Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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Lo bueno que tienen los auténticos nihilistas es que basta una sola de sus frases para que se acabe la tontería. El jaleo. Y para terminar de paso con la pedagogía. Resulta difícil, por ejemplo, imaginar a un profesor explicando a Cioran sin contradecirse. A varios alumnos comentando en voz alta cualquiera de sus frases sin caer en el ridículo.
Cioran es el filósofo solitario. Hosco. Uno de los pocos que ha explorado en los sentimientos humanos. Que no se ha refugiado en ideas abstractas o ha soñado la sociedad ideal. Repito, Cioran es el filósofo antisocial. No es que acuse a la sociedad de todos los males. Es que la visualiza como un incendio que termina con la dignidad de los individuos. Los obliga a ceder y pactar, ofreciéndoles dinero a cambio de su alma. Sus ideas y su tiempo.
Cioran profundizó en el vacío y el rencor y también en la desesperación. En la envidia y el ansia de reconocimiento. En las pasiones inferiores. Eliminó fantasmas del plato de sopa. Dejó solo al hombre consigo mismo. Sin dios ni vecinos. Aislado en una casa. Y lo invitó a destrozar los espejos.
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