Martirologio
Existen determinados libros y fenómenos naturales sobre los que considero que no es necesario realizar ningún comentario. ¿Para qué? Son tan bellos...
Ciertamente, Jason no es muy distinto de cada uno de nosotros. Tan sólo es un poco más débil. Se ha visto desbordado, ha llegado a un límite y únicamente puede hablar con el machete, la lanza o la sierra. Es incapaz de dotar de un sentido a los cientos de voces que lo cercan. De hecho, Jason tan sólo escucha una voz: «destruye». «Mata». Un eco que, de una manera u otra, escuchamos todos en nuestro cerebro cada vez que un político impone una medida abusiva, un banquero aparece con los brazos en alto sonriente o un policía se nos cruza mirándonos de arriba abajo. La única diferencia es que Jason no se encuentra bajo el control de la ley. No es un autómata ni un eunuco social. No ha tenido una madre o un padre protegiéndolo y escuchándolo cuando el ruido de los automóviles aturdía su mente confundiéndose con el de los lobos, la mirada sarcástica de los profesores y políticos o la de indiferencia de las adolescentes. Y, por tanto, no duda. No se plantea juicios éticos ni morales ni se reprime. Consiguiendo aterrorizar a una gran parte de los miembros de una sociedad aterradora repleta, por ejemplo, de periodistas contra los que la venganza de Jason parece, en verdad, muy poca cosa teniendo en cuenta el daño real a todos los niveles -social, íntimo, psicológico- que producen sus malformes emisiones.
Ciertamente, con el tiempo, Viernes 13 ya no me parece tanto una película de terror sino una celebración. Un éxtasis catártico. Y Jason nuestro protector ante la estupidez. Un alma caritativa y valiente, casi entrañable, que se atreve a matar a quien no cesa de asesinarnos psicológicamente. Un hijo del instinto revolucionario que se ve obligado a actuar solo ante la incomparecencia del resto de sus hermanos. Una muestra de que el monstruo de la pesadilla capitalista también es capaz de engendrar de tanto en tanto seres racionales. Personas sensibles capaces de levantar las armas contra sus incontinencias cuyo nihilismo no es más que una muestra de todo el amor que hubieran podido dar de no haber sido sometidos sus valores a los del inhóspito mundo neoliberal de las Universidades privadas, jueces corruptos y sensibles y bellos muchachos atrapados en el nido de espejos infinitos.
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