Violencia y soledad (2)
Dejo a continuación el segundo avería dedicado a la primera etapa de la trayectoria de Judas Priest. El cual recomiendo leer escuchando un tema de...
Ocurría también que aquella era la primera edición del famoso festival valenciano y el ambiente de libertad y asombro que se respiraba era inmenso. Tanto es así que Carter lograron algo que actualmente parece prácticamente imposible: convertir un estadio de 9000 personas en una rave. En un antro salvaje donde miles de jóvenes bailaban como si fuera su último día y se drogaban sin miedo al diablo. Celebrando la autodestrucción como si no hubiera futuro. No existiera el mañana. Lo mejor de todo es que el ambiente era tan festivo que, a pesar de los cientos de empujones y caídas, nadie peleaba. Todos nos levantábamos al momento y nos abrazábamos, compartíamos drogas y nos lanzábamos en ola, mientras los músicos nos ametrallaban con sus caóticos y libertarios fusiles. Sus soflamas políticas sobre el desorden y el placer. Todas esas ácidas y afiladas odas sobre la juventud de la era hedonista: «Sheriff fatman»,»Do Re Me, So Far So Good», «The only living boy in New Cross» o «Anytime Anyplace Anywhere».
Tanto Jim como «Fruitbat» han repetido en múltiples entrevistas que este es el mejor concierto que dieron jamás. Esa noche por la que mereció la pena haber formado el grupo. Y no me extraña porque parecía que todos los allí presentes estábamos sacando todos nuestros demonios. Que estábamos presenciando un exorcismo. De hecho, a medida que avanzaba esa ceremonia de comunión salvaje que provocaba estallidos de furia y júbilo por todos los rincones, en vez de mostrar síntomas cansancio, danzábamos con más frenesí. Y por supuesto, cuando aquella confrontación con el ruido finalizó, muchos continuamos la liturgia. En concreto, en torno a una hilera de coches cuyo capó se había convertido en una pista de baile con el beneplácito de sus conductores que se unían a la fiesta como si el mundo se hubiera convertido en un manicomio, una gigantesca discoteca, y no hubiera más sentido y horizonte en la vida que saltar y gritar. Como si no existiera más que el «ahora». Shalam
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