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El final perdido

Abr 3, 2024 | 2 Comentarios

Leyendo el esclarecedor libro de Simona Zecchi Pasolini, masacre de un poeta, descubro que el final que conocemos de Saló no fue el que se encontraba previsto. No fue el que en principio fue filmado y todos contemplamos en mayor o menor medida atónitos: dos jóvenes vigilantes bailando un vals indiferentes a los gritos emitidos en un patio contiguo por un grupo de muchachos torturados y sacrificados por sus verdugos

Detrás de esa involuntaria modificación, se encuentran varias claves del asesinato del artista.

Quienes asesinaron a Pasolini sabían perfectamente no sólo lo que hacían sino dónde exactamente dar. El artista era consciente de que su vida estaba en juego. Estaba amenazado de muerte. Así que, dentro de lo posible, mantenía un comportamiento más cauto de lo habitual. Tenía sin embargo un punto débil: su amor a la verdad y al arte. Allí fue donde sus enemigos atacaron. Allí fue donde pusieron el cebo.

Varios meses atrás, Pier Paolo había experimentado rabia contenida y tristeza tras la substracción de unos negativos de Saló junto a otros pertenecientes al Casanova de Fellini y otros filmes guardados en los estudios Cinecittá. El caso es que tan sólo en las bobinas rodadas de Saló se encontraban escenas completamente originales. El resto eran copias fácilmente sustituibles. Su desaparición, por tanto, era una mera excusa para que el robo no pareciera apuntar únicamente a Pasolini. No revelara lo que había detrás.

Pier Paolo sintió esta substracción como una puñalada. Forzado por la premura del tiempo, rodó la escena final que conocemos para darle una conclusión a su filme, pero no descansó. Nunca dejó de lado la idea de recuperar aquella toma final.

Durante meses recibió de tanto en tanto algunos anónimos indicándole la existencia de las bobinas pero la entrega de las mismas nunca llegaba a concretarse. Y ese fue precisamente el método utilizado para atraerlo al lugar donde fue asesinado. Pasolini cenó la fatidíca noche junto a Ninetto Davoli y su familia en un restaurante de Roma (el Pommidoro) y al terminar, acudió al sitio preciso donde comenzaría un viaje que le conduciría supuestamente a recuperar los negativos. El resultado todos sabemos cuál fue y se encuentra perfectamente explicado tanto en el libro de Zecchi como en el de Miguel Dalmau tantas veces citado en avería.

¿Cuál era, por tanto, el final de Saló?  Pues «una escena en la que todo el equipo bailaba, incluso los verdugos y las víctimas bailaban juntos».

¿Y su sentido? La verdad es que no me atrevo a indicar nada al respecto. Aunque bien pudiera ser una hermosa sátira de lo que ocurre diariamente en la sociedad de consumo. Que las víctimas bailan alegremente en discotecas y centros de ocio junto a verdugos cuyas actitudes, corrupciones, vicios y riqueza celebran como si fueran suyos. La degeneración moral absoluta. Shalam

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2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….bici futurista, juan gris y a favor de la naturaleza viva….
    2imagen….extraordinario cubi de accion ….
    3imagen….redada de juletas y meretrices….(la corte del faraon)..
    PD: https://www.youtube.com/watch?v=ZIPDqc-zPnQ….los grouchos españoles….

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    • Alejandro Hermosilla

      1) El cubismo como un nuevo fascismo. Destrucción del sentido de la realidad a mayor inri de las idelogías. La ideología moderna. 2) La jauría de la crueldad. 3) La dolce vita de los fascistas. PD: ja.. sí.. lópez Vázquez muy groucho..

      Responder

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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