La puerta del cielo
Soy de los que piensan que La Puerta del cielo es una obra maestra. Pero también, en parte, una obra fallida porque ni siquiera la muy mejorada...
Cassavetes se hace colega del espectador. Es muy coral. Nos invita a un whisky. Nos pide que nos relajemos y disfrutemos. Busca cómplices y no críticos. Espectadores bohemios.
Godard sin embargo es mucho más ambicioso que Cassavetes. El sí quiere cambiar la historia del cine. Improvisa, sí, pero con una dirección clara. Camina hacia un punto fijo que va apareciendo en el horizonte mientras rueda. Ama epatar. Llena su película de guiños intelectuales. Atenta contra el establishment porque en el fondo quiere ser estudiado en las Universidades. Ser el nuevo Pepito Grillo del público intelectual. Godard se dirige al cerebro. Emociona de refilón. Porque no tiene más remedio que hacerlo. Su mirada se antepone a lo que narra. A los actores y al argumento. El gran protagonista de Al final de la escapada es Godard. La ágil mente de Godard en movimiento. Cassavetes es jazz y Godard utiliza el jazz. Le importan más los signos que los símbolos y sentimientos. Tiene un ego enorme pero es muy joven y también busca divertirse. Por lo que finalmente, sí que logra transmitir sensaciones. En este caso, una alegre y oscura vitalidad que sintonizaba libremente con las nuevas maneras de concebir el cine y las relaciones sociales a principios de los 60. Shalam
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