Radio Futura; el porvenir del ritmo
Dejo a continuación, un artículo previamente publicado en el nº 31 de la revista El coloquio de los perros. Pasan los años y el misterio y magia que...
No soy muy amigo de las comparaciones, pero a veces permiten ajustar mejor el tiro. Ayudan a explicarnos mejor. Por eso para hablar de Eddie Van Halen, lo haré también de las sensaciones que me provocaban determinados rockeros durante mi infancia y adolescencia. Blackie Lawless era alguien peligroso. Creía que podía transformarse en un animal en cualquier momento y celebrar un ritual mostrando mis vísceras al público. Lo admiraba pero prefería obviamente tenerlo lejos. Nunca me hubiera atrevido a comer con él porque hacerlo, hubiera sido casi como acceder a una cámara de los horrores. Tony Iommy era también alguien imponente. Siempre lo imaginé como una especie de conde parco en palabras, recorriendo un castillo donde realizaba todo tipo de actos prohibidos. No me producía el mismo pavor que Blackie pero sí que me imponía bastante respeto. Ozzy Osbourne era como un demonio juguetón. Me caía genial pero no veía factible comunicarme con él porque percibía que siempre estaba haciendo gamberradas. Lo mismo podía orinar en el cuarto de estar que ponerse a beber alcohol al mediodía o aparecer desnudo en medio de una cena formal. Era alguien imprevisible con quien reír pero con el que, al mismo tiempo, guardar cierta distancia por salud mental. Dee Snider era como el actor de una película de terror. Vivía en su propio mundo fantástico y resultaba muy difícil entender sus códigos. Y David Lee Roth, desde luego, era una estrella. Sabía que nunca podría charlar con él porque en el tiempo en que yo iba al colegio y merendaba, se había comprado un Ferrari, se había follado a una rubia en la mansión Playboy y había comenzado a escribir el guión de un musical.
Por el contrario, Eddie Van Halen parecía mucho más accesible. Comprendo perfectamente el profundo dolor que aun continúan experimentando muchos de sus seguidores porque era como un amigo para todos nosotros. Era parecido a esos colegas con los que pasábamos las tardes tomando cerveza, escuchando discos y viendo alguna peli. Alguien que no hacía alarde de su maestría con la guitarra y que cuando tocaba en su cuarto algún tema para nosotros, a pesar de hacerlo de forma extraordinaria, mostraba cierta timidez.
En definitiva, creo que a todos se nos encogió el corazón hace una semana porque teníamos la impresión de que se nos iba un colega. Un ser próximo. Un músico que no deseaba más que pasar un buen rato y divertirse. Algo que muchos critican pero que yo encuentro muy loable. De hecho, creo que a ese hecho en concreto se debe el que transmitiera tanto buen rollo sobre el escenario y, a pesar de ser considerado un genio a la altura de Hendrix, con una personalidad y estilo únicos (no existe una sola versión llevada a cabo por Van Halen que no suene a Van Halen o no parezca ser una composición suya) era capaz de poner su instrumento al servicio de los temas que interpretaba, al contrario que muchos de sus discípulos; siempre deseosos de lucirse y destacar.
Debo confesar por otra parte que, aunque Van Halen eran sinónimo de fiesta y de sábado y lograron convertir cada una de sus actuaciones en un monumental espectáculo, siempre percibí cierta fragilidad en su música. Sobre todo, cuando Eddie plantaba sus manos en un piano y enchufaba los sintetizadores. Una pequeña fractura, apenas distinguible, en medio de tanta alegría y exuberante vitalidad que me hacía experimentar una leve y difusa tristeza al escucharlos.
De hecho, si de algo estaba plagado el disco que más me gusta de su etapa con el antiguo vocalista de Montrose –Ou 812– es de canciones. Prueba de que Eddie no sólo fue un excelente guitarrista sino que también fue un gran compositor. Alguien capaz de captar y reflejar elegantemente el espíritu del capitalismo y los anhelos de cientos de miles de norteamericanos en melodías que eran ideales para pasear por la playa, tomar cocktails, acceder a Casinos y enamorarse. Disfrutar de la vida en definitiva. Algo que, a lo largo de nuestras existencias, decenas de políticos, profesores y acomplejados críticos han intentado negarnos con saña y que algunos hemos logrado experimentar en determinados momentos con mayor intensidad de la habitual gracias al inigualable e inimitable sonido de su guitarra. Esa estrella nocturna capaz de transformar un clásico del blues en bailable, un viejo tema de los 60 en un torbellino rítmico y el A.O.R. en funk melancólico y pegadizo. Shalam
1ºimagen: …maxima energia, alegria y juventud electrica…………….
2ºimagen: ……la juventus de turin, el castellon y el cartagena f.c…….tambien «un condenado a muerte se ha escapado»1956 cuando dos de los barrotes de la camisa se separan……..
3ºimagen:…mira lo que se hacer blanquito……(quiza robe bryant)…(quiza bobby macferrin)….
4ºimagen:…7 puntos y un rayo rojo y yo de negro (catafalco y oro)
5ºimagen:….5 puntos rojos y os estoy dando una descarga que lo «flypais»…..(ese seria el pensamiento de eddie)…………
6ºimagen:…..»dos hombres y un destino»1969……….
……ya sabes que no es lo mio el hard pero me uno a tu homenaje…. recuerdo a «y la nave va»1983…….
Buenísimo comparar los colores de la segunda foto con los de la Juve, Cartagena. Lo de condenado a muerte ya es de nota. Tercera foto Jaaaa… aunque lo veo más como amistad que como desafío entre blacos y negros. Muy buena idea también la de dos hombres y un destino y la decarga que fripa la gente……. el hard el soul el heavy el Aor el blues el jazz el funk el pop todos los estilos tienen sus genios y sus cosas buenas y malas. Eddie era grande más allá de estilos. Es sano despedirse de él para quienes con mayor o menor medida disfrutamos de sus discos.