Yo Claudio
Uno de los grandes méritos de Yo, Claudio, la serie dirigida por Jack Pulman, fue que permitió vislumbrar las intrigas y entresijos del imperio...
Obviamente, Roma era ampliamente disfrutable. Pues era capaz de que percibiéramos tanto los entresijos de la alta política y de los grandes personajes históricos como los distintos episodios de la vida de dos soldados. Las costumbres de la época y el clamor de la guerra. Y era además, tanto un homenaje a la sensualidad venusiana como a la marcialidad de Ares. Exprimía perfectamente las diferencias entre sexos ofreciendo una espectacular visión de un mundo donde los hombres, por lo general, se correspondían con el arquetipo del guerrero y las mujeres eran intuitivas, vengativas y sensuales. Serpientes enroscadas dentro de los constantes flujos de lucha por el poder.
Una de las grandes virtudes de Roma radicaba en que no sólo nos mostraba la maquinización de los soldados. La majestuosidad de un ejército entrenado para matar y conquistar la gloria, acostumbrado a superar las más duras pruebas. Eso, al fin y al cabo, lo habíamos visto muchas veces. Era casi una costumbre del género histórico o del Péplum.
No parece nada casual, por otra parte, que Roma se rodara durante los años de apogeo de la administración Bush. Tras los atentados del 11-S, EUA buscó asideros y excusas de todo tipo que justificaran su posterior cruzada contra el mundo islámico. Ese trasvase que llevó a cabo desde un imperialismo «blando» a uno «duro».
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