Los reyes antiguos
Dejo a continuación el primero de los pasajes de Un reino oscuro que colocaré en avería durante los próximos días. Concretamente, el monólogo de un...
Larva, sí, era literatura abstracta y en movimiento. Un libro imposible. Una danza. Una novela extrema que pervertía el rimo de su época para intentar realizar un baile eterno. Hacer hablar al inconsciente del planeta. Indagar tanto en el lado oculto del lenguaje como en la magia que hubo cuando las palabras nacieron y se unieron para formar frases.
Larva era una gamberrada y, al mismo tiempo, un grito muy serio de desesperación. Era una airada reacción al consabido tópico de que escribir en España es morir. La insólita plasmación del deseo de que la cultura española recuperara de un golpe los abismos de distancia que la habían separado de la alemana, norteamericana, francesa e inglesa durante las décadas de franquismo. Era una novela con vocación de lienzo llena de frases y expresiones que eran tanto pinceladas y colores como rasguños y arañazos. Orugas, lombrices y gusanos.
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