Dejo a continuación un nuevo avería dedicado al Camino de Santiago que recientemente realicé. En esta ocasión, me ocuparé del día 24. ¡Ahí voy!
Un Camino. Día 24.
Viernes 8 de agosto.
El viernes 8 de agosto me despierto muy temprano. Apenas he dormido. Supongo que debido a una mezcla de cansancio, ansiedad y tristeza. Deseo irme de Undués de Lerda cuanto antes. No me siento con ánimo de quedarme por mucho tiempo más en un albergue municipal en el que no hay peregrinos. Necesito partir. Así que, antes de que amanezca, salgo hacia caminos yermos y desciendo por terrenos montañosos a buen ritmo. Disfrutando por supuesto de las plantaciones de girasoles que me voy encontrando, tan extrañas de ver en Murcia y sus cercanías.

El objetivo debería ser llegar a Monreal. A unos 38 kms. Pero pronto tomo conciencia de que no será posible. La realidad me golpea. Apenas he descansado y mi espíritu se siente muy fatigado. No pienso con claridad. Me pierdo por unos terrenos y cuando vuelvo a encontrar la senda, el sol comienza a elevarse por los cielos. Durante los últimos días el calor ha sido un enemigo. Casi una trampa. Una red llena de plantas venenosas y arañas. Pero ahora directamente es un asesino. Sus rayos son cuchillos. Hieren. Sangran. Dañan. Más aún para alguien que apenas ha dormido. Así que camino casi como un condenado a muerte. De tanto en tanto me detengo en algunos portales cercanos a Sangüesa. Allí me siento a gusto. El problema es que no quiero levantarme. Desearía permanecer tirado en cualquier parte por horas. Sigo echando de menos a mis compañeros peregrinos. ¿Los volveré a ver? Me encuentro con un cartel que me da la bienvenida a Navarra. Aragón se desvanece. Debería experimentar alegría. Pero, en mis circunstancias actuales, no lo celebro. Parezco un alma en pena. A pesar de todo, sonrío a los escasos viandantes con los que me cruzo. ¿Qué culpan tienen ellos de mis extravíos?
También me emociono al contemplar un bastón de hierro que homenajea a un peregrino fallecido cerca de Sangüensa más de una década atrás. Fue en septiembre. Tal vez por el calor. Puede que por haber bebido alcohol. ¿Quién sabe? Tal vez simplemente le llegó su hora. Lo que es cierto es que a partir de ahora comenzará a ser habitual encontrarme este tipo de tumbas improvisadas a peregrinos que fallecieron en la ruta. Un bonito recordatorio para que agradezcamos estar con vida. Poder completar la vía. No todos pudieron. ¡Queda claro!
Llego a las 10 a Sangüesa. Tal vez antes. ¿Qué hora es? ¿Existen las horas? ¿El tiempo? En un supermercado me atiborro a comida que devoro en una plaza. He perdido mi cantimplora. La olvidé probablemente kilómetros atrás. ¿Quién sabe? Vuelvo atrás a buscarla. Luego me arrepiento. Regreso tras mis pasos. Pero quiero esa cantimplora. Intento recordar dónde la pude dejar. Pero mi cabeza ya no da más. Compro otra. Pero al momento me arrepiento. Es un termo que pesa demasiado. ¿Qué más da? Ya no pienso en cambiarlo. Estoy hastiado. ¿Para qué camino? En esas condiciones, entiendo que lo mejor es quedarme en Sangüesa. Un más que probable antiguo emplazamiento celta en cuyas cercanías se encuentran asentamientos pertenecientes a la Edad de Bronce.
Me abre el albergue una muchacha del Este. A decir verdad, casi ni me mira. Me lo muestra, me da las indicaciones básicas, cobra el dinero y se va. No sé tampoco si llega a despedirse. Vuelvo a recordar con añoranza a los hospitaleros de Santa Cilia de Jaca y Arrés. En cualquier caso, no tardo mucho en ducharme y arrojarme sobre una cama. Mi sueño sería no levantarme de allí en todo el día. Pero no será posible. A las dos horas se abre de nuevo la puerta. Vuelvo a escuchar la voz de la mujer del Este junto a la de dos peregrinos. ¡Son los dos aragoneses que conocí en Arrés! ¡Gavi y Alfonso!

Obviamente, me alegro mucho de reencontrarme con ellos. En cuanto se asean y descansan un poco, les hago todo tipo de preguntas sobre la noche en Artieda. Parece ser que fue hermosa, como yo presuponía. Los habitantes del pueblo compartieron platos típicos de la zona y los peregrinos aportaron lo que pudieron. Había un ambiente de fiesta, de verbena. El tiempo parecía haberse detenido. También lógicamente les pregunto por el destino del resto de nuestros compañeros. Al parecer, Tomás (el valenciano) abandonó el Camino. Sus pies estaban destrozados y debía visitar al dentista pronto. No tenía sentido continuar. Por otra parte, David (el francés) salió a primera hora de Artieda sin despedirse. No han coincidido con él durante su ruta esta mañana. No pueden, por tanto, darme más noticias. Algo que lamento. ¿Volveré a ver a David? ¿Volveré a saber de aquel impenitente peregrino que había convertido la ruta en un modo de vida, casi de supervivencia?
Aunque estoy saciado, salgo junto a Gavi y Alfonso a comer en un bar cercano Concretamente, unas pochas. Plato emblemático de la localidad. Tengo que reconocer que me encuentro a gusto en su compañía. Ambos poseen un espíritu generoso. Comprenden las dinámicas del Camino. Están dispuestos a compartir. Entienden la importancia cultural y espiritual de la ruta. El día transcurre mucho mejor junto a ellos. El calor, no obstante, está llegando a cotas tan extremas que apenas tenemos fuerzas para visitar una u otra iglesia. Nos contentamos con disfrutar del pórtico de la Iglesia de Santa María la Real. Una auténtica maravilla del Románico (¿cuántas llevo ya vistas en este viaje, cuántas hay en España?) en la que destaca la parte dedicada al Juicio Final. Resulta irremediable emocionarse contemplando a los bienaventurados y a los condenados. Estos últimos, desbordados, desnudos, arrepentidos con total seguridad, asustados al recibir el castigo por sus faltas.

También resulta muy estimulante contemplar varias imágenes en el pórtico que al parecer (no hay realmente consenso a este respecto) remiten a una leyenda nórdica (algo que, en cierto modo, vendría a incidir en el remoto origen celta del Camino) protagonizada por el príncipe Sigurd, un herrero (Regín) y el dragón Fafner. La historia fue muy popular en su época y para narrarla bien sería necesario un avería al completo puesto que posee diversas variantes que convendría aclarar. Así que habrá que contentarse con un pequeño resumen: «Regín, el herrero, anima al príncipe Sigurd a matar al dragón Fafner que guarda el tesoro de los nibelungos. Regín le promete que si le trae el corazón del temible enemigo forjará una nueva espada para el valeroso guerrero. Finalmente, Sigurd logra matar a Fafner. Cuando lo hace, varias gotas de sangre caen sobre sus labios y le hacen entender el lenguaje de los pájaros. Serán precisamente las aves quienes advertirán a Sigurd de que el herrero desea quedarse con el tesoro consiguiendo que el príncipe mate a Regín por traidor».
Un tanto inquietante por lo menos.

Antes de retirarnos al albergue, tomamos un café. Debería ser un momento de relajación pero no lo es. La psicosis a causa del calor comienza a crecer. Gavi y Alfonso conocieron en Artieda una pareja. Ella es catalana y él de Murcia. Estaban pasando unas vacaciones cerca de Zaragoza y se animaron a realizar varias etapas del Camino aragonés. Contrataron una agencia que les transportaba las mochilas y les reservaba alojamientos. En principio, todo idílico. Pero no contaban con el calor. El hombre relata con pavor la experiencia que han vivido hoy. Su mujer no podía casi caminar. El sol casi los tumba. Estuvieron más de dos horas para recorrer los últimos cinco kilómetros a Singüensa. Están muy preocupados por su salud. Además, les han dicho que en la ruta hacia Monreal no hay una sola fuente. Así que van a abandonar. Su aventura en el Camino termina esa misma tarde.
En realidad, este testimonio contradice lo que he yo he leído en las guías del Camino. Sí hay una fuente entre Singüenza y Monreal. Se encuentra a 17 kilómetros. Concretamente, en Izco. No estoy seguro. Tal vez un poco antes o después. No obstante, el miedo se extiende con tanta rapidez que casi que prefiero guardar silencio. Gavi y Dani, desde luego, se encuentran muy preocupados. Gavi afirma que no volverá a realizar el Camino en agosto. Piensa incluso en abandonar. Pero se da una última oportunidad. Yo estoy mucho más tranquilo que ellos porque soy de Murcia. Recuerdo tardes corriendo a más de 30 grados por la playa o la carretera camino al Portús. He vivido casi toda mi vida entre fuentes de calor interminable. Así que me siento capaz de soportarlo. No me asusta. Pero aún así, las temperaturas son tan extremas que estoy de acuerdo con Gavi y Alfonso en que debemos irnos a dormir cuanto antes y despertarnos a las 5 de la madrugada como muy tarde. De hecho, a pesar de que abrimos algunas ventanas, la atmósfera en el albergue es casi opresiva. Sangüensa es un gigantesco horno. Un delirio infernal. ¿No seremos nosotros los condenados al Juicio?
Esta vez no tardo en dormirme. Lo hago tranquilo. Echo de menos a David. Un personaje tan singular. Pero por otro lado vuelvo a estar junto a peregrinos. Hay, sí, un ambiente de guerra pero, afortunadamente, he descansado. Vuelvo a estar con ganas de continuar la ruta. El Camino es una locura. Una prodigiosa, maravillosa locura. ¿Para qué peregrinamos? Para convertir los ideales, los sueños en cotidianeidad. Shalam
الشباب سعيد لأنه يمتلك القدرة على رؤية الجمال. من يحتفظ بهذه القدرة لا يشيخ أبدًا.
La juventud es feliz porque tiene la capacidad de ver la belleza. Cualquiera que conserve la capacidad de ver la belleza jamás envejece.





1imagen…el propietario del exozurron esta en el cine de antes… titulo de la pelicula «autoflagelacion»……..
2imagen…el propietario del exozurron esta en el cine de antes…
titulo de la pelicula «autoflagelacion»…
3imagen…el agua ha desaparecido del paraguas y del deposito de plastico…
4imagen…una puerta en medio de la calle…..
5imagen…lo que mas me interesa son las seis columnas a lo cariatides griegas que soportan al portico…..
6imagen…desnudo con dientes vs desnudo con espada….
PD…extraños dias….the doors..1967…ninguna puerta viva el campo…sonrisa…
https://www.youtube.com/watch?v=AgHaGrZkkv4&list=RDAgHaGrZkkv4&start_radio=1
1) Girasoles que podrían aparecer perfectamente en «Los sueños» de Akira Kurosawa. Casi el testamento del gran director japonés. 2) Los girasoles en un hipotético sueño se convierten en serpientes que persiguen al joven para que la autoflagelación sea flagelación. 3) Arte povera que está muy lejos del Povera. Símbolos llenos de contenido que parecen lamentos en la era del consumo. 4) Típico arco ojival árabe. Singüenza es mora. Así se titularía la canción de cualquier grupo punkarra de los 90 si es que había punks en esa época. 5) Cariátides que recuerdan a las épocas del arte corintio..jajaja.. para ir más allá. 6) Suena Wagner a todo volumen. El mundo se convierte en épica romántica. PD: Bonita animación. Recuerdos a Meliés. jajaaj