Pequeño circo
Terminé hace unos días de leer la Historia oral del indie de Nando Cruz y tengo dos sensaciones contrapuestas. Por un lado, agradecimiento por el...
No obstante, tengo claro que esto no es problemático en absoluto para la mayoría de mis compatriotas. Al menos para quienes aun conserven su puesto de trabajo y propiedades. Puesto que una costumbre de este pueblo es bailar sobre el terreno demolido. Si España, un país que ha sufrido todo tipo de derrotas, crisis y humillaciones, se ha mantenido en pie a lo largo de los siglos, no va a llorar ni lamentarse en exceso por los hechos actuales. Estoy convencido de que los españoles seguiremos bailando sobre nuestra tumba y bebiendo y gozando pase lo que pase. Sin acritud. Algo que, en cierto modo, nos remite a un arquetipo mítico que, en gran medida, admiro. Pues creo, sí, que España nunca será derrotada porque se divierte cayendo, disfruta al estar enfangada en el barro y bebe y vive y respira por sus fracasos tanto como con sus hazañas. Es un país extremo que ahora utiliza el consumismo o el recuerdo de su reciente pasado para continuar haciendo aquello que ama: la juerga continua y la despreocupación, dando de lado a los problemas de un mundo que o se goza o se goza y no merece en absoluto que nos desvelemos y preocupemos en exceso por su conservación o desarrollo.
En fin, España es una nación que tradicionalmente ha acabado con los intelectuales y todo atisbo de razón y justicia. Se pliega a sus castigos con complacencia masoquista y vive con la misma euforia las derrotas y los triunfos. Es un país diferente. Especial. Embrutecido y culto. Que vive tanto en las riñas entre Quevedo y Góngora como en los lamentos de ambos poetas y sus goces. Y es gracias a sus contradicciones, que se considera indestructible. Los días que estoy pasando aquí, sí, me han hecho recordar algo que ya sabía: que procedo de una raza que no le importa sacrificar la conciencia y su libertad si la dejan gozar. Disfrutar. Danzar. Y mientras haya vías de escape para que eso ocurra, aquí no se levantará nadie. Por lo que quien quiera una revolución en España ya sabe lo que debe hacer: prohibir la cerveza y el fútbol. Shalam
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