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Leño

Feb 21, 2022 | 2 Comentarios

Dejo a continuación un nuevo avería dedicado en esta ocasión al primer disco de Leño. El cual recomiendo leer escuchando la épica y callejera «Sodoma y Chabola»

Leño

Mi disco favorito de Leño es, sin dudas, el primero de los tres en estudio que publicaron mientras se mantuvieron en activo. Sobre todo, porque creo que es el que mejor recoge el espíritu de su época. Es una deliciosa y espontánea mezcla entre el rock progresivo y el urbano. La esplendorosa canción que lo abre, «Castigo», es, por ejemplo, un auténtico cruce de caminos. Por momentos parece un homenaje a parte del poético rock de los 70 y en otros instantes parece una oda al rock peleón. Posee fragmentos que podrían formar parte perfectamente de la banda sonora de una película de dibujos animados sobre la polución y otros en medio de los que se alza el inconforme espíritu de Rory Gallaguer que son una celebración del  blues incendiario y la angustia juvenil. Las pandillas callejeras y la rabia adolescente. 

En realidad, lo mejor de Leño es que es un disco espontáneo. Nada en sus surcos suena forzado. Casi parece haber sido grabado en una toma. O haber sido registrado por sorpresa en medio de una actuación en directo. A mí al menos no me extrañaría escuchar a los músicos charlar entre ellos a mitad de las canciones o que volviesen a empezar los temas por haberse equivocado. Algo que no es en absoluto, repito, una crítica sino un elogio.

De hecho, ese fue precisamente el error de su siguiente álbum, Más Madera: la cuidada producción de un Teddy Bautista que parecía querer convertirlos en unos Police latinos. Cuando, en el fondo, Leño era un grupo que transmitía más conforme más sencillo era. Cuanto más despojado de tecnología estaba y más crudo sonaba. Puesto que, como a los grandes músicos de rock, a sus tres integrantes les bastaban unos simples compases para trazar riff de esos que nunca se olvidan y levantan pabellones enteros. Letras insuantes que describen la vida de generaciones y se convierten en espolón de la existencia de un sinfín de muchachos. 

Leño es parecido a un bocadillo de jamón con mantequilla. Es barato y alimenta.  Es un pantalón tejano de toda la vida. El tubo de escape de una motocicleta trucada. Y es lógico que causara furor en su momento porque sigue sonando tan vivo hoy como entonces. Probablemente porque es un disco que convierte complejos desarrollos instrumentales en salvajes testimonios de su época. Poemas instintivos sobre la miseria y el inconformismo.

La voz y las pintas de Rosendo Mercado ilustraban perfectamente las ansias de libertad y la desorientación de parte de la juventud española. Sobre todo, las de miles de adolescentes obligados a crecer y amar en las ciudades modernas. Concretamente, ese Madrid que se poblaba de gentes procedentes de media España y crecía brutal y exponencialmente en torno a barriadas que parecían campos de refugiados más que edificios donde construir un hogar.

Para todos esos muchachos cuyos padres habían abandonado su entorno familiar en pueblos y pequeñas villas, entiendo que canciones como «Sodoma y Chabola» o «Este Madrid» sonaban como salvoconductos existenciales. Chutes anímicos que transformaban sus existencias mediocres en épicas. Dignas de ser narradas. De hecho, eran ideales para escuchar en los bares y en los descampados mientras se tomaban unas birras de trago. Y también en el seat 127 consumiendo canutos. Eran bombas. Metralla. Y no me extraña que trascendieran a los propios Leño siempre reacios a vivir de su leyenda y un tanto sorprendidos del melón que habían abierto: el del rock urbano español. 

En fin. Vértigo da pensar que Leño aún podía haber sido mejor si la banda hubiera incluido «Aprendiendo a escuchar»; un formidable y rocoso tema que formaba parte de un single publicado anteriormente. No importa porque en las siete canciones incluidas hay de todo: instrumentales, medios tiempos, cuelgues ácidos, blues fogosos y barriales e incluso una poética nana que permitía rememorar aquellos tiempos en los que rock y utopía eran palabras sinónimas.

En cualquier caso, lo mejor de Leño es que es una obra imprevisible y viva. De esas que es imposible planificar. Surgen por generación espontánea y no sólo resumen su presente sino que anticipan el futuro. Yo, por ejemplo, siempre que pienso en el cine quinqui imagino este disco apareciendo en múltiples películas. Y no puedo concebir una banda que haya dicho algo con sentido en el rock español en las últimas décadas que no haya pasado por este filete de lomo con mucha sal y papatas o el primer disco de Burning. Shalam

لا يوجد شيء أكثر تضليلًا من حقيقة واضحة

No hay nada más engañoso que un hecho evidente

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1ºimagen….tomando unos «tientos» en la heladeria italiana o valenciana de cartagena……..
    2ºimagen……en el metro lavapies…….tres troncos…..
    3ºimagen…..subete a mi tren azul…rosendo en plena forma…….
    4ºimagen…..corre, corre, corre que te van a echar el guante!!…..sonrisa
    PD…..y en cataluña los»culturetas» maquina…1970…..i belive…
    https://www.youtube.com/watch?v=LjpAsrsXZTc………

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    • Alejandro Hermosilla

      1) Portada digna de un disco argentino. Pienso en Sui Generis. 2) El colegue. Fotografía que deja claro el motivo por el que Leño era el grupo de la gente. Sigue siéndolo. Lo será. 3) Accept. Grupo heavy alemán. 4) El rock en la plaza del pueblo. PD: No sé si me habías pasado ya este video en un correo pero, realmente, me ha encantado. Ese punteo de guitarra triste que evoca plazas vacías de España y remite a Santana. En fin. Música para derramar una lágrima hecha en Cataluña pero que recuerda a Granada.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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