La resistencia
Mi nochevieja en la República Dominicana terminó en una casa-bar de una diabólica estética kitsch con reminiscencias a las películas de Almodóvar,...
En muchas ocasiones, esta operación me ha permitido continuar escribiendo mucho más gozosamente. La primera vez que utilicé esta técnica que en el mundo musical se conoce con el nombre de sampleado y en general con el de copy/paste o copy/cut, fue en el prólogo y epílogo del ensayo dedicado a Sergio Pitol, Las máscaras del viajero y desde entonces no he dejado de ponerla en práctica. Lo hice, por ejemplo, mucho en La risa oscura; ensayo creativo en el que copio varias frases de los libros de Mario Bellatin y las adapto a mi propio discurso y también, en El jardinero; novela en la que, entre otros muchos libros, aparecen frases de Los cantos de Maldoror o Thomas el oscuro de Maurice Blanchot. Y por supuesto que estoy utilizando este método tanto en Ruido como en la novela corta en que trabajo actualmente que, de momento, a falta de encontrar un título mejor, denominaré Ubar.
En este libro en concreto, hay pasajes extraídos de varios cuentos de H.P.Lovecraft, Sergio Pitol, Las 1001 noches y muchos textos más. Debo reconocer que no sé hasta qué punto es legítima esta costumbre. Yo creo que lo es porque a partir de estas frases, las que yo creo y mis propias ideas, construyo un texto novedoso. Eso sí, por las dudas, siempre acredito al final del libro todas y cada una de las referencias utilizadas. No, claro está, señalando la frase en concreto porque ni yo mismo, salvo en contadas ocasiones, me acuerdo de cuál fue, sino la novela que, para algunos mal pensados, fue ultrajada y que, en mi opinión, fue homenajeada. Puesto que al fin y al cabo lo que hago es introducirla en un discurso ya hecho, conversando con ella de un modo inédito. Es decir; no de la manera tradicional, leyendo pasiva o activamente, sino utilizándola como un resorte más de mi discurso, para que dialogue con la nueva historia, ayude a concretarla y se vea asimismo transformada de una forma que tal vez la amplifique y vivifique más.
De momento, sólo se me ocurre decir lo que ya indiqué al principio. Cuando me siento perdido y sin orientación escribiendo, colocar la frase de uno de mis escritores admirados me permite continuar trabajando en la narración que estoy urdiendo. Consigue que pueda salir de la parálisis, del peso de la tradición de siglos que todo escritor antes o después siente sobre sus espaldas, y que logre gozar de la fiesta de la literatura con amigos (estos grandes artistas) que vienen a ayudarme frente a la esterilidad. Contribuyendo a que otra nuevo relato salga a la luz y no quede en el limbo.
Por cierto que continuando con Piglia, acabo de leer una frase suya con la que me identifico mucho. Dice el escritor de El camino de ida: «empecé a escribir un diario a fines de 1957 y todavía lo sigo escribiendo. Muchas cosas cambiaron desde entonces, pero me mantengo fiel a esa manía. Por supuesto, no hay nada más ridículo que la pretensión de registrar la propia vida. Uno se convierte automáticamente en un clown. Sin embargo estoy convencido de que si no hubiera empezado una tarde a escribirlo jamás habría escrito otra cosa». No sé si Averíadepollos es un blog ridículo pero sí que tengo claro que, como le ha ocurrido en parte a Piglia, escribirlo me ha ayudado mucho a finalizar La risa oscura, El jardinero y seguir tramando Ubar o Ruido. Pues este blog es una especie de diario público y de no serlo, no lo escribiría por muchas razones que entiendo que será mejor desarrollar en algún otro momento. Y, desde luego, pienso que, siempre y cuando me respete la salud, lo continuaré durante décadas pues, al fin y al cabo, es ya una parte importante de mí: una especie de ceremonia litúrgica celebrada al aire libre que me permite estar en paz con el mundo en general. Shalam
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