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Un duende cósmico

Abr 12, 2023 | 2 Comentarios

Dejo a continuación un nuevo avería dedicado al gran Robert Wyatt. El cual recomiendo leer escuchando uno de los mágicos temas de Cuckooland: «Forest».

 

Un duende cósmico

Resulta reconfortante la paz que transmiten los discos en solitario de Robert Wyatt. Una paz, eso sí, que remite a la creatividad y a la primavera. Una paz juguetona que permite rememorar los juegos infantiles y recrear espiritualmente el vuelo de las mariposas. Los discos de Wyatt parecen haber sido grabados en estado absoluto de gracia. Poseen tanto brotes bondadosos como experimentales. Creo que nadie como el músico británico ha mantenido viva la llama del hipismo en combinación con ese aliento artístico y aventurero, casi astral, que latía en aquellos discos de los 60 y 70 parecidos a viajes kármicos u oníricos, como es el caso del Britches Brew de Miles Davis.

Cuando uno pincha un disco de Wyatt, un hálito de esperanza e inocencia se despierta en nosotros. Suena a tópico pero es cierto. Escuchar a Wyatt nos hace mejores personas. Sus discos no borran nuestras faltas pero sí que nos invitan a ser mejores. A creer en ideales perdidos que, por un momento, se convierten en realidad. Brotes de hierba creciendo en medio del asfalto.

Hay discos de Wyatt que son parecidos a nanas y otros que permiten hacerse una idea clara de lo que sería un plácido viaje astral tras una sana ingesta de hongos. No me extraña que Wyatt viva entre el campo, rodeado de naturaleza, porque sus canciones captan perfectamente esos misteriosos y gráciles acontecimientos que permanecen ocultos en las ciudades: el resplandor del sol sobre un cristal, el olor de la hierba, el lento desplazamiento de una oruga, el resuello de un caballo y el pausado crecimiento de los arbustos.

Los discos de Wyatt transmiten fortaleza. Fe en la humanidad. Suenan orgánicos, naturales. Parecen haber sido realizados por un gnomo que hubiera caído de pequeño en la caldera del pop experimental. Los teclados, por ejemplo, son mágicos. Nadie toca el piano y el órgano como el músico británico. Logrando suspensiones, efectos relajantes que semejan el movimiento de las nubes a través del cielo y más que invitarnos a reflexionar, lo hacen a que seamos mejores personas. Más generosos, más amables y sí, también más profundos. Más oceánicos. Parecidos a esos chopos milenarios que irradian sabiduría cuya savia no deja nunca de brotar.

En realidad, Wyatt es un músico impresionista. Alguien que logra que cada sonido de sus composiciones remita a un color. A veces cuando toca la trompeta pareciera que está realizando un espiritual cuadro de arte abstracto en medio de una habitación llena de ventanas. En ocasiones, sus canciones remiten al arte naíf. Me recuerdan a los dibujos de los niños, a las exposiciones que los padres y maestros muestran orgullosos al final del último curso de guardería. Tengo la sensación igualmente de que Wyatt nunca fuerza el ritmo para hacer uno de sus temas más radiable o accesible. A cada uno de ellos le dedica el tiempo necesario. Ni más ni menos. Logrando de manera casi milagrosa evitar caer tanto en el foso del perfeccionismo como en el del excesivo amateurismo. De hecho, su música es tan fluida que pareciera que no hay un esfuerzo tras de ella. Que todo, repito, ha surgido de manera natural, como el musgo que se arremolina en la madera o la arena que vuela empujada por el viento. Motivo por el que sus proclamas por la unión de los seres humanos suenan completamente creíbles y sus versiones de clásicos sudamericanos son tan estremecedoras como verdaderas. Se introducen en nuestro interior con la sencillez con la que lo hace el agua.

Otro aspecto que amo de de Wyatt es el enorme respeto a la música que puede sentirse en cada uno de sus discos. Algo que debería presuponérsele a todo músico pero que no siempre es así. Hay muchos que han convertido este arte en su negocio. Un medio para incrementar su ego y su cuenta bancaria. No es ese el caso, desde luego, de Wyatt. A quien nadie puede imaginar arrastrándose por los escenarios con el objetivo de mendigar un dolar ni tampoco prostituyéndose tocando sus escasos hits hasta el hartazgo. De hecho, cuando la palabra retirada salió de sus labios, cuando anunció que no volvería a grabar uno de sus serenos y delicados álbums, todos supimos que iba en serio. Si lo dejaba era porque ya no tenía más que decir. Su corazón había dicho basta. Su misión artística se encontraba completa y si acaso podría añadirle algún pigmento más de vez en cuando. Pero, en esencia, todo lo que tenía que decir ya estaba dicho. Palabra de honor que hasta el momento no ha sido traicionada. Un hecho que, lejos de entristecerme, a mí al menos me provoca una dicha inconmensurable, como me ocurre cuando releo gran parte de los versos que componen el frondoso árbol poético de Walt Whitman: Hojas de hierba. Una obra que no entiendo bien por qué tiendo a asimilar con la del duende británico. Tal vez por ser ambas semejantes a sonrisas risueñas, cándidos abrazos espirituales y joviales oraciones.

En gran medida, eso es lo que ha logrado transmitir Wyatt desde siempre: alegría y vitalidad. Si nos paramos a meditarlo debidamente, un hecho que es lo más parecido que se me ocurre a un asombroso milagro en medio del desquiciado mundo tecnológico en el que vivimos ¡Alegría y vitalidad! ¡Ni más ni menos que alegría y vitalidad y también serenidad y paz en el centro exacto del mundo zombi! ¡Un Milagro cósmico! ¡Un asombroso milagro cósmico similar el reflejo del amanecer! Shalam

الجحود هي ابنة الكبرياء

La ingratitud es hija de la soberbia

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….llego al suelo muy lentamente…..
    2imagen….debajo deberia de haber habido una piscina….
    3imagen….en las pinturas flamencas realistas por la ventana se ve fuera o alguien que se asoma a ella ….
    4imagen….esta foto es una gran obra(sugerente obra)….(ni sobra ni falta ningun elemento)…magnifico camino con forma de ovalo..
    PD….https://www.youtube.com/watch?v=z4PKzz81m5c….chet baker…llego al suelo en posicion fetal….mol fort….

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Aquí me recuerda en cuanto a look a Robertson Davies. 2) Soy un gnomooooo David el gnomo. 3) Así es. En vez del matrimonio Andolifini, el matrimonio Wyatt…jajaj 4) Papá Pitufo. PD: De mayor, Chet Baker era una mezcla entre Chris Isaak y Willy De Ville. Salvaje y tierno. Autodestuctivo y dulce.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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