En una ocasión intenté encontrar trabajo en los Estados Unidos y descubrí lo usual que era utilizar el adjetivo energetic (energético) para describir las cualidades de un candidato.
Esta cualidad, la energía, es algo que destaca en múltiples ámbitos de la sociedad norteamericana. Basta darse un paseo por Nueva York, asistir a un concierto de rock o ver un capítulo de The Office (y de múltiples series) para constatar este hecho: el entusiasmo no se discute. La fuerza y potencia son requisitos obligatorios a la hora de trabajar. En Norteamerica no se saluda. Se transmite fuerza, vigor y dinamismo al interlocutor al apretarle la mano. Electricidad vital que conecta a todos los miembros de la sociedad en pos de un objetivo común que los trasciende y los vincula internamente porque les asegura poder y, sobre todo, dinero.

En El resplandor, por ejemplo, el director del hotel Overlook saluda con un entusiasmo y énfasis considerables a Jack Torrance. Allí es normal esa afectuosidad (que no es más que una estrategia de contagio). En España no se entendería saludar con tanta fortaleza de no ser que tuviéramos un vínculo previo con nuestro jefe. Tal vez en nuestro país disimulemos más esa ausencia de fuerza y empatía debido a que somos latinos. Pero no puedo imaginar una conversación entre un jefe y empleado franceses en esos términos (y en general, en toda Europa). Al fin y al cabo, el viejo continente ha sido pasto de guerras sin fin desde sus orígenes hasta tal punto que resulta normal que tras la Segunda Mundial, surgieran corrientes como el existencialismo que, en cierto sentido, eran una petición de auxilio. Una declaración artística de no poder más. La constatación de que el alma había dicho basta y estábamos extenuados tras tantas vorágines a nuestro alrededor. Por eso en nuestro país (y otros tantos) nunca utilizaríamos el adjetivo energético sino que, como mucho, (y según el puesto), recurriríamos a los calificativos de extrovertido y sociable.
Probablemente me equivoque. Lo que estoy eculubrando al fin y al cabo no es más que una hipótesis. Pero tengo la impresión de que ese énfasis en la energía tiene mucho que ver con la juventud del país norteamericano. La necesidad que sentían sus habitantes (los primeros colonos y emigrantes) de trabajar duro y con fuerza para poblar aquel inmenso territorio plagado de kilómetros sin un solo alma (más allá, claro, de los consabidos aborígenes).

Los norteamericanos no podían esperar. Lo tenían todo por hacer. Tenían que levantar una civilización (ese proceso que había tardado siglos y siglos en Europa, África o Asia) en décadas. Así que en esas circunstancias estaba completamente prohibido desfallecer. Era necesario trabajar sin descanso, formar familias, aunar voluntades, realizar pactos, crear gigantescas empresas, asfaltar llanuras interminables. Y para eso se necesitaba energía, mucha energía. Casi más energía que inteligencia y astucia (características estas más propias de las élites que de los trabajadores comunes). Motivo por el que, muy probablemente, energético se convirtió muy pronto en una cualidad a destacar en cualquier aspirante a un trabajo y en marca de carácter de la nación como dejan muy claro obras literarias como Manhattan Transfer o cinematográficas del cariz de Ciudadano Kane. Lo que, por otra parte, también explicaría la absoluta excepcionalidad de una obra como Baterbly, el escribiente. Una puñalada anticapitalista en el corazón del sistema que anunciaba prematuramente la dejación de funciones de unos cuantos de sus miembros.

En cualquier caso, basta ver a Donald Trump moverse, hablar, saludar o alzar la mano para constatar lo que estoy sugiriendo. Si por algo destaca el magnate norteamericano no es por sus reflexiones sino por la energía y potencia con la que las expresa.
Si Trump no fuera un presidente energético, estaría muerto. No llamaría la atención. En Trump, todo es performance. Pero, ojo, no digo que Trump sea un performer. No. Trump es natural. Trump será un estúpido pero es un estúpido natural. Lo que hay de perfomance en Trump no es suyo sino del capitalismo. Es el alma de los empresarios de la nación el que vibra en cada uno de sus desplantes, muecas y saludos. Trump se come la pantalla porque deja claro en todo momento que es un hombre enérgico. A sus seguidores les da igual si se ha follado a seis o siete amantes fuera de su matrimonio, hay videos ocultos de él junto a menores en la célebre isla de Jeffrey Epstein, ha defraudado dinero o cualquiera de sus asuntos turbios. Lo que sus seguidores aman es que en él ven representado la energía floreciente de la nación. Ven a la industria. Ven a McDonald´s. Ven la hamburguesa y el dinero pero sobre todo la transacción económica entre cliente y empresario y la plusvalía.
Creo que ese es el gran truco oculto de Trump. Que en una época de capitalismo tardío (o post capitalismo) en el que la depresión y el cansancio (el virus Baterbly) se han convertido en norma en Europa y poco a poco comienzan también a extenderse por Norteamérica, ha logrado hacer creer a sus votantes que el capitalismo clásico, que la fuerza y potencia de los primeros colonos y los grandes industriales del siglo XX continúa viva, o al menos es posible resucitarla y mantenerla en pie.
A Trump, de hecho, se le quiere porque resiste y es tan activo como el dolar. Porque no se sabe cómo pero sigue en pie y da la impresión de que es capaz de crear diez negocios en una tarde. Que funcionen o no es lo de menos. Lo importante radica en que Trump tiene la energía (y los contactos) para que, aunque no funcionen esos, volver a crear otros tantos y, entre medias, participar en un mitin, apostar en bolsa, jugar un poco al golf y dar unas cuantas declaraciones incendiarias en un telediario.
Es por eso que a los votantes de Trump no les importan ni sus caídas ni escándalos ni sus ruinas y desplantes. Lo que les importa es su capacidad de actuar. De haberse reinventado. De haber resistido. Lo que ven en él es alguien que ha caído y se ha levantado cien veces. Ven a un hombre enérgico (y con dinero) y entienden instintivamente al momento que es la persona que necesitan para atender los inmensos desafios económicos tanto externos como internos de la nación.
Basta ver cómo saluda para darse cuenta de que Trump es un icono popular. La gente no desea parecerse a él sino que necesita parecerse a él. Necesita su desparpajo, su solidez, su valentía, su fuerza y su dinero. Y con eso juega el candidato a presidente.
Otro tema es que Trump sea quien sus votantes (y muchos de sus detractores) creen que es. Algo que daría para otro avería porque nos aportaría una visión más realista del personaje. Alguien puramente posmoderno (engañoso y ficiticio) que sin embargo juega la carta de la autenticidad y la tradición como, por otra parte, han hecho desde siempre gran parte de los empresarios norteamericanos. A quienes no se les discute no tanto por sus valores morales o su ejemplaridad sino porque han creado trabajo y tienen varias cuentas repletas de ceros. Algo que, en cierto sentido, los convierte en dioses en el reino del capitalismo y el protestantismo. Hombres que han transformado el castigo de Sísifo en recompensa porque dan la impresión de ser capaces de subir y bajar la roca que están obligados a transportar por una pendiente montañosa con orgullo y satisfacción. Shalam
والشيطان ملاك أيضاً
El diablo es un ángel también





1imagen…el detective de chinatown-1974(la nariz rasgada por meterlas en lugares inadecuados, sonrisa)…..
2imagen….ya me he bebido la jarra de vino caliente(y ahora la uso de organiza lapices)……
3imagen….nos rendimos(el del centro mas parece un gracioso bicornio por sus orejas y cuello)……….
4imagen….tiempos modernos-1936…..
5imagen….una zanahoria delincuenta……
PD…https://www.youtube.com/watch?v=bMWqdWViUNw… mambo cuba pete-the mascara…se fue por el callejon, que no escape, siganme todos……
1) Soy el candidato perfecto para convertirme en hombre lobo. 2) Entrevista universitaria. Así que usted ha estudiado en Harvard y ha sido alumno del profesor Philips. Una verdadera eminencia. 3) Igual que conquistamos este páramo, conquistaremos el mundo. 4) Cuando Man Ray encuentra a Marinetti. 5) Estoy orgulloso porque cada vez que hablo la lío. Y además, no soy hipócrita. PD: Muy joker y muy calavera. Podría ser el villano Craneo Rojo que lucha contra el Capitán América.