Placeres culpables
He perdido la cuenta de los libros que tengo apiñados por leer. Pero sigo comprando de tanto en tanto. En realidad, no siento ningún agobio porque...
Teniendo en cuenta la crueldad con que se encuentra retratada la sociedad norteamericana en sus páginas, no me cuesta demasiado considerar los 300 primeros números de Amazing Spiderman (aquellos que mejor conozco) como un relato del horror en estado puro. Del horror aquel, sí, al que se refería el coronel Kurtz de Joseph Conrad producido por las naciones colonizadoras occidentales pero, en este caso, visto desde dentro. Desde el mismo lugar donde se origina el hedor y el miedo que luego sufrirán en sus carnes los ciudadanos de Irak, Libia, Afganistán o todo aquel que no se doblegue a los pies de las corporaciones imperiales; cualquier país que posea algo de extremado interés para los intereses de una nación enferma, repleta de ciudadanos paranoicos, psicóticos, tal y como nos es presentada en los cómics del trepamuros.
Ejemplos acerca de lo que digo, sobran. La extrema competitividad que se refleja en estas viñetas infecta todos sus rincones. Desde el colegio en el que estudia Peter Parker (esas aulas de donde, más tarde, surgirán monstruos, ciudadanos desafectados que protagonizarán tantas películas de terror del cine norteamericano) donde es constantemente humillado por algunos de sus compañeros y apenas encuentra apoyo humano real, hasta los villanos a los que se enfrenta Spidey que luchan entre sí por ser el más malvado y están dispuestos a todo para conseguir ser calificados como el número 1 entre los seres peligrosos.
No sé qué visión tendría un alienígena del mundo retratado en Spiderman. De esos delirantes bellacos y traidores, apasionados por la destrucción y dispuestos a todo por controlar el mundo. Pero me atrevo a sugerir que se daría media vuelta y no volvería más; que huiría espantado a la galaxia de la que procediera y necesitaría cantidades ingentes de reposo para recuperarse de lo contemplado. Tal vez incluso se preguntase si por mera casualidad había probado alguna pastilla de ácido. Porque el mundo de Spiderman es perverso a más no poder. Se encuentra repleto de alucinados, patológicos, perversos seres, a cual más peligroso, enfundados en los trajes más raros.
Por otro lado, teniendo en cuenta las duras circunstancias a las que se enfrenta, Peter parker puede ser considerado un héroe casi existencialista no muy distinto de los retratados por Don Siegel, Robert Rossen o Elia Kazan en algunos de sus films. De hecho, hoy en día, considerando la deriva social del mundo globalizado, resulta muy difícil no identificarse con él. Tal vez hace años, Peter Parker fuera un símbolo únicamente de cientos miles de jóvenes norteamericanos y canadienses, pero pienso que actualmente encarna perfectamente los problemas de muchos más (incluido los españoles). Pues, en parte, desde sus inicios, fue héroe de ese Occidente en crisis, cada vez más globalizado, que todavía no ha encontrado respuesta a gran parte de las preguntas que preocupan al hombre moderno, sometido a una progresiva pérdida de derechos y autonomía al tiempo que disfruta de todo tipo de comodidades gracias a los adelantos científicos.
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