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Un Camino. Día 37 (1)

May 2, 2026 | 2 Comentarios

Dejo a continuación un nuevo avería dedicado al Camino de Santiago, realizado el pasado verano. En esta ocasión, debido a la intensidad de este día en concreto, me ocuparé de la primera parte de la jornada 37. En breve, lo haré de la segunda. ¡Ahí voy!

Un Camino. Día 37 (1)

Jueves, 21 de agosto

No ha amanecido todavía cuando, como suele ser costumbre, me despierto en el albergue de Tardajos. Tras disfrutar de un humilde pero suculento desayuno que, por supuesto, agradezco, me siento en una silla cerca de la puerta y contemplo cómo, poco a poco, van saliendo los peregrinos. Unos enrollan su saco de dormir en la mochila, otros cuidan de sus pies antes de calzar sus botas y los hay que no miran atrás. Saludan sordamente e, instantes después, desaparecen entre las callejuelas.

De los italianos me despido como un viejo conocido. Del belga con el que tomé una cerveza ayer, como si fuera un viejo amigo. Me alegró mucho saber que no tiene una fecha definida para completar su ruta. Eso le permitirá perderse y transitar rutas que, de otro modo, no podría conocer. Casi todos los peregrinos con los que me cruzo muestran cierta contrariedad cuando les pregunto la fecha de fin de su viaje. La mayoría están exultantes, contentos por realizar el Camino, pero tan solo disponen de una o dos semanas o deben volver en septiembre para reincorporarse a su trabajo. Así que, por un lado, desprenden alegría y, por otro, cierta tristeza. Los hay que lo tienen más que asumido y transmiten paz y entereza, pero a otros se los ve sufrir. Han conectado con ellos mismos como pocas veces antes, pero deben regresar a sus obligaciones cotidianas.

Los contemplo a todos marchar mientras me pregunto dónde dormiré hoy. No tengo nada preparado. Buscaré, por supuesto, algún albergue de donativo. Según mi experiencia, son los mejores, los más auténticos. Es cierto que, tras pernoctar en Tosantos o Grañón, un pequeño refugio como Tardajos puede saber a poco, pero no he venido al Camino a exigir, sino a descubrir, mirar, ver, cerrar alguna herida, caminar más ligero, tal vez también más fuerte. Así que, cuando vuelvo a la ruta, mis sentimientos son de agradecimiento hacia el par de hospitaleros que nos acogieron.

Pronto, tras atravesar el río Urbel, llego a Rabé de las Calzadas. Un trayecto realmente sencillo pero que, en otros tiempos, era bastante dificultoso. Cuando llovía, el río Urbel solía desbordarse y enfangarlo todo. Así que para recorrer la vía que une a estas dos localidades separadas por apenas dos o tres kilómetros había que prepararse para caminar entre charcos de barro que hacían que los viajeros parecieran almas en Cristo al detenerse. No es ese, por supuesto, mi caso. Estamos todavía en verano y la tierra posee una dureza casi rocosa. Se encuentra llena de costras, de heridas cicatrizadas. Así que llego a Rabé sin una sola mancha en la ropa.

Rabé es una preciosa población por la que paso raudo, aunque no puedo evitar detenerme a contemplar desde fuera, la ermita de Nuestra Señora del Monasterio. Tras partir de allí, compruebo con calma que, definitivamente, estoy en Castilla. Ante mí comienza a extenderse la célebre meseta. Largas rectas de camino sin apenas vegetación, rodeadas por todas partes de inmensas extensiones de cereales.

La quietud es total. Alguien podría gritar a varios kilómetros y podríamos escucharlo. La sensación es de soledad absoluta. Yo, como peregrino, tengo la impresión de que voy a comenzar un exilio interior. Una prueba importante. No me extraña que muchos peregrinos opten por saltarse la meseta. Caminar por sus senderos es duro, arroja pocos regalos. La meseta invoca sufrimientos interiores, pero yo no me la saltaría por nada del mundo. Debo atravesarlos, superarlos, tal vez profundizar en ellos.

Ahora más que nunca la peregrinación se vuelve trabajo, tal vez también castigo, pero es aquí también donde se abre la posibilidad de redención. Los pecados y recuerdos de nuestras malas acciones pesan más que nunca. Los peregrinos nos convertimos durante varios días en Sísifo, pero, a diferencia del rey de Corinto, nosotros sí tenemos la posibilidad de arrojar la carga que portamos si continuamos andando.

Se le atribuye (tal vez falsamente) al alquimista Nicolas Flamel (de quien la leyenda asegura que realizó el Camino en el siglo XIV para intentar desentrañar El libro de las figuras jeroglíficas o de Abraham el judío) una frase que reza así: «Se muere en Castilla y se resucita en Galicia». Eso es realmente lo que comienzo a sentir. Que en Castilla moriré. Otro modo de verlo. Podría sugerirse que la Meseta es, en cierto sentido, una metáfora del calvario interior del peregrino. Ya en Galicia vendrá, como sugería Flamel, la resurrección.

En fin, abrumado por el desnudo paisaje que se abre ante mí, pincho música. Como ayer, hoy la banda sonora vuelve a ser Franco Battiato. Es obvio que las composiciones del artista italiano son una banda sonora ideal para esta ruta. ¿Existe una canción mejor que “Nómadas” para describir lo que los peregrinos experimentamos camino a Santiago; todas esas búsquedas internas que llevamos a cabo que, de tanto en tanto, vemos también reflejadas en los paisajes visitados y los colores de los cielos y montes?

Sí. Aunque parezca mentira, la hay. Suena, de repente, en mi aparato y me deja KO. Pertenece también al cantautor italiano, se encuentra en el álbum Nómadas y su título no puede ser más claro y simbólico: “La vía láctea”.

En realidad, el tema no hace referencia concreta al Camino de Santiago, sino a un viaje intergaláctico. Una tripulación accede a un satélite artificial que la conduce a Sirio y allí se reúne con un equipo experimental para realizar un largo viaje. Obviamente, la canción tiene más de cómic de ciencia ficción que de ruta peregrina. Pero no importa.

Battiato era un genio y, como todos los genios, sus canciones tenían varias posibles lecturas y estructuras. El viaje que protagonizan los astronautas de la canción es también espiritual, casi alquímico. Es una travesía en cierto modo comparable a la que realizaba Ulises en La Odisea siglos atrás. Así que yo no dudo en apropiármela. En el momento en el que la escucho, se convierte en otro himno del Camino. La hago mía. Para mí, (sólo para mí), los versos de Battiato, “seguimos cierta ruta en diagonal por la Vía Láctea”, hacen referencia a todos los viajeros que buscamos un ideal, un tesoro espiritual que tal vez se encuentre en Santiago o tal vez no. Pero da sentido a nuestro viaje y a nuestra vida.

Vuelve a hacer calor pero no es tan hostigante como el de días atrás. Así que el ascenso hacia el valle de Hornillos resulta ser muy agradable. También, por supuesto, la bajada por Matamulos y el río Hormazuela que conduce a Hornillos del Camino. Otro pueblo que huele a Castilla por todos los costados y parece detenido en el tiempo. En sus calles reina un silencio hondo, cuya profundidad penetra los oídos del viajero. Aunque, como es mi caso, uno solo se detenga un instante para tomar un café. Mientras lo saboreo, no puedo dejar de imaginar la presencia de viejos espíritus tras las esquinas y calles de este pueblo que recibe su nombre por la presencia de minúsculos hornos comunales en sus orígenes y haber crecido e identificado su destino como parte de la ruta jacobea.

Hoy me encuentro realmente bien y camino con ligereza. Por eso, la interminable meseta de cereales que se extiende ante mí se me antoja un paisaje infinito lleno de buenas nuevas. No es un reto sino casi una bendición transitarlo. Llevo varios kilómetros sin cruzarme con peregrinos y eso me da paz. Vuelve a hacer el Camino más personal, más íntimo. Un reto entre yo y el Mundo, una conversación entre yo y Dios.

Los incendios que asolaron varios tramos del Camino leonés y el gallego días atrás han disminuido, no cabe duda, la afluencia de viajeros en la ruta y los dueños de los bares y restaurantes a los que les comento este hecho, se lamentan de su ausencia. A los seres humanos nos cuesta entendernos. Otros años, las quejas venían por la masificación. Este por la deserción. Yo no juzgo. Sólo camino. Nunca puede ni ha de llover a gusto de todos.

A decir verdad, continúo mi viaje con más confianza si cabe porque leo en el móvil que ya se han despejado las rutas que se encontraban cerradas por el fuego y la ruta jacobea vuelve a estar casi al completo transitable. Como decía Gustavo Cerati en Magia, una de sus célebres, deliciosas canciones «Tal vez parece que me pierdo en el camino/ pero me guía la intuición. Nada me importa más que hacer el recorrido/ más que saber adonde voy. (…)Hoy, el viento sopla a mi favor/ Voy a seguir haciéndolo. (…) El Universo conspira a mi favor/ y es tan mágico».

La meseta posee un aura un tanto desoladora pero a mí, vuelvo a repetirlo, me parece balsámica. Camino con la mente puesta en la vía láctea, en vías internas. Hay momentos en los que pienso que podría estar perfectamente horas sin ver población alguna y me daría igual. Los pueblos serían, en cierto sentido, espejismos, nieblas por las que pasearía como un fantasma. No hay, en cualquier caso, que exagerar.

Tras hora y media de caminata llego ahora a Hontanas. Otro pueblo que parece surgir de las entrañas del Medievo. Una deliciosa postal antigua por la que me desplazo con el ánimo alto. En una de las guías que sigo durante mi ruta leo que por aquí también pasó Domenico Laffi. En el siglo XVII, cuando el sacerdote boloñés conoció la población, los lobos solían amenazarla y los pastores levantaron un muro para proteger sus cabañas. Nada que ver lógicamente con lo que ocurre ahora donde el mayor peligro tal vez sea la posible mala educación de los turistas y viajeros.

Prosigo mi ruta, tranquilo y al mismo tiempo entusiasmado. Battiato suena al máximo volumen. Sus canciones siempre me gustaron pero aquí, en medio de la ruta jacobea, adquieren connotaciones novedosas, muchas me conducen por territorios que apenas había entrevisto. De repente, Battiato se convierte en mi amigo, un compañero curioso y un profesor que me ayuda a centrarme más en mí mismo y las maravillosas paradojas de la vida. Caminar con él es parecido a volver a la escuela pero hacerlo en total libertad. Los maestros han dejado de examinarme. Se han vuelto compañeros que me guían a veces y otras sonríen y comparten sus conocimientos. Ahora todos estamos al mismo nivel.

Camino, sí, ensoñiscado. Tanto que no me doy cuenta de que me estoy acercando a unas ruinas hasta que me doy de bruces con un enorme arco en medio de la carretera. Horas atrás, leí que cerca de este lugar había un albergue de donativo pero no estoy seguro de quedarme allí. Lo más probable es que lo haga en Castrojeriz. No obstante, voy a poco a poco tomando conciencia de la monumentalidad del lugar y mi rostro refleja un asombro total. ¿Qué es eso que estoy viendo? ¿Esto es real? ¿Estoy dentro de una novela?

Podría perfectamente estar dentro de un libro. Ante mí se abren en todo su esplendor unas columnas, arcos, estructuras que fueron parte del monumental convento de San Antón. Miro con asombro a mi alrededor y, en ese mismo momento, tengo claro que me quedaré a dormir allí. ¿Cómo no? Durante uno o dos minutos apenas puedo hablar: ¡Qué maravilla de lugar! Parece que me encuentro en Roma o en un pueblo perdido italiano. Estas ruinas podrían perfectamente aparecer en cualquier filme de Tarkovski. Pienso concretamente en Nostalgia. El director ruso habría rodado escenas aquí de una belleza y trascendencia sin igual para transmitirnos sus secretos mensajes sobre el fin de las religiones y el humanismo.

Pronto, me dirijo al hospitalero. Un italiano, Antonino, joven, calvo y fuerte, que transmite sensibilidad por todos sus poros, y lleva varios años ejerciendo su labor allí. Es uno de los hospitaleros fijos de este suntuoso lugar. A veces pasa temporadas largas recibiendo a los peregrinos. Me comenta que no hay electricidad y, por tanto, tampoco agua caliente ni posibilidad de cargar el móvil. Y, a continuación, se me queda mirando fijamente. Yo no pongo objeción alguna. Al contrario, eso es lo que busco, una experiencia auténtica, casi medieval. Una inmersión total en medio de esas ruinas que desconocía hasta el día de hoy.

Casi sin dejarme terminar, al momento, Antonino me da un abrazo con toda su alma que me descoloca por su afectuosidad y la entrega que pone en el mismo. Lo hace con tanto vigor que no puedo evitar pensar en el espíritu de los antiguos cristianos. Supongo que así debían actuar, siglos atrás, cuando alguien les solicitaba ayuda: abrazando con toda su alma al viajero para hacerle saber que es bienvenido. Ese abrazo certificaba que quienes allí se encontraban eran más que amigos. Eran hermanos. Iban a compartir la comida, el vino y el agua como se hace en familia.

Dejo mi mochila en la única habitación que hay en el albergue y, por supuesto, me dedico a disfrutar del lugar, a sentir su energía, contemplando los arcos y muros del antiguo monasterio (que aún siguen en pie) como si fueran reliquias llenas de secretos y mensajes que debo comprender, que estoy obligado a conocer. ¿Es esto real? Supongo que para quienes han convertido el Camino en un estilo de vida, estas ruinas serán parte de su cotidianeidad, pero para mí que no sabía de ellas, son un hito, un misterio que me propongo explorar. Afortunadamente, tengo todo el día para ello.

A veces un día basta en el Camino para experimentar el Absoluto, saborear un trozo de eternidad. Shalam

احذر من الرجل الذي لا يقرأ إلا كتاباً واحداً

Teme al hombre de un solo libro

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen…el artista ya ha mirado las escaleras del entorno (magnificas) para conocer a que o quien mira el espectador….una fantasia sobre el arte….(significado, materiales y lo que opina el que lo mira)…arthur coleman danto….
    2imagen…ejemplo claro de actividad geometrica (buzon,puerta, luz, linea, cartel(casa de dos caminos), contador de electricidad y horario…
    3imagen…coqueta hermita y entorno (no le falta de nada)…jajajj
    4imagen…los sisifos anonimos….(alemania años 30…)
    5imagen…batiatto es la luz del campo de las estrellas , trascendente…
    6imagen…holy war 1985 portada de tuxedomoon…
    7imagen…mas ajuntaditos que nunca todos contra el lobo…
    8imagen…chillida queria una montaña en las islas canarias para construir un espacio dentro de ella (absolutamente contemporaneo esta carretera bajo el arco…
    9imagen…de acuerdo con nostalghia de tarkovsky…top, top, top…
    10imagen…dos plantas una puerta y dos ventanas, lo celestial parece que ha desaparecido….
    PD…y aparece la «flash light»…george clinton…funkadelic…
    lo mas parecido a zappa en version funk…jajajj
    https://www.youtube.com/watch?v=BoOoKY1anpY
    PD2…lo ultimo de banksy es puro pasado, presente, futuro…el terraplen donde van descargados «los olvidados»…(a oscuras)

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Incluso aquí resuena Venecia. Lo monumental mágico incluso en lo antiguo-perdido. La magia eterna. Poco hay que decir más que tópicos y tópicos: eternidad. 2) Sencillez y simplicidad. Patio de colegio, albergue, dependencia. Todo simple. La España de la infancia. 3) Todo bonito y hermoso. Cuentan que allí dentro hay una monja muy amigable cuyas palabras dejan poso al peregrino. 4) Manierismo del gesto y el escorzo. Pienso en el Laooconte sisificado. Edipo castigado. Deberes. 5) El profesor elegante que te dice lo mucho que le hubiera gustado ir contigo al Camino. 6) jajjaj.. sí. holy war. Yo aquí veo a un nibelungo enfrentándose a un terrible dragón.. suena Wagner..jajaj 7) Heidi… pero en España y el Camino..jajaja 8) Una sensación de maravillosa sorpresa eterna. El momento en el que ya directamente el Camino me tumbó para siempre. 9) La construcción de la eternidad total. Esto nunca morirá. Ruego a Dios porque nunca muera. Pero si muere Dios.. morirán estas ruinas.Todo. Qué nostalgia. La posmodernidad es un asesino cruel y frívolo. 10) Lo que queda del mundo antiguo. Dos paredes rotas. Ahora el mundo es una wifi. PD: maravilla bailable y funk. Dum.. dum.. dum.. banksy.. ya con identidad sabida ¿no es obvio? ¿Quedará dentro de cien años?

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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