Autor: Alejandro Hermosilla
Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.
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Mad men es, obviamente, por lo antes expuesto, una serie sobre el engaño. La serie es extremadamente detallista tanto en la reconstrucción de la época como en sus guiños cinéfilos. Pero, sobre todo, en los engaños psicológicos de cada uno de los personajes. Porque en Mad men, los hombres de negocios no se dedican únicamente a engañar a sus compañeros y contrincantes, esposas e hijos sino, ante todo, a sí mismos. Lo que convierte la serie en un enorme fresco que describe con sutileza y clarividencia la huida hacia delante de toda la sociedad norteamericana en su conjunto, representada aquí por un grupo de publicistas y, sobre todo, un cínico y memorable triunfador. Un genio de la falsedad: Don Draper. El prototipo personificado del gran estafador. Una prueba de que el sueño americano se construye a base de mentiras puesto que es un señor que, como probablemente todo el país, ha edificado toda su vida a partir de la mentira, vive de vender falacias, come mintiendo, sueña mintiendo y ama mintiendo. Siendo, por tanto, por derecho propio en el protagonista de este gran, enorme fresco sobre la hipocresía. Una mirada refinada, calculada, meditada y darwinista a la vida social y, en concreto, al capitalismo donde además de sólo sobrevivir los más fuertes, triunfan los que más y mejor saben mentir. Los que son capaces de convivir con las medias mentiras y hacer del infierno un espacio habitable a través del artificio y el engaño.
En Mad men, toda búsqueda y autocrítica personal termina en fracaso porque el capitalismo exige vencedores. No tolera durante demasiado tiempo las dudas. El magnífico final de la serie lo pone de manifiesto. El sueño hippie y el amor budista acaban transformados en un anuncio que convierte a un hombre desnortado, absolutamente roto, en un triunfador de nuevo.
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