Otros mundos
La mítica batalla entre Los Vengadores y los Defensores de Steve Englehart, Brown y Buscema -publicada en España por la deliciosa Vértice unos...
La balada de las landas Perdidas tenía una fuerza inusual. Yo desde que lo abrí no pude dejarlo. Quedé fascinado por la fuerza del dibujo y de unos personajes que vivían en conflicto perpetuo. En un ambiente siniestro de cuento donde se producían suplantaciones mágicas y traiciones entre rememoraciones de épicas leyendas y batallas.
Si bien el primer ciclo de Las Landas era casi como un brebaje. Un severo relato de los Grimm envuelto en el ropaje de una ópera wagneriana. Una mirada telúrica a los malvados clásicos de los cuentos románticos llena de simbólico caos y siniestra efervescencia e inocencia. Mágica heroicidad. El segundo ciclo (una precuela) era mucho más directo. De hecho, tanto que es difícil no percibir su influencia sobre Juego de Tronos o un diálogo al menos entre los aspectos visuales de la serie de la HBO y en este caso, el mucho más contundente y efectista dibujo de Philippe Delaby. Pues había personajes y planos que parecían inspirados en la creación de George R. Martin o viceversa. Lo que amplificaba más el realismo y los toques de acción de una historia que en su primer ciclo era un espejo descompuesto para mirar al pasado y en la segunda era una ópera realista medieval con elementos de fantasía. En cualquier caso, en este segundo ciclo se hacía más hincapié en la brujería. En el origen y poder remoto de demonios y brujas que ejercían de chamanes ancestrales en los orígenes del mundo. El primer ciclo narraba su apogeo pero también su decadencia. El veneno que ardía en la garganta de las hechizeras frente al amor. Y el segundo era casi un homenaje a las fuerzas rituales. Heavy metal ancestral. Una espada de acero cortando el aire en el principio de los tiempos.
En cuanto al tercer ciclo (la precuela de la precuela) todavía es muy pronto para opinar. Aunque desde luego sí me parece muy destacable el dibujo simbolista de Béatrice Tillier que intenta apartarse del realismo de Delaby para volver a un territorio de sueño y onírico más cercano al tono original del relato. Una historia que en el fondo, como casi todas las de espada y brujería medieval, es un cuento de hadas cruel. La prueba de que las ficciones son ficciones porque tienden a apartarse de la realidad: el constante triunfo de las reinas malévolas, las madastras y los lobos feroces. Shalam
0 comentarios