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Supermercado caníbal

Ago 22, 2022 | 2 Comentarios

Dejo a continuación un avería sobre Dawn of the dead, el filme de George A. Romero. El cual recomiendo leer escuchando el tema principal de la banda sonora de Goblin, llamado precisamente «Dawn of the dead».

Supermercardo caníbal

Supongo que, incluso en un década tan llena de impactantes obras cinematográficas como la de los 70, Dawn of the dead tuvo que provocar un terremoto en la conciencia de muchos espectadores. Lo digo porque, vista más de cuatro décadas después de su estreno, sigue golpeando con absoluta contundencia. Sus análisis y diagnósticos continúan siendo igual de válidos y revolucionarios. No tanto probablemente (que también) por su contenido sino por la forma de rodar de Romero. Su nihilista forma de presentar los hechos. Su socarrón sentido del humor. Su actitud punk. Dawn of the dead, de hecho, es puro Ramones. A la película tan sólo le falta un tema de la banda norteamericana para ser perfecta. Creía, de hecho, que en cualquier momento iba a sonar un tema de, por ejemplo, Rocket to Russia y que los supervivientes al apocalipsis zombie se iban a poner a bailarlo en medio del inmenso hipermercado que utilizan como refugio.

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Dawn of the dead era un filme adelantado a su tiempo. Absolutamente visionario y lúcido. De algún modo, es la obra que más ha hecho porque identifiquemos el fenómeno zombi con el del consumismo al situar gran parte de la acción en un enorme centro comercial tan atractivo como tétrico, tan vacío de contenido como lleno de objetos.

Cuando Romero estrenó en 1968 La noche de los muertos vivientes, nadie sabía bien a qué se estaba refiriendo. Su obra bien podía ser una metáfora del racismo o de la violencia contenida, seca y escondida de la sociedad norteamericana. A raíz de los asesinatos de Manson, se le pudo, de algún modo, encontrar un sentido. Un lugar. Pero aún así, nada cuadraba. Una de las grandes bazas de La noche de los muertos vivientes era su ambiguedad y misterio. Nadie sabía bien qué era ese filme. Si una obra de ciencia ficción, realista o de terror. Lo que estaba claro es que, de algún modo, había tocado una fibra de la sociedad estadounidense irreconocible e indistinguible hasta ese momento para la misma. A pesar de sus diversos conflictos internos, Norteamérica era una tierra de libertades para sus habitantes. Así que la amenaza zombi era una especie de agujero negro que ni tan siquiera terminó de ser comprendida y cuajar tras los asesinatos de Manson y la deriva esquizoide de la sociedad tras el final de sueño hippie.

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Con Dawn of the dead, las dudas se disiparon. Lo que a finales de los 60 era una amenaza, diez años después era una realidad. Gran parte de la sociedad norteamericana vivía narcotizada por las drogas y la televisión y otra por el ocio, el dinero y el consumismo. Aquel idealizado bienestar de los años 50 se había convertido en pesadilla. Los medios de comunicación directamente eran terroristas mentales y el amor por el consumo se había convertido en una violenta adicción que idiotizaba a las masas. El americano medio estaba deviniendo en un individuo esquizofrénico. Temoroso respecto al gobierno y violento para reivindicar su derecho a consumir.

En medio del caos social, los centros comerciales emergían como salvoconductos existenciales. Tranquilizantes al mismo nivel que las píldoras ansiolíticas. Más que promesa de felicidad eran propulsores de insensibilidad. Catalizadores de un añorado letargo con el que frenar la intesidad de la realidad. Algo que George A. Romero reflejó de manera magistral en una película que, repito, vincularía para siempre la figura del zombi a la del individuo de masas y, más concretamente, el irreflexivo consumidor moderno.

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En cualquier caso, lo mejor de Dawn of the dead es su atmósfera. Dawn of the dead es una película que casi que se puede oler. Que desprende hedor. Y, sobre todo, posee un sentido del humor ácido que es tan lúcido como corrosivo. Dawn of the dead es una enorme borrachera nihilista. Los humanos parecen más estúpidos y anormales que los zombis. La actitud de Roger, uno de los miembros supervivientes del equipo de Filadelfia, es directamente estúpida. Absolutamente risible. Si algo queda claro en Dawn of the dead es que los zombis y los humanos no se diferencian prácticamente en nada.

Es muy poética, por ejemplo, la imagen de todos esos zombis caminando por el hipermercado porque tienen brotes, recuerdos de que entre sus gigantescas paredes se sentían bien cuando eran humanos. Un hecho que se complementa perfectamente con el comportamiento bobalicón de los supervivientes en el centro comercial llenándose los bolsillos de dinero, acaparando objetos y disfrutando como niños (a pesar de que el mundo como lo conocen está en visos de destruirse) en medio de un ambiente que invoca destrucción y marasmo.

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Hablé ayer en avería de Lucio Fulci. Me da la impresión de que para Romero los zombis eran una excusa para hablar de temas sociales. De penetrar en los tejidos nerviosos de la sociedad norteamericana. Romero utilizaba los zombis para hablar de la manipulación. Los zombis eran instrumentos políticos para él. Un símbolo con el que atacar al poder de modo tan virulento a como el poder atacaba a sus ciudadanos por diversos medios.

Fulci sin embargo sí estaba maś enamorado de los zombis. Se recreaba más contemplándolos estéticamente. Digamos que Romero era un revolucionario dispuesto a disparar a cualquiera y morir en cualquier parte y que Fulci daba la guerra por perdida. Sabía que los humanos no tenemos remedio. Por eso -aunque suene herejía- creo que (más allá de la figura del zombi) Romero tiene más que ver con John Carpenter que con Fulci. Dawn of the dead y La noche de los muertos vivientes poseen bastantes similitudes con La niebla y, sobre todo, Asalto a la comisaría del distrito 13. De hecho, las pelis de Romero son, en cierto sentido, western posmodernos y las de Fulci, carcajadas grotescas que testimonian la decadencia de Occidente con absoluto desparpajo.

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En 1968, los zombis parecían un enemigo externo, en 1978 quedaba claro que los zombis éramos nosotros. Aquel animal sin cerebro más muerto que vivo era un reflejo de nuestra psique, como, por ejemplo, ha quedado claro diariamente tras la pandemia de coronavirus y muchos otros temas en los que ya no es que exista un pensamiento único sino que está casi prohibido (o imposibilitado) pensar de modo diferente al del poder.

Dawn of the dead reflejaba perfectamente el lavado de cerebro realizado con una sociedad narcotizada por varias décadas de propaganda consumista y antisoviética. La Guerra Fría terminó provocando un pensamiento único. Una sociedad muerta incapaz de entender al otro. Dawn of the dead es uno de sus mayores testimonios sin aludir a este hecho en ningún momento. Esa es, entre otros aspectos, parte de su grandeza. Shalam

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No hagas hoy lo que puedas dejar de hacer también mañana

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1ºimagen….sin volante….prohibido aparcar….
    2ºimagen…. lado rorschach….lado ojo…lado oreja….
    3ºimagen…..»viva zapata»….
    4ºimagen….la colega mercurio……
    5ºimagen….el autor mauricio cattelan pone a una mama llevando un carricoche por la acera de una calle(una gran llama sale del carricoche)…..sigue paseando…..
    6ºimagen….boda en sicilia….el de la izq lleva el peinaico de boney m…..sonrisa….(estos si tienen la carica blanca)..
    7ºimagen….salen o entran al corte ingles….frontera….
    PD…https://www.youtube.com/watch?v=a7uBOuCjymE…..alan vega…ghost rider….el solo con la tecnologia haciendo esculturas de luz…..(eso dicen)….

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Están jugando a un extraño juego yanki. 2) La imagen del calvo no parece la de un zombi sino la de alguien de ciencia ficción. De una peli extraña basada en una novela de Topor. 3) Un western moderno de John Carpenter. 4) Acaba de comerse un pastel de nata. Bodas de plata. 5) Están mirando algo que no es normal. 6) Película de Paul Morrissey: «La novia de Frankenstein». 7) Pesadilla en el hipermercado. Escena de video de Alaska y pegamoides. PD: Alucinante Alan Vega. Toca la guitarra como si fuera un técnico de la electricidad. La hace flotar y recargar costantemente. Faro de luz.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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