El riesgo de adentrarse, aunque sea por una sola noche, en un filme tan absorbente como Videodrome o en el área de influencia de un creador tan incisivo y penetrante como Cronenberg radica en que luego cuesta mucho volver al mundo cotidiano. Uno se queda rumiando ideas y reflexiones, planteando hipótesis, revisitando escenas que le hablan directamente de modos insospechados.
Muchas veces, los calificativos y las etiquetas, en vez de acercarnos al corazón de las obras de arte, nos alejan. No siempre —claro que no—, pero sí en ocasiones. Creo que el calificativo de ciberpunk ha perjudicado más que beneficiado a Videodrome. En primera instancia, tras una visión superficial, centrándonos en los manierismos, efectos o en la estética de la obra, el calificativo puede parecer apropiado y preciso. Pero Videodrome, como todas las grandes obras, es mucho más que ciberpunk: trasciende la categoría, la desmonta, la destroza. Calificarla de ciberpunk, de hecho, la limita. La encorseta.

En realidad, de lo que me di cuenta en esta ocasión es que, en gran medida, Videodrome es un filme de terror. Un filme de miedo, obviamente, muy sui generis, pero al fin y al cabo, un filme atemorizante, sí, de terror.
A decir verdad, la obra podría, sin problemas, visualizarse como una nueva versión del pacto fáustico. El demonio es la tecnología, la maldad de la tecnología, el alma impura de la telerrealidad y el oscuro mundo virtual, y el papel de Fausto (símbolo de una inmensa mayoría de televidentes) lo ejercería en este caso Max Renn.
No me animo, en cualquier caso, a profundizar demasiado en esta visión, porque me parece obvia. Solo hay que tomar cierta distancia para aplicar estas coordenadas sin demasiado esfuerzo; sin embargo, me resulta mucho más interesante explorar un terreno menos simbólico: el ya mencionado género de terror, más ambiguo pero muchísimo más sugerente.
Hay una dinámica en Videodrome que repite varias de las coordenadas clásicas del género. Las personas que se encuentran alrededor del proyecto Videodrome semejan almas endemoniadas, espíritus caídos; parecen, en efecto, conformar una secta. Hay un misterio, una zona de sombra, un oscuro resentimiento alrededor del canal de televisión, que recuerda al que rodea los cultos diabólicos, secretos y malévolos en filmes como La semilla del diablo y tantos otros.
De hecho, la conversación entre Max Renn y Masha (la anciana proveedora de vídeos) evoca la atmósfera y la secuencia narrativa de muchos clásicos del terror. Masha ejerce de peligrosa mensajera que advierte y hechiza, conecta a Renn con el mundo de las snuff movies. Asesinatos reales que no son, en el fondo, más que un reflejo de un poder mucho más oscuro y tenebroso, que absorbe a quienes se acercan.

Lo cierto es que, desde el momento en el que Renn traspasa el límite y accede directamente a Videodrome, comenzamos a internarnos por vías oscuras, túneles ocultos, llenos de pasadizos secretos de los que, por sorpresa, emergen todo tipo de situaciones y fuerzas diabólicas. Lo que ocurre entre Max Renn y Videodrome es una posesión. Renn es poseído por el programa, por el canal, absorbido por una fuerza que no es neutral, sino malévola, desquiciada, abusiva e invasiva. Frenética y desbordada.
Max Renn se convierte en un asesino, también en un suicida. Abandona su alma entre imágenes alucinógenas y visiones descentradas del mundo. Pierde completamente el sentido de la realidad, volviéndose esclavo de la máquina, de la televisión, de la filosofía negra que actúa en Videodrome, semejante a la que florece en los cultos diabólicos.
Tal vez, si el filme de Cronenberg se titulara Posesión, lo veríamos más claro. Los miembros vinculados al proyecto Videodrome son prácticamente vampiros, ángeles caídos, humanos sin alma que deambulan por el mundo como quien ha sido desprovisto de su espíritu por una presencia o una esencia maligna. Más que abatidos, parecen perdidos. Son flechas humanas que transmiten apatía.

Tampoco podemos engañarnos: Max Renn ya estaba ido mucho antes de contactar con Videodrome. No hay más que ver sus expresiones, escuchar sus diálogos. Son los de un hombre cínico, desnortado, sin moral. El hombre vacío, el hombre de la multitud, que diría Allan Poe. Max Renn ya estaba muy distanciado de la humanidad antes de contactar con Videodrome. Por eso resulta tan fácil de captar; se siente tan fascinado por una emisión que no augura nada bueno. Solo perdición.
Videodrome me recuerda a dos películas. Ambas son de terror, pero lo exploran de modo distinto. Me refiero a Poltergeist e Inland Empire.
Las conexiones con Poltergeist son aparentemente mucho más evidentes. En aquel filme, los espíritus perdidos en el limbo, en otra dimensión, contactaban con los habitantes del mundo real a través de la televisión. Procedían a asaltar el mundo a través de un aparato que ejercía de fascinante ouija demoníaca.
Menos evidentes parecen las conexiones entre Videodrome e Inland Empire, pero yo al menos sí las encuentro. Tanto Max como Nikki (la protagonista de Inland) sufren las consecuencias de haber abierto un círculo prohibido. Ambos transgreden una prohibición y se ven abocados a continuar en medio de un caudal de imágenes y situaciones alucinógenas, que son tanto símbolo de su extravío como castigo por haber abierto puertas bien selladas.
La abstracción de las imágenes de Cronenberg y David Lynch puede confundirnos. Pero ambos nos están hablando del infierno. De su infierno particular, eso sí. De ahí, entre otros motivos, el sinfín de zonas ambiguas: su infierno es subjetivo, es padecimiento personal. Cada personaje tiene sus particulares alucinaciones, miedos, angustias y perversiones, pero todos caminan en caótica espiral por el infierno.

En verdad, lo que contemplamos en Videodrome (la grotesca metamorfosis de los cuerpos, la exhibición descarnada de la tecnología) es prácticamente un retrato del infierno. Otra cosa es que esa fotografía sea también una imagen de nuestra realidad. Tal vez, precisamente, lo que ocurre con el filme de Cronenberg sea eso: que la radiografía que realiza de nuestro mundo y de la herida de nuestra psique interna, el reflejo que nos devuelve, resulta tan real y tan ajustado a nuestras vidas actuales que aceptarlo se vuelve inquietante, comprensiblemente generador de miedo. Por eso preferimos pensar que es algo ajeno a nosotros, ciberpunk, ciencia ficción, ¿qué sé yo? Pero no: Videodrome es ya realidad. Eso es lo insidioso y terrorífico. Shalam
الفضيلة لا تخشى النور
La virtud no teme a la luz






1imagen…ahora te voy a mostrar el universo…autor un leopardo..
2imagen…sustituir una cabeza por un gran tesoro (buena idea)..
3imagen…trabajo en la oficina con un mondadientes (paluegos) en accion……
4imagen….sustituyendo por de niro y jodie foster….ohhhhhhh!!.
5imagen….este tapon es el personaje que va a ser utilizado….
6imagen…imagen bastante prehistorica (el humano anda tocando bocas)…..
7imagen….todo un catalogo de bocas (zoom)……no intentes racionalizar….son solo ideas……
PD…buena idea la de sustituir objeto por animal….
The Eric Dolphy Memorial Barbecue · The Mothers Of Invention
Weasels Ripped My Flesh-1970…
https://www.youtube.com/watch?v=oZDgfY-GMvA&list=RDGMEMJQXQAmqrnmK1SEjY_rKBGA
1) Te llevo hacia los dominios de la oscuridad. ¿Acaso tengo cara de nueva? 2) Daft Punk. «Around the world». 3) Me parece que vamos a perder el partido y el dinero apostado. 4) La enviada de Satán. Un posible cameo en «La semilla del diablo». 5) Estoy fascinado por el mal y yo por los ojos del diablo. 6) El amor esa esto. Por la boca entra el pez. 7) Posesión. Cuchillos en el estómago. PD: maravillosa sintonía que podría aparecer perfectamente en medio de un exorcismo pop. Secta delirante. Beach boys pasados de todo.