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Un Camino. Día 20.

Oct 17, 2025 | 2 Comentarios

Dejo a continuación un nuevo avería dedicado en esta ocasión al Camino de Santiago que recientemente realicé. En esta ocasión, me ocuparé del día 20. ¡Ahí voy!

Un Camino. Día 20.

No ha amanecido aún cuando comienzo a subir unas pronunciadas cuestas que me alejarán de Sarsamacuello.

Hoy mi ánimo ha cambiado radicalmente. Me encuentro fuerte. La temperatura es liviana. Ideal para caminar. Mi espíritu respira jovialidad y disfruto mucho la subida por terrenos montañosos que poco a poco ofrecen unas deslumbrantes vistas del paisaje aragonés. Concretamente, hoy tengo la impresión de que todo está por hacer. Esa es al fin y al cabo una de las grandes promesas del Camino. La posibilidad que da a los viajeros de reconstruirse. «Mi vida no ha concluido. Aún queda un nuevo paso que dar. Un nuevo paraje que conocer. Una nueva persona con la que compartir unas palabras». El pasado, al fin y al cabo, ya no se puede modificar. Lo único que se puede hacer es estar en paz con el mismo.

Creo que, en realidad, los peregrinos  no hacemos el Camino por falta de fe. Lo hacemos precisamente porque aún guardamos un rincón para ella. Porque nos negamos a perderla y en muchos casos deseamos volver a colocarla en primer lugar. Queremos convertirla de nuevo en faro de unas vidas generalmente adormecidas por el consumo, la televisión y los deportes masivos. Todo peregrino anhela algo al emprender la aventura que sabe que le pertenece, que reconoce como suyo. Ocurre que el Camino, (esa es al menos mi experiencia), no nos entrega lo que no teníamos. Nos recuerda quién somos. Saca a la superficie ciertas habilidades y pensamientos. Entre ellas, por supuesto, esa parte nuestra que desea fervientemente creer, reír, vivir, respirar puro, comunicarse frente a frente y sin ambages con otros seres humanos.

Supongo que muchos peregrinos comienzan a caminar para crecer. Cambiar una situación que no les gusta, ahondar en los misterios de nuestra existencia y lograr que su alma reviva. ¿Encontraré lo que busco? Creo que esa pregunta se la han formulado prácticamente todos los peregrinos en algún momento de su ruta.  Si he de decir la verdad, creo que el Camino no nos da nunca exactamente lo que buscamos sino lo que realmente necesitamos. El camino es en gran medida como la Zona que aparecía en Stalker, el filme de Tarkovsky. Elimina lo superfluo y ataca justo en las debilidades que debemos fortalecer. Repito. No nos da lo que creemos que necesitamos sino lo que realmente necesitamos. En realidad, llegar a Santiago es la excusa. No el objetivo. No es  un ideal. Es el pretexto.

Pienso en ello cuando, aproximadamente a los cuatro kilómetros de marcha, me encuentro con los restos de la ermita de San Miguel y me acerco a contemplar sobre una amplia colina la torre del castillo de Marcuello y la iglesia que se encuentra a su lado. Hay allí unas vistas impresionantes que no puedo evitar disfrutar como un niño. Aunque obviamente el rey Sancho no decidió levantar esta fortaleza por motivos estéticos sino militares. Desde aquí se otean kilómetros y kilómetros de sierra aragonesa. Los guerreros podían vislumbrar perfectamente a sus enemigos a lo lejos. Yo sin embargo no oteo hoy peligros sino que percibo la grandeza de la naturaleza. Si estos montes y campos no fueron forjados por Dios, ¿Por quién? ¿Por el Big Bang? Abro mis pulmones y exhalo vida. ¡Es un momento de dicha, de plenitud!

Prosigo mi ruta. De momento la temperatura acompaña. El cielo se encuentra nublado. ¡Una bendición en verano! No tardo en poner música. Folk norteamericano. Byrds, Bob Dylan, R.E.M, The Del fuegos. Es precioso caminar por valles, recovecos pedregosos y senderos montañosos que la luz del sol ilumina con resplandores llenos de vida mientras se escuchan voces poéticas que hablan de desamor, búsquedas, encuentros fortuitos. En definitiva, de la vida, de los diferentes senderos por los que nos conduce la vida. Muchos inesperados, algunos productos del destino, casuales o aparentemente azarosos y otros marcados por la llama de la fatalidad.

Soy consciente de que muchos peregrinos aman caminar totalmente en silencio. Mi manera de resolver esta cuestión es simple. Si camino totalmente solo a veces escucho música, otras lo hago en silencio. Si me cruzo con un aldeano o un peregrino bajo totalmente el volumen. Cuando se aleja, vuelvo a lo mío. Si camino en compañía, por supuesto, desconecto mi aparato. No deseo molestar a un solo peregrino. Pero tampoco quiero perder la posibilidad de recorrer hermosos parajes escuchando los gloriosos temas de Leonard Cohen, Batiatto y demás monumentos musicales. De momento no he tenido compañía. Pero soy consciente de que pronto llegará y muchos peregrinos se sentirán aturdidos si escuchan música. Así que voy preparándome. Pero mientras tanto, continúo a lo mío. Mezclando naturaleza, poesía, serenas guitarras y áridos terrenos. Aragón se recorre mejor escuchando la rugosa voz de Dylan y la suave de Michael Stipe.

Hoy lunes 4 de agosto me siento luminoso. Pleno de conciencia. El paisaje es esplendoroso. Camino al fin con un ritmo adecuado. Como consecuencia de ello, después de recorrer lleno de dicha varios kilómetros bordeando el barranco de Forcallo, llego mucho más pronto de lo que hubiera pensado a la Estación de Santa María y la Peña. Allí espero pacientemente que abra el único bar (El Carmen) y pienso dónde culminar la etapa.  A estas alturas, la aldea de Sarsamacuello comienza a ser un denso recuerdo en la memoria de este viaje. También mis remordimientos de conciencia se han ido. ¡Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra!

En realidad, hoy mi única preocupación tiene que ver con mi fecha de llegada a Santiago y Finisterre. Si bien he decidido tomarme el Camino con tranquilidad (darme días de descanso y caminar sin prisa) también es cierto que tengo una fecha de vuelta. Idealmente debería llegar a Compostela el 31 de agosto y a Finisterre el 4 de septiembre porque el día 22 de septiembre una amiga (Belén Vera) inaugura su galería de arte (Efímera) en Murcia. Me ha encargado además el texto introductorio de la primera exposición y no puedo fallar. Entre medias, debo volver a Barcelona en avión donde volveré a montar en bici rumbo a La Manga. Quiere esto decir que tampoco puedo dormirme en los laureles. Puede que la llegada a Santiago sea un pretexto pero también es un desafío. Así que mientras saboreo un café con leche decido proseguir hacia Santa Cilia de Jaca.

Antes, no obstante llamo a su albergue. Allí me responde su responsable: Chose. Un hombre muy amable que se percibe al momento tiene empatía con los peregrinos y ha recorrido el Camino como hay que hacerlo. Con el corazón abierto, si prisas, con el ánimo del buscador. Atento a las señales.

Son aproximadamente las 12 de la mañana y Chose no tiene dudas. Me sugiere que descanse en Ena. Los kilómetros que hay entre Ena y Santa Cilia son durísimos. En este último albergue además ofrecen cena. Sería una lástima que me la perdiera. Me aconseja no tener prisa y esperar a las llanuras del Camino francés para intentar doblar etapas y realizar todo ese tipo de (a estas alturas) típicas hazañas peregrinas.

Tomo muy en cuenta su consejo. Pero soy terco (no conozco al fin y al cabo el terreno) y me digo a mí mismo que debo llegar a Santa Cilia. Dos factores sin embargo juegan en mi contra. El trayecto hacia Ena es duro. Hay que subir. Hay que recorrer terrenos pedregosos. Hay que esforzarse. Hay que luchar. En un momento dado me pierdo en el bosque y tardo casi media hora en volver a la senda adecuada. Otras veces cruzo por  senderos inhóspitos en los que casi resbalo. Por otro lado, ha salido el sol. Cuando apareció este lunes, al principio me dio alegría. Luego paz, más tarde calor y ahora se ha convertido en un enemigo que me persigue, que me espía, que no me deja caminar con soltura.

El sol y las cuestas convierten la llegada a Ena en una batalla. Casi en una guerra. El sol me hiere, me hace daño, me perturba pero resisto en pie. Lleno de sudor, casi sin agua, apretando los dientes llego finalmente al pueblo de Ena absolutamente descompuesto. Pero no deseo rendirme. Tampoco quiero perderme. Por las calles no hay nadie. ¿A quién preguntar? De repente aparece una joven aldeana. Rápidamente le pregunto por dónde continúa el camino hacia Santa Cilia. Me lo señala y aprieto los dientes. Son las 4 de la tarde.

Debo tener mal aspecto porque la muchacha se vuelve hacia mí y me pregunta si no prefiero descansar en el albergue. Le pregunto dónde está y me señala una casa rural que se encuentra a cien metros. «No tienes que llamar a nadie», me dice. «El buzón está abierto, coge la llave y tú mismo puedes dejar el donativo y sellar la credencial». La miro con agradecimiento. Como si fuera un ángel. Luego vuelvo a contemplar el pedregroso camino que se abre a Santa Cilia. Siento el sol en mi rostro. Ardiendo. Matando. Quemando. El sol es mi enemigo. Me confronta. Me reta. Es un adversario demasiado poderoso y decido finalmente entrar al albergue. Pienso en Choe. «¡Ya tendrás tiempo de doblar etapas!».

El albergue de Ena es mágico. Maravilloso. Uno de los mejores en los que he estado. Limpio, bien cuidado y decorado con gusto. Dan ganas de quedarse a vivir allí. Vuelvo a estar solo y tras ducharme aprovecho para continuar escribiendo mi diario. Voy con retraso. Pero no me siento culpable. Hago lo que puedo. A veces basta con hacer lo que uno puede. Caminar. Eso es más que suficiente. En el Camino no hay héroes. Sólo seres humanos. Ni más ni menos. Seres humanos.

Antes de dormirme leo el libro de visitas y compruebo que aquella pareja que caminaba con su niño pequeño se albergó el domingo aquí. Sus palabras rezuman cordialidad. Yo soy más escueto. En los albergues donde me siento cómodo (y éste sin dudas es uno de ellos) únicamente escribo «Muchísimas gracias» y luego firmo. Ya me extenderé en averíadepollos si es necesario. Shalam

في الظلام يعمل الخيال بشكل أكثر نشاطًا منه

           En las tinieblas la imaginación trabaja más activamente que en plena luz

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….exoesqueleto en el dia 20….
    2imagen…este exoesqueleto se le regala al stalker de tarkovsky…
    3imagen…no sabemos lo que va a pasar …lanzamos una tuerca con cola de tela ella es nuestra vanguardia….
    4imagen….el cerro de las aguilas…..
    5imagen…esta mañana justo he leido que el idolo de dylan es john prine….en la posdata te dejo su country u.s.a …..
    6imagen…the long and winding road…1970…
    7imagen…me dijeron que la pared de la izq era «a la piedra seca» toda una revelacion en la construccion campesina…..
    8imagen…dos huecos con puertas, pongo cuatro mas…en la cara opuesta pongo 6 huecos con puertas….y en la base de la estructura varios colchones….
    PD…https://www.youtube.com/watch?v=U6cagWYTGCY&list=RDU6cagWYTGCY&start_radio=1
    john prine..angel from montgomery….1971…sentado en el sofa del motorista…….

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Reptil marciano andando por Aragón pensando que podría ser la luna. 2) Reptil reconociendo al fin que Aragón no es la luna. 3) Tres escritores rusos observando consternados la destrucción de la literatura realizada por el posmodernismo. 4) Paisaje de plenitud. Donde desaparece el dinero. 5) La mirada de desprecio de Dylan dedicada a los dylanistas..jjajaj.. 6) El lugar ideal para escuchar una canción de Supertramp y magos celtas.. jajaj.. doble jajajaja.. 7) Parece el pueblo de los pitufos. Maravilloso. 8) Casa donde Jorge de Oteiza se hubiera sentido a gusto. PD: Me gusta John Pryne. Es puro Dylan. Más Dylan que Dylan…jajjaja La sinceridad de Dylan.. Un Dylan obrero…

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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