La marea nostálgica
El primer disco de Stones Roses no fue un disco sino una bomba. El hype de los hypes. Era, sí, realmente bueno pero la propaganda y publicidad...
Spillane es una jugosa travesía de jazz futurista y experimental a medio camino entre la banda sonora y el ensayo vanguardista cuyas distintas piezas terminan encajando perfectamente aun de forma aleatoria e irregular. Sin llegar al violento desparpajo de esos desenfrenados exorcismos y rituales orgiásticos instrumentales a los que Zorn se ha consagrado en los últimos tiempos, tiene las justas dosis de experimentalismo para considerarlo un disco difícil y extemporáneo pero en absoluto radical si uno lo compara con esos gritos al vacío a los que acabamos de hacer referencia. De hecho, Spillane está a medio camino de sus primeros Filmworks y la desenfrenada demencia de Naked city y en este sentido, es un disco equilibrado. Una muestra refinada y elaborada de los mil y un rostros de un músico incontrolable y atrevido que estaba comenzando a demostrar de lo que era capaz. Incursionando sin miedos en ese aburrido cenagal en que se había convertido el jazz y la música seriada y de vanguardia desde la defunción y progresiva decadencia de sus grandes héroes.
A este respecto, Spillane es una especie de cinta magnética que, aunque en ciertas ocasiones gira hacia atrás vertiginosamente haciéndose incomprensible, la mayoría de las veces camina hacia delante. Desarrollando con eficiencia, entre arranques de genio y furia, desparpajo e indolencia, aquello que pretende: poner sonido a las historias escritas por el escritor norteamericano Mickey Spillane protagonizadas por el sobrio y duro detective conocido con el nombre de Mike Hammer. Un violento e irredento patriota cuyas hazañas son revisitadas en el primer tema del disco a través de innumerables acordes surreales, ilógicos y atonales que Zorn logra ensamblar magistralmente con apuntes de música orquestal, el jazz de New Orlean y el free-jazz para crear una atmósfera turbia y bohemia. Un ambiente enrarecido y atractivo ideal para rememorar las aventuras de los antihéroes de la novela negra norteamericana entre brumas de alcohol, niebla y mujeres rubias y atractivas en un local nocturno.
Creo que Spillane es el disco ideal para introducirse en la obra de este revolucionario. Un soñador radical que, desde los márgenes, ha puesto patas arriba -algo que parecía realmente imposible- el free-jazz experimental. Seguramente porque no se propuso compararse ni superar a nadie sino crear su propio camino. Y es por ello que se ha ganado un lugar entre los músicos inclasificables de nuestro era. Se ha convertido en un alocado pájaro que no tiene miedo a estampar su cabeza contra un edificio ni ensayar un canto diferente a todos los realizados por los de su especie a pesar de que su actitud pudiera suponerle ser excluido de su tribu. Shalam
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