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Melancolía

Dic 29, 2023 | 2 Comentarios

Dejo a continuación un nuevo avería sobre un majestuoso filme de Lars von Trier: Melancolía. El cual recomiendo leer escuchando la apertura de Tristán e Isolda, la fastuosa ópera de Richard Wagner.

 

Melancolía

Melancolía es una de esas escasas películas que no me cansaría de contemplar una y otra vez. Que tendría proyectadas en bucle sin descanso (en caso de tener una pantalla grande) en alguna de las habitaciones de mi casa. Por supuesto, debido a la utilización de la música, la fotografía o a la trágica dimensión de sus interpretaciones pero, sobre todo, a causa de esa fascinante atmósfera decadente que invoca el ocaso definitivo del ser humano, su aislamiento total en medio de un apasionado e hipnótico clima apocalíptico.

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No sé si se ha destacado lo suficiente la capacidad de Lars von Trier de combinar referencias distintas sin que esta mezcla altere el desarrollo normal de sus filmes. Melancolía está plagada de alusiones culturales que en ningún caso obstruyen el ritmo de la película sino que, al contrario, contribuyen a darle hondura y relieve. Mayor profundidad.

En Tarantino y la mayor parte de referentes del cine posmoderno, las influencias son también omnipresentes pero se encuentran utilizadas de otra forma. Son prácticamente pastiches, aderezos. En una película de Tarantino las citas a otras obras son como los condimentos de una hamburguesa: la mostaza, la sal o el ketchup. Sin embargo, en Von Trier estas citas son la mismísima carne. Se encuentran tan bien diseminadas a lo largo del cuerpo de la obra que fluyen de manera natural (casi torrencial) en contacto con la nueva película. No son por tanto simples aderezos sino potencias faústicas que contribuyen a dotar de mayor fuerza y pasión al guión original de cada filme.

Este hecho es por supuesto totalmente ejemplificable en Melancolía.  Una obra en la que von Trier se apoya en Kubrick, Resnais, el cine de catástrofes, Wagner, Brueghel, Friedrich, Shakespeare, Strindberg (entre muchos otros) para componer una obra demoledora. Una película cuya voluntad secreta tal vez sea demostrar que es más total que la más total de las óperas de Richard Wagner.

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Melancolía logra por momentos ser más que una película. Es una ópera, un planeta y un estado de ánimo. Una forma de ser y de pensar. Es un denso reflejo de la tristeza en un lago muerto. Melancolía es una oración. Casi un salmo. Es un huracán depresivo. Es más poética que el cine de Antonioni o una noche de luna llena. Es religión. Un himno a la depresión que podría perfectamente emerger de una lectura de un poema simbolista o de un viaje sin rumbo por un Occidente crepuscular que parece necesitar destruirse de una vez para volver a recuperar el sabor de la vida ancestral.

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Recuerdo que cuando se estrenó Melancolía, medio Occidente experimentaba las consecuencias de una profunda crisis económica y se encontraba obsesionado con el inminente fin del mundo anunciado por una profecía maya. Según parece, el augurio hacía referencia al final de un modo de pensar y actuar y a una lenta transformación de la conciencia humana y no tanto a la destrucción de nuestro planeta. Pero muchos no lo entendieron así y aprovecharon para sumergirse en todo tipo de doctrinas escatológicas con las que Melancolía conectaba internamente.

Von Trier siempre ha ido a contracorriente y tal vez eso le permitió captar el zeitgeist de su época con una descomunal profundidad.

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La primera parte de Melancolía me parece muy buena. Necesaria. Posiblemente es la que da sentido a toda la historia. Por un lado, es un homenaje íntimo de von Trier al filme (Celebración) llevado a cabo por su compañero en la aventura Dogma (Thomas Vinterberg) y por otro es una singular adaptación de la historia de Tristán e Isolda puesto que Justine (la novia de la boda) hace todo lo posible por romper su vínculo con su prometido, emulando en cierto sentido la actuación de Isolda con el rey Marke.

Eso sí, del viril Tristán de la ópera de Wagner apenas tenemos noticia aquí. Melancolía es en cierto modo un homenaje a la femineidad y a la oscuridad. Al temperamento lunar y profético. Y probablemente por ello los hombres que aparecen en el filme o bien son tímidos o demasiado interesados o cobardes. Distanciados de los lazos profundos con la existencia que sí que poseen Justine y su hermana Claire (aunque cada una lógicamente de manera distinta). La primera con la luna y la segunda con el sol.

Supongo por cierto que nadie (ni siquiera los detractores del filme) negarán el inmenso trabajo realizado por las dos actrices. Ambas (sobre todo, Kirsten Dunst) tocan el cielo con las manos. Kirsten por momentos resplandece de manera sobrenatural. En ocasiones parece un feroz cisne, un alocado animal salvaje y en otros es la viva imagen de la delicadeza y de la sensualidad. También, claro, de las fuerzas infernales desatadas. En fin, una interpretación fuera de serie que la convierte casi que en cuerpo y alma del filme. Lo cual no es obstáculo para destacar la maestría de John Hurt y Charlotte Rampling. Una pareja de actores que directamente atraviesa la pantalla y se encuentran en tal dominio de la situaciones que podría decirse que logran que la cámara se mueva respondiendo a cada uno de sus gestos.

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No creo descubrir nada al afirmar que la escena del convite de bodas se encuentra maravillosamente rodada. Hay instantes en que no sabe uno bien lo que está ocurriendo y pierde la noción del tiempo y el espacio (como por otra parte suele sucedernos en un momento dado en cualquier boda). Lo que sí tenemos bastante claro es que asistimos a una representación de otra representación que no finaliza nunca: la de la burguesía sin relieve ni personalidad desteñida entre montañas de dinero, ocio y frivalidad que representan perfectamente los padres de los novios. La corrupta civilización.

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A pesar de lo que acabo de sugerir, debo reconocer que es la segunda parte del filme la que me atrapa. La que me parece magistral. La que me deja levitando. Cada plano del planeta Melancolía es una incursión en el miedo y todos aquellos en los que contemplamos a Claire o Justine cabalgando por los alrededores del Castillo de Tjolöholm son de una belleza que deja exhausto.

También me fascina cómo, de repente, casi de la nada, se introduce la trama apocalíptica. Y cómo los personajes se refieren a la próxima colisión del planeta. Me refiero no tanto al mágico diálogo entre el par de hermanas en el que Justine asegura que no hay vida más allá de la muerte sino más bien a las charlas casi a susurros sordos y opacos entre Claire y su marido.

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Tengo la impresión de que lo mismo que logró Richard Wagner con el sonido (embellecerlo, magnificarlo, darle resonancias jamás entrevistas) es lo que pretende Lars von Trier con la fotografía de este filme. Me lo imagino trabajando junto a Manuel Alberto Claro sin descanso, casi obsesivamente, fría y pasionalmente, hasta encontrar el opalescente tono y brillo adecuados de las diversas escenas.

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Los momentos en los que Claire observa a través de una estructura circular el planeta Melancolia y comprueba que se acerca son también de una enorme brillantez. No sé a qué director se le podía ocurrir filmar una escena así y además, lograr resultar verosímil. Como también desconozco si existe algún realizador (al menos de la fama del danés) que se haya atrevido en los últimos años a comenzar una película como lo hace Melancolía. El inicio de esta onírica letanía es ya toda una declaración de intenciones. Una pieza de orfebrería en sí misma. Una evanescente inmersión en la conciencia de un Occidente depresivo y dormido. Una tierra fantasmagórica que vive más de sus mitos que de su vitalidad presente y respira a través de las proyecciones imaginarias de un pasado inmemorial que sólo parece rejuvenecer y recuperar su vigor cuando invoca su absoluta destrucción.

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Melancolía es un apasionando retrato de la tristeza. Y también lo es del romance entre Justine y un planeta cuyas nupcias podríamos decir que se formalizan cuando la muchacha se desnuda en medio de una frondosa y sensual vegetación rindiendo honor a la natureza telúrica y corrosiva de su personalidad.

Por cierto que si Justine tiene que ver con la protagonista de la famosa novela del Marqués de Sade creo que sería más bien porque parece una evolución madura de aquel personaje. Casi su opuesto. Sería la viva imagen de alguien que ha terminado por desconfiar de la sociedad porque  sabe de la crueldad y el sadismo encubiertos que esconden las racionales instituciones sociales. Y, por tanto, ahora es incapaz de aceptar los rituales burgueses y experimenta con apasionada tristeza su recorrido por un mundo que es muy consciente que merece todo castigo.

La Justine de Sade encuentra en el romanticismo wagneriano, en el exceso de sentimentalismo, un escudo, un refugio que no deja de ser temporal porque todo al final salta por los aires. La vida es un absurdo delirio. Como sugería el autor de Los 120 dias de Sodoma, no hay bondad entre los seres humanos. Sólo intereses y deseos.

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Melancolía es en cierto sentido una oda al cine europeo. Pareciera como si von Trier le estuviera diciendo a Hollywood: «Sí, vamos a morir. Estamos en decadencia pero tenemos una clase, una cultura que vosotros nunca alcanzaréis. Moriremos. Seremos decadentes. Caeremos. Pero lo haremos con la elegancia de un sistema solar. Con la belleza de un planeta moribundo recorriendo la vía lactea».

En Melancolía pareciera también que Lars von Trier nos dijera a los espectadores: «Finalmente, sí, el narcisismo destruirá el mundo. Y probablemente sea cierto que este luctuoso suceso es terrorífico. Pero, siendo sinceros, ¿Qué mejor destino hay para nuestra cultura que morir aplastada por su propia belleza». Shalam

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2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen…pintura metafisica….carambola espacial….(y la high sociedad con estos pelos)….sonrisa….
    2imagen……cronica de una muerte anunciada…..miraré hasta que pueda…….
    3imagen….atados al suelo con los grilletes del buen vivir…..(grupo procedente del taller miguel angel buonarrotti)…..
    4imagen….. y el toro encima de la t.v….. (kitsch)…….
    5imagen….pijotilla comprensible y temerosa del gran desastre natural…despues del manifiesto dogma95…(en melancolia hubo un intento del nuevo cine (partido, a camara lenta, simbolico, el espectador se cuenta las imagenes recibidas….. el cine solo le aportaria datos……
    6imagen….volver a la prehistoria…..
    PD: https://www.youtube.com/watch?v=RlNhD0oS5pk….led zeppelin…immigrant song- live72……miedo y guapo wagner….

    Responder
    • Alejandro Hermosilla

      1) Si no fuera por la suma elegancia de la fotografía, podría ser el comienzo de una de zombis. 2) Una nave espacial se eleva en las alturas. Encuentros en la tercera fase. 3) Ojalá venga algo del cielo que nos rescate de este aburrimiento burgués. 4) Flamenco y Olé. Suenan Los Manolos. 5) Yo fui la Justine virtuosa de Sade pero ahora soy la Justine caprichosa y diabólica de Von Trier. Mi amante, el planeta diabólico, asoma en el cielo. 6) El fin de la historia.
      PD: Es increíble cómo antes ralentizaban la imagen para darle más efectos y contenido a los vídeos. Aquí con muy poco logran transmitir perfectamente la idea de vértigo.

      Responder

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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