo estaba divorciándome de mi primera esposa y necesitaba el dinero, así que acepté el papel de un guitarrista errante que llega a un pequeño pueblo de Mississippi y se involucra con una mujer mayor, interpretada por Anna, célebre por su papel en la película italiana Roma, ciudad abierta.

(…) Tennessee me advirtió que Anna Magnani —dieciséis años mayor que yo y con fama de disfrutar la compañía de hombres jóvenes— le había dicho que estaba enamorada de mí, y poco antes de rodar la película ella misma me lo confirmó. Tras algunos encuentros en California, consiguió finalmente estar a solas conmigo una tarde en el hotel Beverly Hills. Sin que yo la animara, comenzó a besarme con mucha pasión. Intenté corresponderle por cortesía, sabiendo que le angustiaba hacerse mayor y perder su atractivo, y sentí que rechazarla sería una gran ofensa. Pero una vez que me abrazó, no me soltaba; cuando intentaba apartarme, me agarraba aún más fuerte y llegó a morderme el labio inferior con fuerza, hasta hacerme daño. Me sentí como en esos rituales fatales de apareamiento de algunos insectos, que terminan cuando la hembra inflige el golpe de gracia. Cuando el dolor se hizo insoportable, le agarré la nariz, presionándola con fuerza para apartarla. Sorprendida, la solté y pude escapar».

En fin. La escena, casi absurda en su desenlace, manifiesta una vez más la dificultad de Brando para entregarse por completo. Las figuras femeninas con autoridad y carisma le halagaban, pero también a veces le intimidaban; su respuesta no siempre era dejarse llevar, sino poner límites, tal vez marcado por historias pasadas. Pero esa no fue la constante en su periplo vital.

De hecho, según cuentan, en los últimos años de su vida no se levantaba de la cama y pasaba horas hablando, flirteando con mujeres jóvenes que tal vez le recordaban quién fue y, en gran medida, también le hacían evocar una inocencia perdida. Aquellos años en los que todo estaba todavía por hacer.

Había, sí, una poesía en dialogar con chicas sin madurar, con las que no tenía que mostrar su faceta ruda y dura. Pero Brando ya no daba más. Como actor nadie dejó más huella. Como persona, estaba completamente destrozado. Una prueba de que quizá, en el fondo, Brando nunca dejó de ser un niño a la espera de una canción. Alguien que, tras cada máscara y cada conquista, temía y ansiaba —como todos— no quedar nunca solo del todo, aunque a veces ese deseo lo condujera, precisamente, a la soledad más profunda. Shalam

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2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen…cuanto te quiero aunque me temas…..
    2imagen…»julio cesar»(estilismo)…..
    3imagen…al subir en la salita azul del cine principal (cuadro)…
    4imagen…me gustaria ir a las exhoticas islas polinesias….
    5imagen….diva-elastica guapisima para jovenes (y no tan jovenes)……
    6imagen…dos tallas menos de camiseta…chica con cejas italianas
    (en linea fina)….
    7imagen…trastes de carey-chupa de serpiente….
    8imagen…lo comprendo!!…
    9imagen…igual de pequeño que de mayor…jajajjjj…ojos a juego con la boca……
    PD…despues del sargento pimienta-68, no era muy extraño seleccionar la caratula del «exile on main street»-72..
    https://www.youtube.com/watch?v=Vln9V7dDrIY&list=RDVln9V7dDrIY&start_radio=1

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    • Alejandro Hermosilla

      1) lobo come a caperucita. Caperucita se deja comer. Escena que podría haber aparecido en Blow Up. Antonioni. 2) Modelo de revista juvenil. También futuro proyecto de ángel de Teorema. Terence Stamp. 3) Chapero. A la caza. Buscando hombres en el bar escondido de la ciudad. 4) Poster de Domicilio conyugal. Truffaut. 5) Un tranvía llamado deseo. Stanley. 6) Dos personas perdidas en medio de la multitud y las miradas. 7) Bamboleiro.. Andalucía 8) Brando aquí parece Newman. Ella un personaje de David Lynch buscándose en su laberinto interior. Antonioni. 9) El niño salvaje. Poster de revista. PD: temazo ideal para describir las relaciones de Brando con mujeres alteradas y tan perdidas como él. Todos brindando en medio del océano. El mar es el Titanic.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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