Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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En realidad, el tema que aborda La academia es tan clásico como actual. En una Universidad, un profesor pasional y entregado plantea a sus alumnos las siguientes cuestiones: ¿Debe pasar a la acción la mujer en las cuestiones amorosas? ¿Está obligada a ser siempre la parte pasiva o es necesario que tome la iniciativa? Según Dante, las nuevas musas debían dar un paso más allá. No debían contentarse con ser objeto de deseo sino que tenían que lanzarse con ímpetu y júbilo a conseguir lo que añoraban.
En cualquier caso, lo sensacional de la película de Guerín no son, desde luego, estas teorías sino cómo la realidad las desmonta, pone en entredicho y cruza. Exactamente, lo fabuloso del film de Guerín es cómo la danza de la realidad termina por imponerse a Dante, la Universidad, el feminismo, la poesía y a la racionalidad del discurso del maestro. No sólo la danza de la realidad sino, ante todo, el ardoroso deseo. Puesto que, finalmente, las mujeres pelean, compiten unas contra otras por la «presa» masculina, se dejan seducir y seducen tanto activa como pasivamente y la obra se convierte en un retablo medieval. Un sutil, desprejuiciado e hilarante monumento dedicado no ya a las musas sino a ese loco y descontrolado amor que con tanta maestría el Arcipreste de Hita describió en su famoso libro. Una prueba gráfica de que la práctica siempre acabará por revolver y desmontar cualquier teoría -no importa lo consistente que sea- sobre las pasiones. Shalam
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