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Un pequeño bombón

Mar 1, 2023 | 2 Comentarios

Dejo a continuación un nuevo avería dedicado a una deliciosa banda francesa, Mikado, que tan sólo grabó un álbum y unos cuantos singles, demos y caras B. El cual recomiendo leer, escuchando uno de sus inolvidables temas: «La fille du soleil».

 

Un pequeño bombón

Creo que si el nombre de Mikado no se encuentra ligado íntimamente a la memoria colectiva de cientos de miles de melómanos, no es tanto por error suyo sino por la mediocridad imperante en la música pop o por un número de indescifrables razones, casi todas ellas tristes. Porque, en realidad, el grupo francés era una exquisitez. Una delicia. Eran tan especiales que no me extraña que el mismísimo Haruomi Hosono de la Yellow Magic Orchestra no dudara en producirles un disco cuando aún eran unos desconocidos. Una categoría en la que todavía se encuentran a pesar de ser un grupo de culto en Francia y de haber gozado de un éxito más que respetable en Japón.

El único disco que grabaron Mikado es una maravilla. Una de esas obras que logran que cualquier atardecer se llene de contenido y colores. Lo tiene todo: sensibilidad, fragilidad, canciones pegadizas, melodías tristes, valses fluidos y pop radiante y evanescente.

La cantante, Pascale Borel, era tremendamente sensual. Poseía una voz suave y seductora que transmitía paz y cierta jovialidad. A pesar de que, en ciertos momentos, remitía a las grandes voces de la canción francesa de los 60, era capaz de modular perfectamente canciones ochenteras y llenar de sensualidad y matices temas bañados con entrañables sintetizadores o suntuosos valses que perfectamente podrían sonar en un cabaret o en una feria dominical.

Por otra parte, Gregori Czerkinsky era su perfecto par complementario. El cerebro en la sombra. El geniecillo que hacía y deshacía a su antojo componiendo temas en los que intentaba captar la belleza de los atardeceres o el amor y el desamor. Transformando el pop en una locomotora primaveral. Un ensoñador árbol parecido a una caja de bombones, un helado de vainilla o a una noche de bodas. Czerkinsky era un compositor muy sutil. Tanto que no podía ser comprendido por las masas. Jugaba en una liga muy particular. Porque era capaz de transmitir todo tipo de livianos sentimientos pero, a la vez, ser tremendamente introspectivo. Lo mismo se divertía frívolamente que exploraba el dolor y la tristeza con una seriedad abisal.

No me extraña que Mikado fueran adorados en Japón. Ambos, Gregori y Pascale, parecían proceder de una fotonovela. Haber congelado el tiempo y haber convertido su vida en un anuncio kitsch de colonia o champú de rosas. Podían romperse por dentro pero transmitían cierta gelidez. Eran distantes y cálidos. Elegantes y cercanos. Snobs y, al mismo tiempo, accesibles.

Eran, sí, ambiguos. Lo suficiente como para evitar forma parte del pop de consumo más vulgar y poseer, a su vez, un rincón exclusivo musical abierto al público en general. Porque, sí, las canciones de Mikado eran, sobre todo, preciosas. Cualquiera podía conectar con ellas aunque no estaban hechas para cualquiera. Eran otoñales. Tristes y radiantes. Dejaban a su paso una estela de belleza apagada. La sensación de que, aunque en el amor se pueden haber perdido cientos de oportunidades, siempre queda otra más que experimentar.

En realidad, hacían música muy cinematográfica. Es muy factible imaginar filmes de Andre Téchiné, Patrice Leconte y Leos Carax en los que suenen sus canciones. Esas melodías reflexivas y sensuales, ideales para pasear por las calles de una hermosa ciudad al anochecer o para escuchar mientras se viaja en tren y se contemplan las nubes y los paisajes de ciudades huir.

Mikado eran la más granada joya del pop francés de los 80. En gran medida, son los Television (o los Velvet) de su camada. Su disco no fue un superventas. Nunca fueron un grupo de masas pero todo el que los escuchó, quedó cautivado por su sonido. De hecho, es posible sentir su influencia en grupos tan dispares como Stereolab, Air, Pizzicato Five o Saint Etienne y en casi todo el pop francés trascendente (en el sentido de importante) de los años 90.

Sus canciones siempre dejan un halo de misterio cuando suenan. Son encantadoras y, al mismo tiempo, lejanas. Nos hablan de esa belleza distante que nunca podremos asir y por eso son cautivadoras. Son parecidas a perlas y a capuchinos. Siempre, (no importa en qué situación nos encontremos), es buen momento para escucharlas. Shalam

هذا الموسيقي يقدم أربع حفلات موسيقية ونصف. هذا تعذيب هل تكره جمهورك؟

Ese músico da conciertos de cuatro horas y media. Eso es tortura ¿Odia a su público?

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….inocencia parisina…..(no conocia a este grupo franky)
    2imagen….no penseis que somos tan inoentes….jajajj
    3imagen….postal de la novia al novio que esta en la mili…
    4imagen…postal del novio a la novia que esta en su casa….
    5imagen….coño!…banda de tambores y cornetas de las 600 (que los domingos caben 700 (chascarrillo local))…..
    PD…https://www.youtube.com/watch?v=yAoDC-cFuRA….furor africano…..peggy scott & jo jo benson….soul shake..1969…(el final del video entre lazarov y godard)…jajaj….

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  2. Alejandro Hermosilla

    1) Merecen mucho la pena. Dales una escucha.Sí. Novios franceses haciéndose una foto kitsc de paseo por París. 2) Luna nocturna. Tristeza, poesía, saudade y ritmo. 3) Instantánea tomada en Fotomatón posmoderno. Homenaje a los filmes de sirenas hollywoodienses. 4) Otra instantánea tomada en ese mismo Fotomatón. En este caso, incluye un homenaje a Elvis Costello. 5) Tocando una marcha militar con espíritu pop y snob. PD: No conocía a esta pareja. Sí.El final del vídeo es gloriosamente arty.. intelectual.. Sí….

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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