Globo diabólico
Leyendo Contraluz de Thomas Pynchon me ha surgido una pregunta muy recurrente: ¿Qué diferencia a los grandes autores de culto de los de la cultura...
Según mi punto de vista, por tanto, los libros que perduran lo hacen porque generan inquietud a partir de un hecho inesperado: cumplir siempre exactamente todas las expectativas del lector. Plegarse a las exigencias de quienes se introducen en ellos. Mostrando nuevos límites y fronteras que no son tanto las contenidas en sus páginas sino las que deseaba encontrar el lector al sumergirse en ellas. Razón por la que supongo que se dice que todo gran libro construye nuevos lectores y formula nuevas preguntas.
No obstante, según mi perspectiva, el proceso no acaba aquí. Para que un libro sea perdurable es necesario el reencuentro. La repetición. Que el viejo lector vuelva a ponerse delante del texto tras haber hecho un largo (o corto) camino, y comience a interrogarle con las nuevas cuestiones que le han ido surgiendo durante sus viajes y el que el libro vuelva a responderlas con absoluta educación. Sea tan cumplidor como las primeras veces. Siga sin mentirle y si no conoce algo, le confirme con absoluta firmeza su desconocimiento. ¿Qué sabe, al fin y al cabo, Maquiavelo de física cuántica o qué nos puede sugerir Homero sobre Internet?
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