AVERÍA DE POLLOS: Inicio E Música E Los viejos tiempos

Los viejos tiempos

Sep 2, 2018 | 0 Comentarios

A los grandes artistas no se les conoce únicamente por sus obras sino lógicamente, también por todas aquellas realizadas por otros creadores con las que crecieron, se enamoraron y fueron forjando su personalidad. El programa de radio Theme Time Radio Hour que condujo Bob Dylan entre los años 2006 y 2009 no era exactamente una fotografía de las influencias y gustos del nocturno trovador, pero se le parecía. Y en cualquier caso, era mucho más que eso: una absoluta delicia a través de la que Dylan hacía un repaso a la música del siglo XX de forma original y carismática. Un maravilloso fresco musical sobre Norteamérica. Un programa con vocación de clásico que olía a bourbon y a tierra húmeda por los cuatro costados. A tabaco de pipa y suelo sucio de bar o motel. Y por momentos, parecía tanto un recital improvisado de Stand-up comedy como un homenaje a los viejos documentales de principios de siglo XX o un estremecedor monólogo. Una memorable obra maestra que se encontraba totalmente integrada dentro del despertar creativo llevado a cabo por el genio de Minnesota a partir de la última década del pasado siglo. De hecho, creo que es esencial, entre otros aspectos, para comprender las motivaciones internas que lo condujeron a grabar sus dos últimos de homenaje a Frank Sinatra y su época.

El planteamiento de cada programa era el siguiente: Dylan escogía un tema -la luna, la lluvia, el sueño, la ciudad de Tenesse, el estado de California, el baseball, los días de la semana, el dinero, el trabajo, etc- y, a continuación, pinchaba una serie de canciones -por lo general, oldies– relacionadas con la materia estrella. Muchas de ellas eran conocidas y formaban parte del inconsciente colectivo del rock y la nación norteamericana. Pero otras eran clásicos y éxitos olvidados o, directamente, joyas ocultas extraídas del baúl del anonimato cuyo ensamblaje resultaba fluido y totalmente natural gracias a las introducciones realizadas por la voz rugosa y sensual de Dylan que provocaban ciertamente un efecto fascinante. La sensación de estar escuchando uno de esos programas míticos de los años 40 o 50 donde el locutor descubría a los oyentes discos recién salidos de la caverna. De entre las tinieblas del blues, el folk, el rockabilly, el country, el soul y el jazz.

De hecho, esa era la grandeza del programa de Dylan: su atemporalidad. Que no parececía haber sido grabado en la primera década del siglo XXI sino proceder de un lugar muy distante y alejado. Porque la leyenda folkie imitaba el formato y forma de actuar de muchos de aquellos locutores clásicos que lograron colonizar la América profunda con su voz y la ayuda de unos cuantos singles. Y lo hacía a lo grande. Intercalando bromas, anécdotas sobre la historia del rock, sus personajes y la sociedad de su época, fragmentos de películas y obras literarias clásicas, antiguas promos de comerciales o contestando correos y llamadas telefónicas de oyentes ficticios. Una prueba de que su talento y personalidad impregna todo lo que toca. Tanto que pienso que la escucha de estos programas es esencial para conocer quién es realmente el músico y la estatura de su personaje. Cómo fue capaz de hacerse oír en medio de la inmensa tradición a la que pertenecía.

Theme Time Radio Hour es un programa mítico. Algo parecido a escuchar a William Faulkner protagonizando una emisión distendida en la que pudiera experimentar con el medio radiofónico y expresar sus opiniones literarias con total libertad. A veces me pregunto si Dylan como artista está sobrevalorado o si merece todos los premios que posee, pero me basta escuchar dos o tres de sus programas de radio seguidos y la clase con la que están grabados, para acabar con todas mis dudas. Porque, repito, Theme Time radio hour es una jodida maravilla. Un jukebox sonando a presión en medio de un bar abarrotado. Una excursión por el fulgor, sombras, nieblas y esplendor de la música popular. Una radiografía precisa tanto del corazón de Dylan como de Norteamérica. Una botella llena de mensajes cifrados y salvajes surcando los océanos de las ondas. Shalam

اِلْزَمِ الصِّحَّةَ يَلْزَمُكَ الْعَمَلُ

Es más fácil hacer un agujero en el agua que obtener dinero de un avaro

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

Contenido relacionado

Videoaverías

Averías populares

Metabakalao

¿Es posible tener nostalgia del nihilismo? ¿De los antros y de la música bakalao? Mi respuesta es firme: se puede tener nostalgia incluso de la...
Leer más
Share This