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La danza de la muerte

Jun 16, 2023 | 3 Comentarios

Dejo a continuación un nuevo avería dedicado a uno de los más trágicos y mágicos sucesos en la vida de uno de esos escasos artistas que realmente componían para sí mismos y por eso eran capaces de conectar con el alma de sus oyentes: Leonard Cohen. El cual recomiendo leer escuchando un tema de Thanks for the dance, de homónimo título al de aquel sobrio álbum publicado postumamente que ejercía de testamento de toda su obra.

 

La danza de la muerte

A veces en la vida se producen milagros. En realidad, ocurren diariamente pero, por las razones que sean, suelen ser mucho más patentes en la vida de determinados artistas, como es el caso de Leonard Cohen. Sé que se ha comentado en multitud de ocasiones, pero no puedo evitar asombrarme con el maravilloso final que tenían escrito los hados para el cantautor judío. Digno de su estela y leyenda.

Como es de dominio público, tras la extenuante gira de The Future, Cohen decidió dejar de lado su afición al vino y a las mujeres, enclaustrándose voluntariamente en el monasterio zen de Mount Baldy, dirigido por su maestro Kyozan Joshu Sasaki. Como resultado de su esfuerzo, logró ser ordenado como monje zen en 1996, pasando a convertirse en asistente de su gurú. Aquellos años fueron agotadores, de una exigencia sin igual, casi un suplicio y, finalmente, Cohen hizo su particular acto de contricción, reconoció su fracaso en la senda espiritual y volvió momentáneamente a la vida mundana. Esto es; a grabar un disco (Ten New Songs) que había en parte compuesto durante su estancia en el mentado centro, (disponía de un sintetizador en la cabaña donde se alojaba) aunque gran parte del mismo es mérito del talento y esfuerzo de Sharon Robinson. Quien, además de producirlo y coescribirlo, tocó la mayoría de instrumentos que se escuchan en el mismo.

Ten New songs es, bajo mi punto de vista, un disco que marca el principio del fin del Cohen bohemio y confundido, de aquel triste y lacónico hombre maduro que no encontraba satisfacción ni en el lujo ni en los brazos de las mujeres más bellas y ejercía por ello de profeta nihilista. En Ten New songs hay aún decadencia (más por la profunda voz de Cohen que por los arreglos y el tono de las composiciones) pero, sobre todo, hay paz, tranquilidad y canciones que podrían pasar perfectamente por procesos de búsqueda interior. Una calma que Cohen había continuado buscando junto al gurú Ramesh S. Balsekar; el responsable de que decidiera vivir en Bombay entre los años 1999 y 2000. Ciudad a la que regresaría durante los siguientes años hasta que un hecho fortuito quebró un estilo de vida que, a pesar de sus momentáneas renuncias y crisis, se encontraba muy enfocado y prácticamente destinado a profundizar en los rigores de la vida espiritual.

A estas alturas, supongo que no habrá ningún fanático de Cohen que no conozca estos hechos. En el 2004, el cantautor comprobó atónito que su manáger, Kelley Lynch, le había robado más de cinco millones de dolares. Una tragedia personal que terminó convirtiéndose en una bendición para los seguidores de un artista que se vio obligado a volver a grabar discos y, sobre todo, a salir de gira para recuperarse económicamente. Cualquier otro músico hubiera tirado de su fama y prestigio para llenar estadios y ofrecer decorosos recitales (sin alma) en los que el foco se encontrara puesto en los dolares a ingresar. Pero, a esas alturas de su vida, Cohen no sólo era un viejo poeta, un hombre maduro lleno de experiencias de esas que agrietan las almas y un cantante único, con una personalidad inimitable, sino que era también, en gran medida, un monje zen. Así que quien se presentó en los escenarios de medio mundo era un jinete a mitad de camino del otro mundo y este. Un anciano con una íntima e inmensa sabiduría que convertía cada canción que interpretaba en dichoso vino para sus comensales, alimento espiritual que llenaba y reconfortaba de tal modo que aquellos conciertos fueron mucho más que acontecimientos. Fueron misas intimistas, danzas en torno a un alma que más que moverse por los escenarios, parecía levitar. Había transformado los pabellones, teatros y recintos multitudinarios en iglesias, solitarios castillos en medio de los que únicamente se escuchaba su voz similar a una paloma mensajera que pareciera estar transmitiendo un enigmático mensaje de amor. Conjurando sus pecados en medio de conmovedoras composiciones en las que la música abría caminos directos a cielos apenas antes entrevistos en medio de los que se mecían risueños ángeles y secretas aves paradisíacas.

A un robo debemos, sí, que Cohen se despidiera de nosotros donde estaba destinado a hacerlo (en los escenarios) y no entre los muros de un templo zen. Prueba de que, como ejemplifican múltiples cuentos hindúes, la adversidad es en el fondo la gasolina que riega el alma, la miel que convierte a los seres humanos en valientes buscadores de la verdad, héroes capaces de sobreponerse a sus propias apetencias para cumplir el destino que les fue dado. Por eso los últimos discos de Cohen no podían ser juzgados como discos. Eran mucho más que eso. Eran lágrimas divinas, epopeyas sagradas, salmos bíblicos. Y por eso sus conciertos fueron elegías poéticas rebosantes de misticismo que transmitían una paz oceánica, infinita. Parecida a la que experimentamos cuando contemplamos un paisaje desde una inmensa montaña. Cohen había llegado a un nivel tal que aunque hablara del cuerpo de una mujer o de una noche de sexo parecía recitar un pasaje de la Biblia directamente ante Dios o confesarse en un púlpito frente a un sacerdote. Shalam

الشعر هو مجرد دليل على أن هناك حياة

La poesía es sólo la prueba de que hay vida

3 Comentarios

  1. andresrosiquemoreno

    1imagen….ran(1985)-kurosawa…..como musico leonard cohen no es para mi…..sera un gran poeta (pero al ser u.s.a. no lo entiendo) (es muermico y pasteloso a mas no poder)…..luego, si lo hacemos desaparecer, jajajjj, queda el palo gordo de madera y el murete a un lado….eso si me parece magnifico para los pesebres….(lo hare)……
    2imagen….yo le como el coco al de alante y el de alante me lo come a mi….jajajjj….
    3imagen…..eso de «nuevas canciones», es una ironia…..
    4imagen…..este si que es dean martin…..
    PD…..https://www.youtube.com/watch?v=LJwZcfREQiU…dean martin…las big band tope guapisimo….tope guapi….

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  2. Alejandro Hermosilla

    1) A mí Leonard Cohen, sin embargo, me gustaba mucho. Me transmitía paz y tranquilidad aunque a veces forzaba un poco su pose de bohemio. 2) Imagen que podría perfectamente aparecer en un vídeo de Joy Division. 3) Son sólo diez y al menos tienen letra diferente. 4) Con la mente puesta en un gitano y en García Lorca. PD: Bueno. Dean Martien es muy divertido. A veces cuesta diferenciar su voz (por un segundo nada más) de Sinatra. Tal vez por los arreglos. El rat pack.

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  3. Fernando

    Para mi solo existen dos composiciones musicales capaces de alterar mi psique y hacerme entrar en un mundo diferente sin salir fisicamente de este. Uno de ellos es Cohen. Me gustaba cuando era pequeño y mas me gusta ahora. En especial su ultima obra, You Want It Darker, es una pase directo a un universo paralelo en el que mi mente trasciende. Un tipo que, ademas de su faceta de artista, solo hablando era capaz de transmitir tranquilidad. Gran artista que, en mi opinion, fue menos valorado de lo que deberia, pero es lo de siempre, el arte puro solo se entiende cuando se vibra a la misma frecuencia.

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Autor: Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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