Toro salvaje
Toro salvaje es una película mucho más compleja de lo que parece. No es tan sólo una crónica del auge y caída de un luchador condenado a pelear...

Mulholland drive es una historia llena de engaños e hipocresía. Es un retrato de la perfidia. Las actrices principales rivalizan por un papel, llegando a urdir asesinatos o al menos a imaginarlos para conseguir sus metas, mostrando una actitud competitiva, feroz, que termina por desestructurarlas. Es decir; son la imagen perfecta de la pesadilla en que ha devenido el sueño americano en su versión más extrema y capitalista. Lo que provoca que, en un momento determinado, ni ellas ni nosotros podamos conectar con sus sentimientos debido a los constantes artificios que entretejen para evadir sus responsabilidades, conseguir sus objetivos y ocultar su verdadero ser. Y frente a ellas, en el club Silencio, aparece una mujer no excesivamente guapa, con ningún rasgo que la destaque -a no ser su maquillaje peculiar-, y que hace gala de su sencillez en todo momento. De hecho, si no fuera por su llamativo collar rojo (el color del corazón), incluso podríamos confundirla con una prostituta de caché medio. Y lo más increíble es que esta persona que además aparece sin banda acompañante, canta con tal pasión la canción, con tanto amor y sensibilidad que derrite el rígido corazón de las protagonistas. Quienes comienzan llorar al encontrarse de frente con un ejemplo de simplicidad que las conecta con la verdadera raíz de la vida: el amor.
En este caso, lo que yo pretendía era indicar a mi auditorio que teniendo en cuenta que el lugar, L.A., donde se desarrolla la película, fue tan sólo siglo y medio atrás un territorio mexicano así como el inmenso estoicismo demostrado por los mexicanos que pueblan USA actualmente, me parecía posible e interesante interpretar algunas de las frases de la canción -sobre todo, ese recurrente y hermoso «llorando por tu amor»- como un grito a través del cual los latinos solicitaban a los anglosajones que les concedieran el estatuto que merecen como seres humanos. Utilizando para ello las armas que mejor manejan: el corazón, la sensibilidad, el sentimiento y la pasión.
Por cierto que antes de terminar este avería, me gustaría sugerir al lector que hiciera un experimento. Poner en tres o más reproductores distintos la canción y escuchar todos ellos al unísono. Algo que yo he realizado mientras escribía este texto y ha conseguido transportarme a otro lugar mucho más sutil y evanescente que el habitual en que vivo. Un hecho que, sin dudas, me parece realmente deseable cuando se trata de referirse a cualquiera de las creaciones de David Lynch. Ese genio indescriptible. Shalam
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