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¿Qué es esto que vi? (3)

Mar 29, 2025 | 2 Comentarios

Dejo a continuación el último avería dedicado a los peores conciertos a los que asistí en mi vida. La medalla de oro se la lleva el ofrecido por Los planetas en el Primavera Sound de 2005. ¡Una invitación al sueño! ¡Un potente somnífero!

¿Qué es esto que vi? (3)

Mi relación con Los planetas nunca ha sido la mejor ni la más fluida. Algo parecido a lo que me ocurre con Federico García Lorca. El grupo (y el poeta y dramaturgo) me gustan pero me producen tanta urticaria y malestar sus seguidores (el modo en que se los venera) que prefiero encontrarme, me siento más cómodo, entre sus detractores.

Nunca he soportado todo lo que había detrás de Los Planetas. El apoyo desmesurado de la presa indie, por ejemplo, siempre me pareció sospechoso. Un tanto impostado. En vez de hacerme atractiva a la banda me provocaba cierta sospecha y repulsa. Cada portada que les dedicaba la Rockdelux lograba que se me atragantaran más. Me provocaba más rechazo.

Mi historia con Los planetas es una historia de desencuentros, breves romances, alguna fascinación e indiferencia continua. Los vi en directo en el primer Benicasim, (el del 94) y me sorprendieron. Me volaron la cabeza. Después de Carter USM y Echobelly, los triunfadores fueron ellos.

Por entonces mi grupo favorito era Pearl Jam. También amaba a Soundgarden. No era yo precisamente alguien que soñara ir a un festival con The Charlatans como cabeza de cartel. Pero la España de primeros de los 90 no se parecía a la de ahora. La era de los festivales estaba comenzando. Aún se encontraba en pañales. Yo no había ido a ninguno. Benicasim estaba a escasas horas de Murcia y me parecía muy atractiva la posibilidad de vivir la experiencia. Casi necesaria.

Por aquel entonces, ya conocía a Los Planetas. Pero no soportaba ni su pose ni sus declaraciones. Tampoco el single de Super 8: «¿Qué puedo hacer?». Los Planetas eran el mal. ¿Qué podían aportar frente a, por ejemplo, Black Flag o  Danzig? A decir verdad, me gustaba su rollo psicodélico y nihilista pero no, de nuevo, lo que generaban en sus seguidores. Así que cuando aparecieron en el escenario mi actitud era completamente escéptica. Los comencé a ver como el profesor convencido de que el alumno que tiene enfrente suspenderá la prueba, como quien va a juzgar a una banda de rock y no a disfrutar con ellos.

Los planetas se caracterizan por ser imprevisibles. Nunca han tenido fama de dar buenos directos. Se drogaban demasiado. Eran también muy cáusticos. Pero cuando tenían el día eran avasalladores. El sábado 5 de agosto de 1994 fue ese día. La banda de Jota y Florent la rompió. Por momentos parecía que el escenario se iba a caer del ruido que hacían. Aquella tarde-noche Los planetas se salieron. Estaban inspirados. Convirtieron el pop en un amasijo destructivo. Hicieron psicodelia ruidosa. Cuando desafinaban lo hacían con gracia. Todo les salió bien. Transmitían violencia y peligro. Cualquier cosa menos acomodo. Me quedó claro que iban a ser grandes. También que lo que hacían era espontáneo. Su público tal vez tuviera cierta pose pero Los Planetas eran naturales. Dependían, eso sí, mucho del momento y del estado de ánimo y embriaguez en el que se encontraban. Algo bueno y malo al mismo tiempo. Bueno porque eso los hacía imprevisibles. Si tenían su día, sus conciertos eran bombas. Si no, podían ser insoportables. Casi un timo.

Después de aquel festival, escuché mucho Super 8. Más tarde, Pop. Pero lo hacía en secreto. Me daban tanto asco los seguidores de Los planetas que siempre que alguien me preguntaba si me gustaban, decía que no. Pero más de una vez hacía rutas por Calblanque en bicicleta escuchando en mis walkman una casete que se abría con «De viaje por el sol». Obviamente, cuando vinieron a tocar a La Manga (concretamente a Trips) en 1996 fui a verlos. Pero mentiría si digo que recuerdo algo de aquel concierto. Creo que tocaron tres o cuatro temas y se fueron. No sé bien. Tal vez llovió y tuvieron que suspender. Debo preguntárselo algún día a un amigo. En cualquier caso, otro típico tachón de la banda. Una curva más en su trayectoria. Nada que, a esas alturas, me sorprendiera.

Una semana en el motor de un autobús me gustó mucho. «La copa de Europa» es mi tema favorito de la banda. Lo solía escuchar una y otra vez mientras redactaba capítulos de mi tesina. Me ayudaba a concentrarme y a escribir con ruido en la cabeza. Pero la actitud de sus fans me resultaba tan grotesca que prefería mantenerme en silencio. ¿Los Planetas? ¿De qué grupo me habla usted?

A medida que Los Planetas se hacían más y más famosos y populares mi interés decreció. Además, comencé a viajar a Sudamérica. No tenía sentido escuchar ni Los Planetas ni krautrock en Bolivia, Argentina o Perú.

Todo cambió en el 2005. Compré una entrada para ver a New Order en el Primavera Sound. En el mismo festival, un día o dos días antes tocaban también Los Planetas. Entendí que era el momento de volver a escucharlos y disfrutar de una noche enmarcable en Barcelona. Así que desgasté cada uno de sus discos. Los que conocía y los que no. Durante una o dos semanas (tal vez tres) me convertí en el mayor fan de la banda granadina. Rescaté entrevistas, artículos. Hice mías unas cuantas de sus canciones. En fin. Diez minutos antes de que comenzasen a tocar, allí estaba yo en primera fila.

¿Mi crónica de aquel concierto? ¿Es necesario que diga algo? ¿Fue eso un concierto? Creo que esta última interrogante define perfectamente lo que vi. Juro que no reconocí la mitad de las canciones. No porque las cambiaran sino por la desgana con que las tocaron. Aquello sonaba mal, muy mal. Un grupo en la calle con un altavoz del Todo a 100 se habría escuchado mejor.

En un momento dado, me fui a la zona de los asientos y me quedé dormido. Me desperté, vi que Los planetas continuaban tocando y me volví a dormir. No me sentí estafado. ¡Qué va! ¡Ojalá! Me sentí un inútil. Un estúpido. ¿Quién cojones me había mandado a mí escuchar a ese puto grupo? Los Planetas eran la hipoteca de un piso de dos habitaciones que el mercado vende a cuatro o cinco veces su valor y tú vas a esta pagando toda tu puta vida. Eran la novia que te jura fidelidad y se va con el primero que le invita a una raya de coca. Eran el cinismo del primer mundo en su máxima expresión.

¡Peor que eso! Al menos Houellebecq, Fassbinder y los profetas del nihilismo (el mismo Bernhard) tenían sentido del humor. Al menos eran desagradables. Incluso daban ganas de follar cuando uno leía ciertos pasajes de Houellebecq. Con Los Planetas, eso sí,  aprendí que el rock también era cojonudo para dormir. Eso no lo había logrado hasta ese momento nadie. Dudo que otro grupo repita esa hazaña. Shalam

الميزة الوحيدة للعب بالنار هي أنك تتعلم ألا تحترق.

La única ventaja de jugar con fuego es que aprende uno a no quemarse

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….el escenario con forma de sector circular parece el mecanismo de esas cucharas dispensadoras de bolas de helado…
    (en este caso de bolas de sueño)…..
    2imagen….somnifero con pelo largo (1990)…..
    3imagen…conceptual personal computer…los panetas no olvidan a los humanos …..
    4imagen….anti-creyentes…..ahi hay muchos apostoles……
    5imagen….voy a subirme al mastil y girar alrededor de mis rezos iniciales (florent)….lo puedes intentar-ar-ar-arrrrrr
    6imagen….la primera mundial…..aviador dro, por supuesto……
    7imagen….no me separo de africa septentrional….(a todos los puretas le gustan los planetas)……jajajajjj
    PD….prueba-intento de por que no pueden cantar «andaluz-flamenco» cualquier español….(experimento comercial que salio para no hacerle ascos)…..https://www.youtube.com/watch?v=q4bSHkziMYE&list=PLCNMqGCOcb44249DPZdIZ6ixIZ0YAl7uG&index=8…..la veleta…con la bien querida….2010….(a favor)….que pinte palanganas color de cielo….(vaiven)….

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Estación espacial. Discovery. Guerreros preparados para el viaje. 2) Muy chulos y clásicos los posters de conciertos que se ven en la pared. Tocaron Los flechazos y Los enemigos. 3) El naranja es pop. Fanta. Radio 3 y Los planetas. Todo muy moderno. Sólo falta un buen altavoz. 4) Las siestas andaluzas. Todo el mundo durmiendo. 5) El de la cabra. 6) Bomba Nuclear. Máscara. Otto Dix. 7) La noche de la mosca Tse. Tse. Tse… zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz PD: este disco nopuedo con este disco. Tal vez esto de Grupo expertos sol y nieve. Tal vez esto sí que lo escucharía. Vainica. https://www.youtube.com/watch?v=fkEjD_IUFqI

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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