Humanos y Replicantes (1)
Dejo a continuación el primero de los dos averías que dedicaré a Blade Runner; el mítico filme de Ridley Scott; el cual recomiendo leer, escuchando...
Aunque pueda parecer que deliro, encuentro conexiones entre los enormes, colosales monstruos de Harryhausen y los gigantescos senos de las heroínas de los films de Russ Meyer. O más que nada, entre el punto de vista desde el que ambos artistas visualizaban lo grotesco y lo exagerado y lograron convertir la monstruosidad en belleza, la enormidad en cotidiana normalidad y la exuberancia en erotismo. Posiblemente como un reflejo del amplio y extenso territorio del país norteamericano que, tras la Segunda Guerra Mundial, era necesario terminar de reapropiarse. Transformando sus enormes espacios aun sin civilizar en monstruos cariñosos, voluptuosos senos apetecibles, que es lo que tanto Harryhausen y Russ Meyer, cada uno a su manera, consiguieron con sus deliciosas creaciones.
De hecho, creo que para Harryhausen, (como para Russ Meyer lo fueron los senos en el plano sexual), los monstruos ocupaban un espacio que sin su feroz presencia, hubiera generado aún más angustia y sensación de vacío.
De todas formas, creo que la genialidad de Harryhausen no se halla exactamente aquí. Más que nada, porque lo dicho anteriormente sobre sus monstruos podría indicarse de otros tantos diseñados por Hollywood durante la explosión de la ciencia ficción o el género de terror. Sino que más bien radica en su mentalidad de sarcástico hombre de aventuras. En su sentido del humor. Lo que proporciona lucidez y ligereza a todos sus diseños. Un cierto aire excéntrico y disparatado además de humano.
En realidad, Harryhausen es el comienzo de humanización (o colonización) del universo desconocido. El preludio de esos planetas habitados por seres de las más distintas especies que aparecen en Star Wars. Y también la estilización de la serie B y Disney. La mirada adulta e inocente al lado oscuro de las fantasías creadas en Hollywood. Y el puente entre aquellas fantasías urdidas por Robert. E. Howard situadas en tiempos pretéritos e islas misteriosas y las actuales distopías sin sentido. Representa un tiempo en el que todavía los malvados tenían nombre y el capitalismo poseía un relato. Necesitaba de héroes (seres humanos en definitiva) que enfrentasen situaciones hoscas para implantarse y no se encontraba sumergido en las continuas implosiones y explosiones económicas actuales que paralizan su avance y son, en el fondo, reflejo de una decadencia que únicamente posee un proyecto ilusionante: la llegada del fin absoluto que implique la renovación total. El retorno a los monstruosos tiempos del origen. Shalam
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