Soprotivleniye i gravitatsiya
Dejo a continuación la primera reseña del libro Los 100 mejores discos del Siglo XX. Obviamente, en caso de publicarse algún día, la mejoraría (y...
No puedo evitar sonreírme cuando leo ciertos textos conspiranoicos de la era actual que se ocupan de la pedofilia de las clases dominantes. Esas orgías parecidas a las que aparecen en el deslumbrante film de Stanley Kubrick, Eyes Wide Shut, donde un sinfín de jóvenes se encuentran obligados a desnudarse y ofrecer sus cuerpos a políticos, grandes empresarios y burgueses adinerados. No tanto porque lo que afirman esos artículos sea cierto o no -ahí no voy a entrar- sino por el hecho de que esto, de alguna forma, ya lo había apuntado, descrito y narrado frontalmente Sade en sus textos. Siendo marqués y, en gran medida, un erotómano conocía muy bien los rituales de las clases dominantes a las que dedicó descripciones que no por exageradas o sombrías, carecen de realismo. Y probablemente, sean bastante ajustadas de lo que ocurría ( y continúa sucediendo) tras los castillos y palacios. En medio de bosques lejanos a las ciudades donde los nobles hacían construir sus mansiones de solaz.
Siendo sinceros, el Marqués de Sade no me parece un gran escritor. Ni mima el estilo ni posee un sentido del ritmo que permita respirar a sus lectores. Pero esto no es obstáculo para considerarlo un absoluto genio y en parte, no creo que le reste mérito a sus libros. Pues pienso que sus textos escritos a borbotones pueden ser entendidos de dos maneras: o bien como orgasmos, líbido a presión incontenible, o como latigazos. Ya que acostumbra a comportarse con sus lectores de manera parecida a como los nobles tratan a sus esclavos, sirvientes y mancebos en sus novelas.
En cualquier caso, y más allá del argumento de Las jornadas, hay dos hechos relacionados con este texto que excitan mi imaginación y me maravillan.
En verdad, puedo perfectamente imaginar a Sade días antes de morir lamentando el extravío y pérdida de su manuscrito. No concibo acto de mayor crueldad contra un escritor que había pasado un infierno por intentar abolir la hipocresía y expresarse sin tapujo alguno y, desde luego, que siento su angustia y dolor y casi que los hago míos. Pero también, asombro. Porque el hecho de que Las 120 jornadas sea hoy en día un clásico indiscutible nos proporciona una idea muy concisa de las trampas y reveses del destino. De cómo la historia proscrita de la humanidad se escribe y escribirá siempre con renglones torcidos. Y de cómo cada libro -sobre todo, los prohibidos y ocultos y negros- tiene su propio recorrido totalmente ajeno al mercado o las modas literarias y consigue, sí, en esencia, construir de nuevo el Universo. Obligar al mundo a destrozarse y recomponerse varias veces. Shalam
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