Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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Lo curioso, por otro lado, que sucede con el texto de George R. Stewart, es que en su relato no va a apostar por la refundación de la vieja humanidad, sino que intenta vislumbrar los fundamentos de una nueva sociedad sobre la que apenas puede emitir ciertas hipótesis y muy pocas certezas. Algo sumamente moderno. Tanto como las nulas explicaciones que nos da sobre la catástrofe o la visión que nos ofrece de los supervivientes y de una fantasmagórica y derruida Nueva York. En realidad, La tierra permanece es un recorrido por la conciencia humana estructurado a partir de referentes como el Crusoe de Defoe, La Biblia o las ideas de Rousseau sobre El buen salvaje. Es un fiel reflejo de esa conciencia del ocaso que la época nuclear trajo consigo y, a la vez, un adelanto de muchas futuras reflexiones como, por ejemplo, la que llevaría a cabo unos años después, William Goldling en El señor de las moscas. Aunque en el caso del narrador inglés, sus propuestas e ideas sobre la sociedad y un (posible) mundo futuro e idealizado serían conducidas al extremo de la barbarie. Acaso por la ausencia de adultos en el texto de Goldling que en el de Stewart son los que alguna forma, orientan y encauzan las dudas, rebeldía o inquietudes de los niños nacidos tras la destrucción de un pasado que se corroe, como las tuberías de agua o el hierro de los edificios y automóviles, frente a sus ojos.
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