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Las desapariciones (1)

Feb 26, 2025 | 2 Comentarios

Dejo a continuación un avería sobre un libro que me ha parecido fascinante: Las desapariciones. Una sutil maravilla de Hilario J. Rodríguez que no creo poder despachar con brevedad. Así que he dividido mi texto en dos partes. Hoy publico la primera y, si Dios quiere, mañana la segunda.

No obstante, a decir verdad, tal vez esa segunda parte nunca aparezca. Se pierda para siempre. La deje en borradores hasta que el tiempo la acabe fulminando. De hecho, creo que es lo mejor que puedo hacer. Mantenerla en suspenso para que todo aquello de lo que hablo allí reluzca como pocos reflexiones mías lo han hecho hasta ahora.

Las desapariciones (1)

No hace mucho, como de pasada, Enrique Vila-Matas aludía en uno de sus artículos a un libro breve, coqueto, plagado de referencias, historias que vienen y van y se interrelacionan constantemente que le había agradado mucho: Las desapariciones.

A mí también me ha gustado mucho. Digámoslo claramente. Las desapariciones se ha convertido en mi sonata de M. Vinteuil. Un texto que me ha acompañado durante este invierno, como una de esas sinuosas, íntimas melodías en las sentimos que se encuentra un secreto. Un misterio que condensa la existencia que nunca llegamos a asir.

Las desapariciones es una deliciosa narración de Hilario J. Rodríguez que, en cierto modo, es una adaptación a la literatura de aquellos documentales imaginarios que Orson Welles hizo célebres con F d Fake y antes, Chris Marker había convertido en género y método. También, por supuesto, Alain Resnais, cuya sombra se deja sentir sutilmente, siempre de un modo sugerente, a lo largo de un texto que, en el fondo, es un bello homenaje a una vertiente, un brazo de la literatura y el cine francés del pasado siglo que parecía haberse extinguido debido a la sobresaturación de imágenes e información posmodernas. Pero aquí, secreta, casi silenciosamente, vuelve a emerger.

Las desapariciones (su título no engaña ¿o sí?) remite, obviamente, a un sinfín de ausencias: niños perdidos, secuestrados, libros nunca publicados, obras de arte extraviadas, criminales jamás hallados o incluso acontecimientos climáticos olvidados de la historia europea (las heladas producidas entre los siglos XIV y XIX).

Sin embargo, Las desapariciones hace presente, a su vez, otro sinfín de actos, acontecimientos y personajes. No sólo todos aquellos que cita (Henry Darger, Martial Bourdin, Mirtha Dermisache o Abelardo Morell) sino también aquellos que no cita: Alain Robbe-Grillet, Malraux (El museo imaginario), Roland Barthes, etc…

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Las desapariciones es un texto muy jugoso. Misterioso. Calla más que dice.

¿No es eso lo que hace en el fondo la literatura? ¿Callar más que decir? ¿No es lo que no se dice tan importante (y probablemente más literario y tan relevante) que lo que sí se dice en cualquier libro, en cualquier vida?

Esa es una de las virtudes de Las desapariciones. Hacer honor al título. Lograr que el lector sienta que no se le está dando toda la información a pesar de que el narrador (un trasunto literario del propio Hilario) le está explicando  todo con calma.

¿Qué es lo que está explicando? ¿Está explicando algo?)

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El libro de Hilario J. Rodríguez está muy bien planteado. Es una máquina de relojería. Me recuerda en eso a El viaje, aquel libro sobre sus excursiones por Rusia de Sergio Pitol. Un cronómetro con sus piezas bien ajustadas.

Comienza hablando de Martial Bourdin. Un célebre excéntrico (en él se inspiró Joseph Conrad en El agente secreto) que intentó dinamitar el Real Observatorio de Greenwich (Londres) en 1894.

En principio, a Bourdin se lo vinculó con círculos anarquistas. Algo en parte cierto y en parte erróneo. Al fin y al cabo, aquel hombre era un misterio. Puesto que lo que quería, anhelaba era acabar con el tiempo. Destrozar la concepción del tiempo occidental.

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Hilario J. Rodríguez encadena a continuación una reflexión que relaciona el alocado intento de Martial Bourdin con la publicación un año después de La máquina del tiempo, la novela de H.G. Wells.

De repente, Europa se queda sin tiempo. Intenta destruir el presente. Los europeos comienzan a mirar hacia el pasado y el futuro. Pero nadie sabe por qué.

Nadie tampoco logró entender los mensajes cifrados por Martial Bourdin en su habitación. Las reflexiones que escribía en paredes y cuadernos en un idioma extraño. Mensajes, visiones que, en gran medida, preludiaban una conversación de aquel terrorista aislado, reconcentrado en sí mismo, con Werner Karl Heisenberg y sus teorías. Por ejemplo, el principio de incertidumbre a partir del que los físicos europeos reconocieron su dificultad (más bien, su imposibilidad) de definir la realidad.

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El propio Vila-Matas lo aseguraba en su artículo. La literatura se encuentra hecha de ausencias. La literatura nace, brota del vacío. Es una ritualización de la gran desaparición personal y colectiva producida en nuestra era: la destrucción del tiempo, del tiempo natural. El tiempo arcaico.

También la literatura ritualiza otra terrible desaparición acaecida en nuestra época: Dios.

Las desapariciones investiga qué es lo que provoca la pérdida de Dios en la concepción del arte. La incertidumbre causada en el principio de realidad y verdad.

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Erik Satie. Se ha repetido tanto el nombre de Erik Satie, se ha utilizado tanto su música para evocar el misterio, que finalmente hemos convertido a Satie en kitsch. Satie nos satura. Satie ya no evoca. Satie es un atracón de dulces. Una indigestión de trascendencia.

Sin embargo, no se me ocurre músico mejor para acompañar la lectura de Las desapariciones. El Satie minimalista, el Satie desconocido, el Satie oscuro es el acompañante ideal para la lectura de las reflexiones de Hilario.

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De tanto en tanto, Hilario J. Rodríguez se permite ser juguetón. Cita, por ejemplo, el discurso pronunciado por Albertine al Dr. Fridoline en Relato Soñado. La breve novela de Arthur Schnitzler que se hizo célebre gracias a la adaptación realizada por Kubrick en Eyes Wide Shut.

Me explicaré mejor. No es que Hilario J. Rodríguez cite (que también) aquel discurso en el que Albertine le confiesa a su marido la tremenda atracción experimentada hacia un marinero. No. Es que Hilario lo utiliza para hablar (tal vez también para justificar) de su propio divorcio. Algo de lo que, a estas alturas, según el principio de incertidumbre antes aludido, ya dudamos.

Lo falso, lo real. Lo crudo, lo cocido. ¿Qué es el arte? ¿Un sueño? ¿Un divorcio entre la realidad y la fantasía? ¿Nacen los libros por una necesidad de ser infiel a la realidad? ¿Escenificaron Kidman y Cruise delante de la cámara su futuro divorcio en Eyes Wide Shut?

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Todos sabemos que lo que deseaba Albertine en el relato de Schintzler era ser prostituta. Ese es el acicate del matrimonio: desear a todos los hombres pero no poder entregarse a ninguno. Desear a todas las mujeres pero no poder besar a ninguna. Ese es su motor sexual. Su llave.

La prohibición como catalizador de la líbido.

El deseo de Fridolin es tal vez  un poco más recóndito. Por eso va a la orgía. Para ver cómo su mujer ama desaforada, salvajemente a cientos de hombres. Tal vez a conocidos suyos. Su deseo es hacerla feliz observando cómo se acuesta con otros. ¿O esa es en verdad su propia fantasía y no la de Albertine?

¿No es en el fondo también ese el tema de En busca del tiempo perdido?

¿No es el matrimonio la sonata de Vinteuil? ¿No es el matrimonio la infancia y la vida real la orgía, la selva, la locura, el deseo desatado constreñido tan sólo por la ley? ¿No es la inocencia la sonata de Vinteuil, la literatura la confesión de no poder regresar a esa inocencia y la realidad el desgarro, la orgía, la locura, la sexualidad, el holocausto?

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Monsieur Teste (el alter ego y heterónimo de Paul Valéry) es también un personaje que relaciono con Las desapariciones. Hilario no lo menciona pero, en el fondo, se encuentra detrás de todo el libro. Leyéndolo con un gabán. Subrayándolo.

La literatura es un museo imaginario y Europa un cementerio de ideas.

Las desapariciones remite al fin de Europa, su ocaso.

                                   Monsieur Teste también.

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Hilario J. Rodríguez es gallego. La emigración de los españoles a la Argentina durante casi un siglo (mediados del XIX hasta mitad del XX) fue continua. Así que no parece sorprendente que él también tenga familiares perdidos (algunos desaparecidos de la memoria) en aquel país. ¿Qué gallego no los tiene?

Esta circunstancia le sirve por cierto para hablarnos de una retrospectiva de la obra de Mirtha Demisache que contempla en el Malba de Buenos Aires. Exigido por los cientos de volúmenes de libros rasgados, tachados allí presentes. Sobresaturado por la presencia fantasmagórica de la temible biblioteca muda compuesta por Mirtha, decide inventarle un origen a la pulsión creativa de esta mujer. Un pasatiempo muy argentino. Metafísico.

Imagina un muchacho torturado por sus captores que se arrastra antes de morir para capturar en sus manos un libro. Uno de Rodolfo Walsh. Todos los libros que aquel muchacho no escribió se convierten en los infinitos libros que Mirtha trazó. Todos los libros que los intelectuales desaparecidos durante la dictadura de Videla no pudieron escribir se vinculan a todos los libros de todas las víctimas asesinadas antes de tiempo a lo largo de la historia en la obra de Mirtha.

Hilario J. Rodríguez se inventa esta explicación que homenajea uno de los relatos («La biblioteca de Babel») del gran desaparecido durante la breve narración que realiza de su breve excursión por Argentina: Borges. Alguien cuyo nombre no menciona emulando tal vez el silencio del escritor argentino con su pueblo herido durante aquellos violentos años de fuego concluidos estrepitosamente con la Guerra de Malvinas.

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¿No es la literatura la aparición momentánea, fantasmagórica de aquello que desaparece, de todo lo que está desapareciendo y, a la vez, la confirmación de que todo va a desaparecer? ¿No es la vida un abismo entre dos desapariciones y no es el fondo la literatura, la vida un abismo y por eso hay tan pocos escritores, escritores de verdad, aventureros, alocados arriesgados, submarinistas, poetas dispuestos a asomarse a él? Shalam

لا ذنب ينسى ما دام الضمير يذكره

Ninguna culpa se olvida mientras la conciencia lo recuerde

2 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen…donde esta la pelota, donde hacemos el duelo?….
    2imagen….voy a por la pistola en un periquete…..
    3imagen….el pintor aleman georg baselitz pinta y expone sus obras al reves……
    4imagen…el sol ha desaparecido viva la niebla…..
    5imagen….qué tapa a qué?…..de momento tapa tus ojos…..
    6imagen….la gran reforma del ministerio de transporte…..
    7imagen….una decision …una idea inusual…la destruccion de las sillas…..
    8imagen….don santiago ramon y cajal….el codigo kandinsky….
    9imagen….mascaras material donald trump al tutti frutti….la ronda de noche rembrandt que me escondo)…..
    10imagen….toma un trago anda…es heineken….bueno aqui debajo tengo un poco de absenta premium …..bohemica……
    11imagen…..burdel frecuentado por don santiago ramon y cajal….
    (piso de señoritas)……
    12imagen….cementerio musulman (desapariciones organicas)…
    13imagen….estos tripticos me huelen a religion….(surrealismo- el bosco)…….
    PD…https://www.youtube.com/watch?v=61YsgEcf84U…shadow man..1971…bowie…

    Responder
    • Alejandro Hermosilla

      1) Es una fotografía que es ante todo, música y pintura. Delvaux y Satie. 2) Ahora es Resnais. El último verano en Marienbad. 3) La Havana convertida en una ciudad hostil. La arquitectura moderna es una trampa sin alma. 4) Lo que ha desaparecido es la humanidad. Eso diría un personaje de Berlanga. 5) Chris Marker. La Jetée. Y en ese momento descendió el ángel y puso fin a la vida del demonio. 6) La Fórmula 1 de la aristocracia. Un Ferrari de la física. 7) El misterio de las alturas. ¿Por qué Dios nos hizo diferentes los unos de los otros? ¿Qué castigo hubo? 8) Babosas y gusanos. Homenaje minimalista a Dune. 9) La isla de Epstein en Europa. Mala imitación de Kubrick. Parque temático carnavalesco 10) El amor entre Octavio Paz y Elena Garro. 11) jjjaja.. Ramón y Cajal. Tal vez son demasiado románticas para Ortega y Gasset. 12) La belleza oriental se impone a la modernidad. Es una forma de decirnos a Occidente: No.No es por ahí. 13) Pertenecen a Xul Solar. REcuerdo haber visitado su casa en Buenos Aires. O su museo. Lunático. PD: banda sonora de The Witch. Eggers. Conexión con La semilla del diablo Polanski.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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